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Con texto fotográfico

"No paraba de decirles que lo sentía mucho" Inma Sáinz de Baranda

 
Foto: Inma Sáinz de Baranda (La Vanguardia)
26
JUL 2012
Declaraciones obtenidas por Roger Lleixà

En sólo tres días dos brutales incendios asolaban a principios de esta semana el Alt Empordà, un bello paraje situado al borde de la frontera española con Francia. Más de 10.000 hectáreas quemadas (se habla de 14.000 afectadas), cuatro víctimas mortales, miles de desalojados e incalculables pérdidas en ganado y propiedades son el trágico balance de este desastre. Inma Sáinz de Baranda, veterana fotógrafa de La Vanguardia, captó una de las imágenes más emotivas y dramáticas de estos aciagos días. El rotativo catalán decidió colocarla en portada la mañana después de iniciarse el incendio.

Inma Sáinz de Baranda

Yo iba hacia el fuego en dirección a La Jonquera cuando me encontré la [carretera] Nacional II totalmente colapsada, así que me metí por el primer cruce que vi. Cuando llegué a la zona de Cantallops, después de un buen rato sin encontrar nada, vi a unos forestales intentado sacar unos caballos de un vallado para evitar que se quemasen. No había bomberos, el incendio estaba totalmente descontrolado con varios frentes y el viento soplaba extremadamente fuerte.

Al bajar del coche vi a una mujer muy angustiada, Anne, en estado de 'shock', intentando desesperadamente salvar a sus animales del incendio. Anne tenía una granja de animales con caballos, llamas, ovejas del Camerún, ocas... El fuego ya estaba muy próximo a los cercados. Cuando me vio me contó lo que estaba pasando y me abrazó en un acto de desesperación.

Anne es una mujer con una energía brutal. Como no entendía lo que estaban haciendo los forestales ella misma se puso a romper la valla para sacar a los caballos. Llevaba dos perros dentro del coche y había conseguido liberar a algunas llamas. Yo iba haciendo fotos de todo lo que estaba pasando, y aunque en otra situación puede que me hubiese ido tras tomar algunas imágenes, en ese momento me supo mal dejarla allí.

La casualidad hizo que al cabo de un rato llegara una furgoneta grande. De ella salió su compañero y rápidamente se abrazaron desesperadamente ante la impotencia de ver cómo no podían salvar a sus animales del fuego. Es el momento de la fotografía. A mí me sabía muy mal estar tomando fotos y no paraba de decirles que lo sentía mucho, pero era consciente de que era muy importante fotografiar aquel instante.

Es uno de esos momentos en los que, aunque te cueste hacer tu trabajo, lo tienes que hacer. Les pedí los nombres y los teléfonos y me marché. Intenté llegar a otras zonas, pero como ya era tarde y las carreteras estaban cortadas decidí irme a casa a enviar las imágenes al diario.

No fue hasta que llegué y me puse a editar el trabajo cuando me percaté de que tenía muy buen material, pero no pensé que la fotografía pudiese ser portada de La Vanguardia. Al día siguiente volví a la zona. Se salvaron los caballos. Las llamas, aunque vivas, estaban muy quemadas y las tuvieron que sacrificar. Las ovejas y las ocas estaban totalmente calcinadas.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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