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Diario de un fotógrafo nómada

La India: buscando la ciudad perdida de Shangri Lá

 
7
ABR 2005

Estoy sentado en un viejo café de Delhi. El calor húmedo es asfixiante y la ropa se pega a mi piel mientras un destartalado ventilador gime a mis espaldas. Sobre la mesa, la guía de Lonely Planet y un libro de poemas de R. Tagore. Ajeno al bullicio y con la mirada perdida en el vaso de té que sostengo en la mano pienso: ¿será cierto el mito de Shangri Lá?

Cuenta la leyenda que al norte de la India se encuentra una ciudad escondida, rodeada de escarpadas montañas y a la que sólo se puede acceder a través de incógnitos pasadizos y cuevas secretas cerradas por gigantescas puertas de piedra disimuladas entre el follaje. Una vez atravesadas, se entra en un soleado valle de belleza jamás contemplada por el ser humano. Allí, los árboles están cargados de dulces frutas y las flores son de rara hermosura e inimaginable perfume.

Foto: Nómada

En Shangri Lá, que así se llama el sitio, sus habitantes no padecen enfermedad y mueren centenarios, plácidamente, sin pena ni dolor. ¿Es sólo una leyenda? ¿Será la Ciudad de las Siete Puertas que se menciona en la Biblia? ¿Tal vez el lugar donde los Templarios escondieron el estuche del Santo Grial...?

Llevo semanas recorriendo un país en el que se hablan más de 800 lenguas, y se entienden entre ellos sin dificultad. Hombres de Sikkim de rasgos mongoles seduciendo a mujeres tamiles prácticamente negras. Niños kashmires jugando con bengalíes...

Foto: Nómada

En mi camino he visto hinduistas que charlaban con musulmanes, budistas tomando el té con seguidores de Zoroastro, jainistas dando agua a sikhs...

Foto: Nómada

Y he visto a sanadores de Ayurveda, la madre de las medicinas, consolar a lisiados y ancianos sin mañana; parejas de novios llorar abrazados en un banco ante una arrugada fotonovela; zapateros que remiendan polvorientos e imposibles zapatos de siete leguas; hermosas gitanas nómadas de intensa mirada, cuyo hogar es el camino...

Foto: Nómada

Palacios de inenarrable belleza, miseria atroz. Olor a sándalo, hedor a plasta de vaca. Ojos curiosos y huidizos tras un velo de mujer, manos curtidas de conductor de caravana de camellos. Niños con harapos, pero niños jugando. Perros vegetarianos, elefantes a la puerta de un cybercafé. Ocre eterno y monótono del desierto, estallido de colores en los saris y punjabíes...

Escribo en mi diario con bolígrafo y lo ilustro con trazos a lápiz, uno de mis placeres inconfesables. Con la cámara fotografío cosas que veo, incluso cosas que creo ver; con el lápiz dibujo cosas que imagino, que sólo las veo yo.

Foto: Nómada

Y veo Shangri Lá con sus frondosos bosques y ríos de aguas cristalinas, rodeada de altos torreones con banderas de mil colores, y en su ciudadela gentes laboriosas que van de aquí para allá, saludándose, sonriendo... y yo caminando entre ellos.

Foto: Nómada

Un hombre de fuertes brazos me ofrece una hogaza de pan, y una niña un ramillete de flores silvestres. Oigo la flauta de un encantador de serpientes, a su lado dos jóvenes hacen juegos malabares y más allá un titiritero maneja con habilidad sus marionetas...

Foto: Nómada

Sí, la India es el lugar donde todo es posible: Shangri Lá existe y está aquí. El calor aprieta y se me escurre el lápiz entre los dedos. Adormilado, sueño que la he encontrado.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie"Diario de un fotógrafo nómada" se publican, normalmente, el primer y tercer jueves de cada mes.

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