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Diario de un fotógrafo nómada

Kerala: el jardín de las especias y los "backwaters"

 
8
OCT 2008

La India, ese país que muere y renace cada segundo en un caos de color, bullicio y efervescencia, tiene un lugar donde la vida se detiene para, junto a los cocoteros, dejarse mecer plácidamente por las aguas que lo bañan. Allí los niños aprenden a nadar antes que a andar, a pescar antes que a leer. Kerala, la India tranquila.

Visitamos de nuevo la India, ese inmenso país del que me confieso perdidamente enamorado, paraíso del fotógrafo y del amante de las experiencias intensas, donde lo único posible es dejarse arrastrar por la vida que fluye a borbotones sobre la piel de su tierra.

Foto: Nómada
La India, la vida en colores.

Conocer la India no es tarea fácil, pues tiene veintiocho estados, muchos de los cuales son más grandes que cualquier país europeo, así que lo habitual es dividir el subcontinente en zonas -India del Norte, del Sur, del Este, etc.- para enfocar cada viaje en unos cuantos estados y tratar de visitar lo más interesante con tiempo suficiente para saborearlo.

Foto: Nómada
Los sadhus, una de las imágenes de la India.

Repasando mis archivos fotográficos, me doy cuenta de la diferencia de volumen que ocupa la India frente al resto de los países que he visitado, pero es que este país tan especial es inabarcable.

Y hablando de fotografía, en este viaje que hoy relato pude comprobar, como en ningún otro, las limitaciones de las cámaras compactas. Lejos de los pesados equipos réflex, quería tener la experiencia de ir ligero de equipaje, así que me embarqué con tan sólo dos compactas, algunas tarjetas y un disco duro portátil.

Foto: Nómada
Las cámaras compactas no pueden con algunas situaciones.

Me equivoqué. En centenares de ocasiones eché de menos la velocidad de enfoque, los buenos resultados con altos valores ISO y la solidez de un cuerpo réflex, especialmente en una época como agosto en que las lluvias del monzón azotan la región.

Lluvia casi constante, cielos cargados de nubes amenazadoras, tonos grises, bajos contrastes y mala luz: todo lo que un fotógrafo maldeciría, eso es el monzón.

Foto: Nómada
El monzón azota sin piedad.

Pues bien, hoy nos dirigimos al sur, continuando con la visita que empezamos hace unos meses en el corazón de la costa Malabar, para conocer uno de los estados más especiales de esta indescriptible nación.

El estado de Kerala, apodado "la India tranquila", está situado en el extremo suroccidental del subcontinente y ocupa una estrecha franja delimitada al este por la cordillera de los Ghats y al oeste por el mar Arábigo.

Foto: Nómada
La cordillera de los Ghats.

Descendiendo de las montañas hacia el mar, Kerala ofrece una vista espectacular: un mosaico de arrozales, campos de cocoteros y plantaciones de especias que a medida que nos acercamos a la costa se convierten en un laberinto de incontables canales y lagos de aguas mansas.

Foto: Nómada
Mujeres recolectando en los arrozales de Kerala.

Parece ser que el nombre de Kerala proviene de "keera" y "alam", que en malayalam, el idioma de sus habitantes, significan "coco" y "lugar", respectivamente; es decir, "el lugar o la tierra de los cocos", y no es de extrañar, ya que los palmerales se extienden durante miles de kilómetros a lo largo del litoral de Kerala.

Foto: Nómada
Niña de Kerala, el país de la sonrisa perenne.

Se cree que el cocotero no es autóctono de Kerala sino que fue introducido desde Ceilán, la actual Sri Lanka. En cualquier caso, la implantación de este cultivo transformó la costa keralí en uno de los paisajes más hermosos que pueden admirarse en la India.

Foto: Nómada
La palmera de coco, un árbol omnipresente en todo el estado.

La cordillera oriental de los Ghats protegió Kerala durante miles de años de las invasiones de otros pueblos. Sin embargo, por el oeste recibió a través de sus costas un fecundo comercio de mercaderes romanos, chinos y árabes que venían en busca de las preciadas especias.

Foto: Nómada
Árbol de la canela: sus ramas son las aromatizantes.

En el mundo antiguo y hasta hace apenas cien años, las especias eran un verdadero tesoro, al punto de que se empleaban frecuentemente como moneda de cambio, e incluso llegaron a ser algunas de ellas tan valiosas como el oro.

Las especias tienen propiedades aromatizantes, potenciadoras de sabor y terapéuticas. También, gracias a las cualidades conservantes de muchas de ellas, la gente podía guardar los alimentos durante mucho tiempo sin tener que desecarlos, salarlos o ahumarlos.

