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Con texto fotográfico

"La inmensa mayoría de estas mujeres son silenciadas" Jane Evelyn Atwood

 
Foto: Jane Evelyn Atwood
10
MAY 2012
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

La compleja situación de las mujeres en las cárceles europeas y norteamericanas es la historia que Jane Evelyn Atwood plasmó en su libro "Too Much Time: Women in Prison". Más allá de centrarse en sus quehaceres cotidianos, esta fotoperiodista estadounidense residente en París indagó en sus miedos y se interesó por el motivo de sus condenas, tras las cuales se halla muchas veces la figura de un hombre. Atwood imparte próximamente un taller de fotografía narrativa en Barcelona bajo el paraguas de Eyes in Progress.

Jane Evelyn Atwood

Esta foto forma parte de un proyecto de diez años sobre mujeres encarceladas. Me concentré en delincuentes comunes de 40 centros penitenciarios -y algún corredor de la muerte- en Estados Unidos y otros nueve países europeos. Mi estímulo inicial fue la curiosidad, pero la sorpresa, el impacto y el desconcierto poco a poco ganaron terreno. Al final del reportaje el sentimiento ya era de rabia.

Conseguir acceder [a las cárceles] fue extremadamente difícil. Pedía un permiso de siete días en cada prisión, pero aunque me lo concedieran desde las instancias más altas nunca sabía lo que me dejarían fotografiar. Dependía de los guardias, del alcaide y por supuesto de las reclusas. Nunca presioné a nadie para que me dejara hacerle una foto. Les explicaba a las mujeres lo que estaba intentando hacer y por qué, y ellas decidían si querían aparecer en mi libro. Algunas aceptaron ser fotografiadas, pero otras muchas no.

Tan pronto como terminaba de fotografiar una cosa tenía que saber lo que quería fotografiar luego. Iba siempre acompañada por guardias, alguien de la administración y alguna persona de prensa, y por mi traductor cuando trabajaba en un país del que no conocía el idioma. Siempre había algo que no me dejaban fotografiar.

Esta foto la tomé en 1990 en la prisión de mujeres de Metz, en Francia, durante un 'parloir intérieur', un permiso de visita para parejas encarceladas simultáneamente por el mismo crimen. La pareja de la izquierda estaba en la cárcel por vender mobiliario de cocina inexistente. Fraude. Esperaban estas visitas con impaciencia, pero cuando se acababan solían deprimirse. No recuerdo con qué frecuencia se les permitía verse. Quizás una vez por semana.

La composición de la foto no necesita mucha explicación. Es perfecta para una doble página. Aun así, en algunas revistas en las que no se han parado a mirar la imagen ni leer el pie de foto me han llegado a pedir la 'fotografía de la izquierda' o la 'fotografía de la derecha'?

Por lo que vi mientras hacía el reportaje, la estrategia utilizada en las cárceles de mujeres era la humillación en lugar de la rehabilitación. Las que habían sufrido en el exterior continuaban siendo tratadas como ciudadanas de segunda clase cuando las encerraban. La cárcel no debería servir sólo para privar de libertad a la persona que ha cometido un crimen. No me gusta ver sufrir a nadie innecesariamente, ya sea hombre o mujer.

Creo que sería más difícil para un hombre [fotógrafo] establecer una relación con las presidiarias. La mayoría de estas mujeres ha tenido una historia complicada con los hombres en sus vidas; han sufrido abusos de los mismos hombres con los que deberían haber establecido una relación de confianza.

Las mujeres que son encarceladas lo son habitualmente por culpa de los hombres que se han cruzado en sus vidas. Se han involucrado con hombres que no tienen buenas intenciones y que están metidos en el mundo del crimen. Les siguen a ciegas, y en muchas ocasiones cumplen condena por crímenes que han cometido ellos o que jamás habrían cometido por sí solas. Ignoran sus derechos.

Desde el principio de este largo proyecto me llamó la atención lo muy necesitadas que están las reclusas. Han sido maltratadas no sólo por la ignorancia, la pobreza y una vida familiar destrozada que impregna el pasado de la mayoría de ellas, sino también por los años -habitualmente toda una vida- de abusos físicos y sexuales a manos de hombres.

Por cada mujer que aparece en mis fotos cientos más pidieron que no las fotografiase, asustadas por las represalias que podían sufrir si decían la verdad, tanto fuera como dentro a cargo de los guardias. También hubo miles a las que ni siquiera dejaron que me acercara. Algunas se avergonzaban de hablar, a otras muchas les asustaba hacerlo. Pero la inmensa mayoría son simplemente silenciadas.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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