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Javier Arcenillas: retrato de la violencia

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El fotógrafo bilbaíno lleva años documentando múltiples aspectos de la violencia en Latinoamérica. La Fábrica le rinde tributo en su último libro de PHotoBolsillo

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MAY 2016

"Las imágenes de este libro definen bien el trabajo de Arcenillas, un buscador de miradas que transita entre la vida de los más desfavorecidos y la muerte en un instante." Es una de las últimas frases que Rafael Roa le dedica en el prólogo a Javier Arcenillas. Y es también una forma precisa de definir su trabajo, ahora disponible para el gran público en el pequeño -y asequible- formato de la extensa colección PHotoBolsillo de La Fábrica.

La mirada de Arcenillas en su trabajo personal tiende casi siempre a posare en las víctimas. "Se centra en los desheredados, los débiles", prosigue el prologuista. Y una primera ojeada a este volumen lo confirma. Son los ojos cansados de una niña en Nicaragua que tras una valla escrutan con desconfianza la cámara. También lo es el desafiante rostro del probable criminal tras unos barrotes en una celda hondureña. Incluso el padre que mira directamente al fotógrafo mientras este retrata al hijo cargando una pesada ametralladora.

Arcenillas: "Conocer las desgarradoras experiencias de las víctimas y ser testigo de muchas de ellas te cambia la vida"

Un conocimiento profundo del mundo de la violencia. Víctimas son los muertos y sus familiares, pero también los miembros de las bandas que cometen homicidios. Víctimas de una violencia sistémica. Y cómo no, los que abogan por el uso de las armas como medio de protección, un concepto muy estadounidense que Arcenillas retrata en "Weapon Social Club Kentucky".

El proyecto más ambicioso del de Bilbao es su ensayo sobre la violencia en América Central, que hasta la fecha consta de tres partes: "Sicarios", "Nota Roja" y "Latidoamérica", todos ellos presentes en este monográfico. Es también su trabajo más duro y el que mejor delata su compromiso de llegar a lo más profundo, con imágenes de una peligrosa proximidad.

Su interés e implicación desmesuradas se cobran un precio que él mismo relata en el prólogo: "Nunca he podido contestarme por qué retrato la violencia. No es la violencia en sí lo que me interesa. Más bien sus consecuencias. Conocer las desgarradoras experiencias de las víctimas y ser testigo de muchas de ellas te cambia la vida."

Las 60 fotografías de este pequeño libro, la mayoría en blanco y negro pero también con espacio para el color en sus trabajos en Bolivia, Kentucky y Transilvania, son un ejemplo del uso magistral de las líneas, los primeros planos y los desenfoques con objetivos descentrables. También de esa cualidad consistente en saber mantener la distancia adecuada en cada escena.

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