Foto: Nómada
Vainas colgando de la planta de la vainilla.

Canela, vainilla, clavo o cardamomo son algunas de las especias que se producen en Kerala; entre todas la más apreciada es la pimienta malabar, considerada la mejor del mundo.

Foto: Nómada
Pimienta malabar, la más apreciada del mundo.

Kerala fue la responsable de que naciera la vía comercial marítima más importante de la historia, la Ruta de las Especias, que junto a la Ruta de la Seda por tierra, hicieron de Asia un destino imprescindible por sus abundantes y preciosos productos.

Si la India se caracteriza por ser un país tolerante donde caben todas las religiones y pensamientos, Kerala es el paradigma de esta filosofía. Sus habitantes dicen con rotunda sencillez que el agua y la hermosura de sus paisajes "los hacen ser así".

Foto: Nómada
Kerala, una tierra apacible y sosegada.

Además de lugar de convivencia en armonía de credos e ideas políticas antagónicas, es el primer estado en el mundo en que se instauró el comunismo por votación democrática.

Desde entonces, se han ido alternando en el Gobierno partidos de izquierdas y de centro moderado que han hecho de Kerala el estado más avanzado de la India, con el índice de alfabetización más alto del subcontinente.

Foto: Nómada
Carteles de una campaña electoral reciente.

Cuando se habla de Kerala, la primera imagen que viene al pensamiento es la de un paisaje casi minimalista de agua e hileras de palmeras. Son los "backwaters", una red de canales y lagos de más de 2.000 kilómetros.

Cada año vemos por televisión las enormes riadas e inundaciones que se producen en muchos países, y en especial en la India. Este fenómeno, que lo consideramos como una catástrofe, es en muchos casos un ciclo natural imprescindible para la supervivencia de estas regiones, pues mantiene la fertilidad de los valles y suelos aluviales.

Foto: Nómada
Las lluvias torrenciales ocasionan inundaciones cíclicas en la India.

El ejemplo más conocido es el del Nilo, sin cuyas crecidas Egipto jamás habría llegado a ser la primera potencia del mundo antiguo, o los grandes ríos africanos, de cuyas avenidas depende toda la flora y fauna de la sabana.

Lo malo es que este fenómeno natural cada vez se cobra más vidas y bienes materiales, pues el ser humano en su incesante expansión deforesta y construye en los cauces naturales, lo que produce la vulnerabilidad de estos hábitats.

Foto: Nómada
En Kerala se tiene mucho cuidado de no invadir los ríos.

Los "backwaters" se formaron a partir de los sedimentos que depositaban los ríos y lagos durante la época de los monzones, de tal forma que con los siglos se creó una costa interior, paralela a la del mar, moldeada por una vasta red de canales y lagos.

Los keralíes hicieron el resto construyendo pequeños diques casi a ras del agua y formando los canales, que son las vías de comunicación internas. Hoy todavía siguen existiendo muchas aldeas a las que sólo es posible acceder en barca.

Foto: Nómada
Una tienda de telas a la que sólo se puede acceder en barca. Todas las construcciones se levantan alejadas, donde hay un poco de sitio.

En los "backwaters" la economía básica depende de la pesca, el arroz, y sobre todo, el coco. De la savia de la palmera se extrae por fermentación el licor local: la primera destilación es suave y exquisita, pero la segunda produce un orujo muy fuerte.

El fruto se come, se bebe y se exporta a todo el mundo; la corteza se emplea para mil usos, entre ellos la confección de cuerdas y alfombras; la madera del tronco sirve para construir barcas y vigas; las hojas de palma para cubrir los techos, etc.

Con tal aprovechamiento, es natural que el keralí llame a la palmera de coco "el árbol celestial que otorga los deseos". Es el árbol sagrado de este pueblo.

Foto: Nómada
El fruto de la palmeta sagrada.

En los "backwaters" hay dos tipos de embarcación: la piragua y el "kettuwallam", una barcaza que originariamente se utilizaba como vivienda y como medio de transporte del arroz.

Foto: Nómada
Un "kettuwallam" con sus dos tripulantes.

En algunas poblaciones grandes es posible alquilar un "kettuwallam" para hacer una travesía por los "backwaters". Hay muchos que se han habilitado para el turismo y disponen de camas y todas las comodidades para realizar un inolvidable recorrido.

Existe la posibilidad de contratar la barcaza arrocera con los servicios de un cocinero privado; en ese caso el viajero sólo tiene que preocuparse de comprar el pescado o marisco que desee en cualquier casa de pescadores donde pare el "kettuwallam".

