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Las postales perdidas del tío Matt

Indonesia: piezas inconexas que forman un país

 
24
MAR 2010

No importa cómo lo cuente; no hay manera de darle forma. Es imposible generalizar lo que uno puede encontrarse en Indonesia. Tantos mundos diferentes como islas, con sus propias culturas, sus propias tradiciones, su propia gastronomía, diferentes religiones... Y un único nexo de unión: el idioma. Y la amabilidad y hospitalidad hacia el viajero, por supuesto.

Podría parecer que para lo único que las gentes de Indonesia se unieron fue para dejar muy claro que a los holandeses no querían verlos ni en pintura. Y entre queja y queja, acabaron formando un país. Al menos oficialmente, porque aunque la mayoría parece estar de acuerdo hoy en este punto, hay unos cuantos, como los habitantes de Papúa, que entraron en la ecuación sin ellos comerlo ni beberlo, y ahí siguen gritando a los cuatro vientos -y encontrándose con oídos sordos- que no quieren saber nada de Indonesia.

Foto: Ignacio Izquierdo
Una ama de casa indonesia tras salir de la compra, en un mercado flotante cerca de Banjarmasín.

Pero es que miren qué popurrí. El país con el mayor número de musulmanes del mundo, casi todos concentrados en la isla de Yakarta, una de las más masificadas del planeta. El animismo mezclado con el cristianismo en Sulawesi. Un hinduismo único practicado en Bali. Y así un largo etcétera. Si algo ofrece este país, es variedad.

Foto: Ignacio Izquierdo
Un grupo de niños, encantados de salir en una foto (y verse en la pantalla después, claro), en la isla de Bunaken.

Me será imposible, por tanto, hacerle un retrato justo, pero sí valdrá un boceto con las pocas islas que pude visitar. Seguramente, si hiciera otro recorrido, mi percepción del país sería bastante diferente.

El recorrido realizado jamás fue planeado. En realidad lo fue en un principio, pero después de rehacerlo cada dos días, "planeado" es un adjetivo que le queda demasiado grande. Nada es fiable en Indonesia. Ni los vuelos, ni los autobuses. La información se contradice continuamente, y al final sólo queda el santiguarse y que sea lo que Dios quiera, que ya acabaremos donde las estrellas tengan a bien.

Foto: Ignacio Izquierdo
Amanece a bordo, entre las islas de Flores.
Foto: Ignacio Izquierdo
Los volcanes: parte del paisaje de Indonesia.

Pasaba no horas, sino días, intentando llegar de un sitio a otro. Dos aviones por aquí, otro por allá, uno cancelado, otro reparándose, ahora en bus, ahora en coche, ahora en moto. Todo vale. ¿Hemos llegado ya? ¿Falta mucho? Nadie lo sabe. Es parte de la experiencia indonesia.

Foto: Ignacio Izquierdo
Una familia musulmana espera el autobús en Jogyakarta.

Así acabé viendo sitios que no pensaba ver por falta de tiempo en mi "planning" inicial, como Jogyakarta, o visitando por casualidad un mercado flotante en el sur de Borneo, donde era el único foráneo. Hay tanto que hacer y tanto que elegir, que da igual dónde acabes: siempre será fascinante.

Foto: Ignacio Izquierdo
Un campesino pasea por los arrozales en mitad de las montañas de Tana Toraja.

Conseguí, tras muchas vueltas y porque me encabezoné con la idea (si no, habría tirado la toalla), llegar a visitar la jungla tropical de Kalimantan, donde habitan los pequeños hombrecitos rojos a los que hemos dado el nombre de orangutanes y cuya existencia se ve cada vez más amenazada por la tala indiscriminada de su hábitat.

Foto: Ignacio Izquierdo
Examinando atentamente la que podría ser su nueva adquisición en el mercado de los pájaros de Yogyakarta.

