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Personas y espacios

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Individuos solitarios inmersos en los grandiosos vacíos deshumanizados de algunos edificios modernos protagonizan las fotos del burgalés Javier Bravo

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OCT 2015

¿Quién no se ha sentido alguna vez insignificante y ridículamente pequeño ante la majestuosidad de algunas obras arquitectónicas? Esa sensación de vacío y soledad al contemplar edificios grandiosos y deshumanizados es lo que se propone plasmar con su cámara el burgalés Javier Bravo, arquitecto de formación y enamorado de la fotografía desde pequeño.

Si en la antigüedad eran las grandes catedrales las que, a través de sus dimensiones inabarcables, buscaban transmitir al pueblo el poder de la Iglesia, hoy en día son las modernas construcciones firmadas por arquitectos de renombre las que otorgan una suerte de estatus a las ciudades que las albergan. Una tendencia que ha generado un sinfín de obras faraónicas que en muchas ocasiones son de dudosa utilidad.

Por el objetivo de este joven fotógrafo han pasado la cubierta del British Museum de Norman Foster, el Museo Oteiza de Francisco Javier Sáenz de Oiza en Navarra, el Centro Niemeyer de Avilés o el Palacio de Congresos de Oviedo del siempre controvertido Santiago Calatrava.

Pero lejos de limitarse a retratar los logros arquitectónicos de las obras, Bravo explora la relación que existe entre estas construcciones modernas y sus visitantes: “Lo que intento cuando fotografío es captar el espacio y las diferentes situaciones que se crean en él. Un espacio puede conformarse de muchas maneras distintas, por lo que las opciones son casi infinitas.”

"Uso una Nikon D90 y soy de los que piensa que el equipo no hace las fotos, aunque es cierto que necesitaría pasarme al formato completo y ayudarme de objetivos descentrables"

Sus fotografías transmiten con maestría esas escalas en ocasiones inabarcables para el ser humano, paradójicamente diseñadas por el propio ser humano. Así, por sus instantáneas pululan personajes solitarios rodeados por el vacío de enormes pasillos, cúpulas imposibles y escaleras que parecen no tener fin.

De una gran calidad técnica, el trabajo de Bravo está realizado con un equipo muy modesto, tal y como él mismo nos cuenta: “Llevo con la misma cámara desde hace cuatro o cinco años, una Nikon D90 con el zoom de serie y un angular. Soy de los que piensa que el equipo no hace las fotos, por lo que hasta ahora no he tenido la necesidad de ampliarlo. Aunque es cierto que desde hace poco siento que en determinadas situaciones, sobre todo por temas de ruido, ampliaciones o corrección de verticales, necesitaría pasarme al formato completo y ayudarme de objetivos descentrables.”

Cuestionado sobre sus influencias, Bravo cita a dos de los fotógrafos de cabecera de la disciplina arquitectónica: Fernando Guerra y Iwan Baan, aunque reconoce que sigue de cerca a muchos otros, tanto profesionales como amateurs. “Gracias a Internet puedes descubrir gente que hace verdaderas maravillas, que te animan a seguir y a aprender cosas nuevas todos lo días.

Asiduo a los concursos de Quesabesde y finalista de los mismos en dos ocasiones, Javier Bravo ha publicado su trabajo en diversos medios y colabora con varios estudios de arquitectura. Recientemente pudo verse parte de su trabajo en la exposición “Arquitecturas de Aire”, en el Centro de Arte de Burgos.

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