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Con texto fotográfico

"La gente continuó en la playa con su maravilloso día de verano" Javier Bauluz

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Foto: Javier Bauluz
27
AGO 2015
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

La crisis humanitaria que está causando la actual avalancha de inmigrantes en Europa tiene un precedente en el año 2000. Javier Bauluz dejó constancia de ello a través de un reportaje que le llevó a montar guardia en las costas gaditanas durante más de un mes. Esta fotografía, inmensamente crítica con la situación de emergencia que se vivió y con la actitud de parte de la sociedad civil, mantiene su vigencia aún hoy. Ganador del Pulitzer y director de Periodismo Humano, no se muerde la lengua al hablar de la política de inmigración del gobierno español.

Javier Bauluz

Esta fotografía está tomada en Tarifa, en la playa de los Alemanes, a primeros de septiembre del año 2000. Me pasé 40 días y 40 noches cubriendo aquella historia porque las únicas imágenes que se estaban dando eran las del barco de salvamento recogiendo algunas pateras en el estrecho y luego cuando los llevaban [a los inmigrantes] al puerto de Tarifa.

Pero esa no era la realidad. La realidad era que llegaban a la costa de noche o al amanecer y en pésimas condiciones. No había ninguna clase de ayuda humanitaria para esos náufragos, solo la Guardia Civil, que los detenía y los tenía unas horas sin atención médica.

Es parecido a lo que está pasando ahora en el Mediterráneo con miles de inmigrantes y refugiados que intentan llegar a las costas de Europa. En ese momento la puerta [de entrada a Europa] era el estrecho de Gibraltar, que son 14 kilómetros. Cruzaban desde Marruecos en pateras y en zódiacs; venían 24 personas o más, hacinadas como sardinas.

En la época en la que tomé esa fotografía la llegada era continua. Recuerdo que hubo un día que llegaron 500 personas. Como [las embarcaciones] eran pequeñas, estas llegaban en gran número. Muchas naufragaban; otras se quedaban a pocos metros de la costa, pero muchos de ellos no sabían nadar y venían en condiciones infrahumanas, entumecidos y con hipotermia. Cuando saltaban al agua ni siquiera podían moverse y se ahogaban aunque solo hubiera dos metros de profundidad.

"Cuando saltaban al agua ni siquiera podían moverse y se ahogaban aunque solo hubiera dos metros de profundidad"

El amor al prójimo era un delito: si ayudabas a un inmigrante, lo recogías en la carretera muerto de sed o herido y lo llevabas a tu casa, te podía caer una multa de 250.000 pesetas de la época [unos 1.500 euros]. Le sucedió a gente de la Asociación de Derechos Humanos de Andalucía.

Había una especie de clandestinidad surrealista para ayudar al prójimo: gente que los recogían, los llevaban a su casa, les daban de comer, una ducha y una cama… pero con el peligro de ser multados.

Llegó un día en que trajeron al puerto dos o tres muertos de una patera, y los heridos que llegaron estaban hechos polvo y los dejaban tirados en el suelo. Ese día me cabreé mucho porque me recordaba a la situación que viví en Ruanda: estaban llegando cientos de personas y no había ninguna clase de ayuda humanitaria.

Comencé a contarlo en entrevistas de radio y televisión. Me puse en contacto con Médicos sin Fronteras (había conocido su eficacia y profesionalidad en muchos sitios, pero especialmente en Ruanda) y les conté que había una emergencia humanitaria en el sur de Europa donde no se estaba haciendo nada ni se iba a hacer.

Finalmente Médicos sin Fronteras montó una operación de urgencia con un dispositivo de atención básica para los que llegaban a las playas, para vergüenza del gobierno español, que en poco más de un año debía asumir la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea.

"Si recogías a un inmigrante en la carretera muerto de sed o herido y lo llevabas a tu casa, te podía caer una multa de 250.000 pesetas"

Como era muy complicado cubrir los 35 kilómetros de costa porque nunca sabías en qué punto y en qué momento iban a llegar las pateras, yo me había establecido una red de contactos. Un día me llamaron por teléfono y me dijeron que había un inmigrante muerto en la playa de Zahara, que estaba al otro lado de esos 35 kilómetros que yo cubría.

Cuando llegué me encontré la playa llena de gente tomando el sol, con sus sombrillas. No veía nada raro. Luego, fijándome un poquito en una zona de rocas, me pareció ver algo. Al irme acercando vi al inmigrante muerto. Había un par de personas en traje de baño y un cámara de televisión. Pero lo que más me llamó la atención fue esta pareja con su sombrilla, su nevera y sus cervecitas, sentados tomando el sol mientras el inmigrante estaba allí muerto, a unos pocos metros.

Yo no soy quien para juzgar lo que hacen los demás, pero me parecía una foto representativa de la actitud de la gente porque no era solo esta pareja, que eran los que estaban más cerca: el resto de la playa continuó con su maravilloso día de verano.

Como uno nunca sabe lo que va a pasar, tomé esta fotografía y cambié el rollo inmediatamente. Luego me aproximé para tomar algunas imágenes más cercanas. Me pasé cuatro horas allí hasta que hubo el levantamiento del cadáver. Esa misma pareja seguía allí cuatro horas después. No se movieron. En la playa todo siguió con normalidad. La gente seguía bañándose y a su bola.

La foto que quise hacer luego era subido a las rocas del fondo para que se viera el inmigrante en primer plano y todas las sombrillas que había detrás y la gente bañándose de fondo. Las fotos están, pero gráficamente no tienen la fuerza que tiene esta imagen.

"Por suerte en España la mayoría de la gente entiende que los inmigrantes son personas igual que ellos"

Para mí hay otra foto muy importante de esa historia, que es cuando apareció la chaqueta de este hombre. En ella la Guardia Civil encontró un disco de Bob Marley, un cepillo de dientes, un billete de 5.000 pesetas, una foto del papa, una foto con dos personas vestidas de blanco en el agua en una especie de bautismo, un peine y un metro de medir.

Por lo que traía el inmigrante se puede entender que era una persona normal, pese al discurso de criminalización de los gobiernos y de ciertos medios de comunicación que practican el odio al diferente. Por suerte en España ese discurso no ha calado y la mayoría de la gente entiende que los inmigrantes son personas igual que ellos.

Esa foto sigue siendo un reflejo de lo que ocurre ahora mismo, con miles de inmigrantes llegando por mar o tierra. Como en la valla de Melilla, donde los deportamos ilegalmente.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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