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OpiniónContando píxeles

¿Y quién hará las fotos?

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MAY 2014

Ser fotógrafo es una mierda, no nos engañemos. Dependiendo de la especialidad en la que te toque sobrevivir, es posible que acabes pasando frío y sueño para pillar ese amanecer con los ñus cruzando un río. O soportando a los familiares de los novios (sácame guapa, ¿eh?) y al cura de turno pidiendo su sobre.

Puede que te toque aguantar a modelos que todavía quieren ser princesas de Telecinco, a editores de fotografía frustrados que nunca sacaron una buena foto pero tienen opinión sobre la tuya o a cuñados que también son fotógrafos porque se compraron una cámara que es la leche.

Y en el peor de los casos incluso puedes ganarte una bala perdida en algún rincón del mundo que solo saldrá en portada si te matan (entonces todos repetirán lo necesarias que son tus crónicas pagadas a precio de saldo) o te secuestran. En ese caso, como posiblemente seas autónomo vete pensando cómo pagar las facturas a la vuelta, por cierto.

Ahora lo que se lleva es ser influencer. De lo que sea, pero influencer, aunque nadie sepa muy bien qué es ni si es contagioso o tiene cura

Invertirás miles de euros en un equipo que ya se ha quedado viejo nada más salir de la tienda. Te pelearás con todos esos lerdos que creen que las fotos son gratis, sobre todo si están en Internet. Y con los que confunden las bases de un concurso con la donación de órganos. Y con los listos que quieren pagarte con prestigio.

Así que con esta perspectiva no es ya que los niños quieran ser fotógrafos –si es que algún día lo quisieron- o den ganas de pasarse por las escuelas de fotografía y gritarles que huyan. Es que ya ni los fotógrafos quieren serlo. Y no me extraña.

Ahora los fotógrafos dan charlas y seminarios y cursos y jornadas y talleres y sesiones y master class, y los más New Age hasta hacen coaching de ese. Todos son profesores de lo suyo, dando por hecho que haber hecho grandes fotos implica saber enseñar a hacerlas.

Ahora los fotógrafos son embajadores de tal o cual marca. Algunos se limitan a trabajar con un equipo y contar su experiencia, pero los más espabilados –los que todavía no han entendido que éste es un oficio de pobres- te inundan la red y las charlas con recomendaciones sobre cómo tal cámara les ha hecho mejores profesionales. Y personas humanas.

En realidad tampoco es que sea muy rentable, así que a veces toca pluriemplearse y recomendar tantas cosas a la vez de diferentes marcas que parece un chiste. Dura vida la del autoproclamado prescriptor, que hoy te recomienda esta réflex y mañana te cuenta que los espejos son cosa de dinosaurios. Como las estrellas, ya saben, que hablan de lo bueno que es su móvil patrocinado y te lo cuentan desde el de la competencia.

Es triste, pero ese es el camino, amigos. Porque ahora lo que se lleva, a lo que todos aspiramos es a ser influencer. De lo que sea, pero influencer, aunque nadie sepa muy bien qué es, en qué consiste ni si es contagioso o tiene cura. Mama, yo quiero ser influencer. De eso nada, que para algo te he pagado los estudios.

El fotógrafo influencer es el futuro. Ni siquiera hace falta sacar buenas fotos porque en realidad a nadie le importa un carajo si tus instantáneas merecen una exposición o la papelera. El fotógrafo influencer es que el está donde tiene que estar, conoce al que maneja la pasta y sabe cuál es el lema: “Clic, clic, muy bonito todo.”

Todo apesta a publicidad encubierta y a una gran burbuja que acabaré estallando y salpicando a marcas, agencias, gurús y compañía. Pero, de momento, ¿quién no quiere estar en la cresta de la ola? Ser fotógrafo –insisto- es una mierda y hay que buscarse la vida.

Y me parece muy bien, oye. Que aquí cada uno se busca la vida para pagarse la hipoteca y los vicios, y el último que apague la luz. Pero ocurre que entre embajadores, influencers y maestros habría que preguntarse quién hará las fotos. ¿Los fotógrafos ciudadanos? Claro, también les podemos dar un móvil a los redactores para que se ocupen ellos. Al menos hasta que descubran –en realidad ya lo han hecho- que ser periodistas también es una mierda y que prefieren, como yo, ser blogueras de moda. Ése es el futuro.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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