Foto: Nómada
Un pescador ofrece los langostinos que ha pescado esa mañana.

El cocinero se encargará de preparar deliciosas recetas de cocina local servidas sobre hojas de palma. El plato tradicional más típico es el tahli, compuesto por pequeñas raciones de diferentes guisos. No hacen falta cubiertos porque se come con las manos, mejor dicho, con la mano derecha, pues la izquierda se considera impura.

Foto: Nómada
El tahli keralí servido sobre una hoja, a la manera de los "backwaters".

Navegar por estos canales de aguas plácidas y exuberante vegetación es adentrarse en un universo aparte, donde el reloj se para y la única frontera es la línea infinita de palmeras.

Los canales están separados por estrechas lenguas de tierra de apenas unos metros de anchura donde se levantan las aldeas, que al no haber espacio, no tienen un núcleo físico. Es imposible definir los límites entre los pueblos, puesto que las casas están diseminadas y alejadas unas de otras: el agua lo cubre todo.

Foto: Nómada
Un fabricante de ladrillos.

Las pequeñas casas se construyen con ladrillos de barro extraído del fondo del canal; se levantan donde se puede, y si queda algún metro libre, se planta un pequeño huerto. Cada vivienda dispone de un amarre para la piragua, porque aquí no hay coches. Lógico: no hay sitio para hacer una carretera.

La gente se lava, hace la colada y cocina con el agua de los canales. Los niños van a la escuela en piragua y todos aprenden a nadar antes que a andar, y a pescar antes que a leer, ya que la vida en Kerala gira en torno al agua.

Foto: Nómada
Niños acudiendo a la escuela en barca.

Como no podía ser de otra forma en este universo de agua, uno de los acontecimientos más importantes del año es la Nehru Cup Snake Boat Race, una regata que se celebra el segundo sábado de agosto.

Foto: Nómada
Una tripulación realiza una tanda de calentamiento antes de iniciar la regata.

En la Nehru Cup compiten las piraguas serpiente, unas larguísimas barcas de poco fondo y proa en forma de cabeza de serpiente. Cada una puede llevar una tripulación de cien remeros como máximo.

Foto: Nómada
Las piraguas serpiente en plena competición.
Foto: Nómada
También hay tripulaciones femeninas.

Las tripulaciones vienen desde todos los rincones de los "backwaters" para representar a sus aldeas. Vencer en esta regata las convertirá en héroes para el resto del año y su poblado será admirado y respetado por el resto de los competidores.

Foto: Nómada
El orgullo de ganar.
Foto: Nómada
Cada cual se las ingenia para no perder detalle de la Nehru Cup.

En la India todo se decora abigarradamente: los elefantes, las vacas, los templos, etc., y las piraguas serpiente no podían ser menos. Para competir, son adornadas con llamativas pinturas y sombrillas de seda.

Foto: Nómada
No importa que las sombrillas perjudiquen la aerodinámica: esto es la India y la barca debe ir engalanada.

En las barcas pequeñas el proel, al no tener apenas sitio para sentarse, se ata los pies a la embarcación para no caer al agua. Detrás los remeros bogan sentados al ritmo frenético de un silbato, mientras que en popa varios timoneles mueven sus remos con enormes giros de brazos para dar mayor espectacularidad al bogar de la embarcación.

Foto: Nómada
Los de popa reman de forma espectacular.

Miles de personas de toda Kerala se acercan hasta Alleppey, el lugar donde está el campo de regatas, para asistir al acontecimiento. A mediados de enero se repite esta regata para los turistas, pues en agosto es la época del monzón y la lluvia arrecia dando muy pocos momentos de descanso, como puede verse en la mayoría de las fotos de este reportaje.

Foto: Nómada
Un fotógrafo local protege su equipo de la lluvia.

Terminada la Nehru Cup, los "backwaters" recobran su tranquilidad y la barcaza arrocera que he alquilado retorna a los canales para continuar la travesía.

Foto: Nómada
El "kettuwallam" se interna de nuevo en los "backwaters".

El "kettuwallam" navega sobre la superficie absolutamente plana de esta agua, sin producir ni un solo movimiento, y me va introduciendo de nuevo, lentamente, en este universo de agua y vegetación exuberante.

Foto: Nómada
Foto: Nómada
Ensoñación de Kerala.

Rodeado de un silencio sobrecogedor, sólo roto por el aleteo de los cormoranes, mi vista se pierde en este dédalo de canales y me viene a la memoria una frase que leí en una guía de viaje: Kerala es un estado de ánimo, una alucinación.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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