Permanecí boquiabierto, sin saber cómo actuar, ante la matanza de búfalos y cerdos que organizan en la montañosa zona de Tana Toraja para celebrar un funeral... de alguien que puede llevar muerto un año (y sin enterrar). Allí, como parados en el tiempo, sus habitantes viven rodeados de muerte por todas partes mientras disfrutan con peleas de gallos o búfalos. Bienvenidos a la vida en un documental.

Foto: Ignacio Izquierdo
Foto: Ignacio Izquierdo
Los sacrificios de búfalos, parte tanto cultural como turística de Tana Toraja.

Pude ver amanecer entre los majestuosos restos de "estupas" de Borobudur, uno de los templos budistas más importantes del mundo, al que algunos osan comparar con Angkor Wat (entre nosotros: no tienen nada que ver, aunque son igualmente admirables).

Foto: Ignacio Izquierdo
El sol aparece en Borobudur, entre "estupas"... y alguna que otra legaña.

Caminé como si acabara de llegar a un planeta lejano por el árido desierto de suelo volcánico que rodea al aún activo volcán Bromo, y aprendí que en Indonesia hay tanta actividad tectónica bajo sus suelos que hay islas que aparecen y otras que desaparecen. ¡Y nadie, en plena era de la información, tiene claro cuántas hay ahora mismo! ¿17.000? ¿Quizás 18.000?

Foto: Ignacio Izquierdo
Una cría de orangután nos mira atentamente. Y la madre también; no se nos vaya a ocurrir acercarnos a ella.

Me sumergí en las cristalinas aguas de Komodo, probablemente uno de los mejores sitios del mundo para bucear, rodeado de tremendas corrientes de agua, inacabables fondos marinos de corales, decenas de arrecifes, centenares de especies diferentes, millares de peces... y quedé inmovilizado al ver mantas y más mantas raya sobrenadando por encima mío.

Foto: Ignacio Izquierdo
"¡Dejen paso, que voy!"
Foto: Ignacio Izquierdo
Un dragoncito de Komodo vigila plácidamente para hincarle el diente a algo (o alguien).

Descubrí que los dragones existen, y que si bien no escupen fuego, tienen muy mala baba, llena ésta además de bacterias y veneno. Que corren a 20 kilómetros por hora si lo desean, y que si se empeñan, sólo estarás a salvo escalando un árbol. Que se comen los unos a los otros si no encuentran nada mejor, y que descontando al hombre, no hay bestia que les pueda hacer frente.

Foto: Ignacio Izquierdo
Bailes tradicionales en Bali.

Me perdí por la diminuta Bali para descubrir que no todo es turismo (ni surf) en la isla más mediática de todas. Ahí me topé con casi más templos que habitantes, busqué nuevas palabras para definir la cantidad de verdes de sus arrozales y caí y pagué como buen turista para ver sus bailes tradicionales.

Foto: Ignacio Izquierdo
Terrazas de arrozales en el corazón de Bali.
Foto: Ignacio Izquierdo
En uno de los bailes tradicionales balineses aparece Hanuman, el dios mono, en plena huida de los malvados que le tenían encerrado.

¿Y después de todo esto, qué? Pues después de todo esto, de toda esta sorpresa constante, de ser incapaz de encontrar el hilo conductor que mueve a toda esta gente, seguí inevitablemente, con ganas de más. De ver qué hay más allá en esa isla que está un poco más lejos, porque seguro que será diferente y me volverá a dejar con la boca abierta.

Foto: Ignacio Izquierdo

Ignacio Izquierdo explica que "comenzó recorriendo el mundo sin ser consciente de ello mientras seguía a su padre y su trabajo". Ahora, ha decidido dar la vuelta al mundo e inmortalizar el periplo con su buen ojo fotográfico. Su viaje se puede seguir en su blog, "Crónicas de una cámara", y en QUESABESDE.COM.

Los artículos de la serie "Las postales perdidas del tío Matt" (en homenaje al personaje de la serie "Fraggle Rock") se publican normalmente el tercer miércoles de cada mes.

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