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OpiniónEnfoque diferencial

Nos caímos en la línea de salida

 
9
JUN 2008

El fotoperiodismo es, ha sido y será siempre una profesión difícil. Es difícil entrar, es difícil mantenerse, es difícil despuntar, es difícil ser reconocido y, sobre todo, es difícil vivir de ella. Somos muchos, y los puestos, pocos. En cuanto uno flaquea, te quitan de en medio.

Además, los grandes temas siempre se los llevan los mismos, que son los que tienen buena reputación, con lo cual es difícil sobresalir. Y desde luego, es casi imposible que nuestro nombre suene más allá de los círculos profesionales, porque no hacemos "arte". Y no hablemos del dinero, que de eso hay más invertido en trabajar que a la hora de cobrar.

Arcenillas ganó el premio FotoCAM utilizando una foto en la que eliminó a una persona del fondo

Y así, a pesar de todo, nos esforzamos en dar mala imagen. Eso de ir a lo bestia a pillar una foto, meter el objetivo por donde sea y liarse a gritos para que alguien nos mire es bochornoso, sí, pero no más que una carrera de cazagangas en rebajas, una riña entre taxistas por un intermitente o la gran bronca entre futboleros compulsivos por un quítame-de-ahí-ese-penalti.

Nuestro gran defecto es que, por supuesto, todo queda grabado y luego se emite. Si nos liamos a gritos, se emite. Si nos pegamos por un sitio, se emite. Si nos cabreamos con la organización, se emite.

Por ese motivo, algunos nos esforzamos en compensar nuestra mala fama intentando hacer buenas fotos, convirtiéndonos en los ojos del mundo donde no todos pueden o quieren llegar, ofreciendo a primera hora de la mañana lo que vimos ayer en la otra parte del globo. Ya saben, que se nos reconozca por nuestro trabajo. Un buen trabajo.

Y el fotoperiodismo, para ser bueno, necesita no sólo de estética: también ha de cumplir un compromiso con la realidad. Eso lo enseñan en la facultad el primer día. De hecho, casi lo pone en el sobre de la matrícula.

Un fotoperiodista que manipula no es un fotoperiodista, es otra cosa. Un farsante, un triste profesional... pero no un fotoperiodista.

Foto: Janot (Quesabesde)

Dicen muchos -y no sin razón- que la manipulación fotográfica es un concepto bastante ambiguo y difícilmente cuantificable. ¿Es más manipulador el que cambia el tono de color de una foto para hacerla mas cálida o el que abre el diafragma para que no se vea lo que hay en el fondo? Sí, es un concepto esquivo. Eso debe de pensar un fotógrafo: Javier Arcenillas.

Arcenillas es un fotógrafo con cierta fama y más renombre. Cuenta en su haber con multitud de premios, cursos y algún libro. Sin duda, vale como fotógrafo de prensa y denuncia social. O valía, mejor dicho, hasta hace un par de semanas.

Y es que precisamente hace un par de semanas saltó su nombre a la palestra acompañado de un adjetivo: manipulador.

El fotoperiodismo necesita no sólo de estética: también ha de cumplir un compromiso con la realidad

Arcenillas, como otros muchos fotógrafos de prensa, se presentó al concurso de fotografía periodística auspiciado por la Comunidad de Madrid, con nada menos que 20.000 euros de premio para un único ganador. Y ganó. El problema es que ganó utilizando una foto manipulada en la que se eliminó burdamente a una persona -una monja- del fondo.

Desde luego, el jurado -compuesto por fotógrafos de prestigio- se lució, pero más se lució Arcenillas, negando la evidencia primero, escudándose en las bases después, cediendo el dinero ganado -pero sin renunciar al premio- más tarde y dando luego la callada por respuesta, confiando -intuyo- en que después de la tempestad llegase la calma.

Mucho se ha hablado de todo este embrollo en los círculos periodísticos. Arcenillas puede estar orgulloso de la cohorte de fans que tiene, anónimos la mayoría, eso sí, pero dispuestos a dejarse la piel con tal de defender lo indefendible.

¡Es que en las bases no decía nada de manipulación! Claro que sí, oiga. En un concurso de médicos seguro que no habría que explicar que el paciente tiene que salir vivo.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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