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Entrevista
HUMBERTO RIVAS, FOTóGRAFO

"Con los ojos cerrados nadie finge"

 
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DIC 2006

En 1976, cuando la situación política de su Argentina natal se agravaba, Humberto Rivas se instaló en Barcelona. Nacido en Buenos Aires hace setenta años, ya desde su juventud había vivido muy cerca del arte, interesándose por múltiples disciplinas como el cine, la pintura y la fotografía, a la que se dedicó finalmente. QUESABESDE.COM le entrevistó hace dos semanas en su ciudad de adopción, poco antes de inaugurarse la exposición retrospectiva que el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) le dedica hasta mediados de febrero.

Tus inicios como fotógrafo tienen que ver con otras disciplinas, como el cine, el dibujo y la pintura, ¿Cómo te decidiste por la fotografía?

Mi relación con el arte es ya desde joven. Yo estudiaba Bellas Artes y pintaba mucho. También el cine fue muy importante para mí, y todavía lo es. Mi padre me ayudó a comprar una Nikon de 35 milímetros, y durante un tiempo hice pintura y fotografía a la vez.

Pero un buen día me decidí por la fotografía: quemé todos mis cuadros y me dediqué a la fotografía. Estoy orgulloso de ello; no me arrepiento de haber tomado aquella decisión.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Rivas propone dejarse llevar por el instinto a la hora de fotografiar.

En 1960 ingresaste como fotógrafo en el Instituto Torcuato di Tella de Buenos Aires. ¿Cuál fue tu función allí?

En Torcuato di Tella viví un periodo maravilloso y excepcional que duró diez años. Allí trabajábamos diferentes disciplinas artísticas y con altísima calidad, tanto pintura y teatro como lo que fuera. Como yo era el fotógrafo del instituto, tenía que hacer fotografías de una obra de teatro o de músicos, y esto, además de un trabajo súper agradable, era rentable.

Foto: Humberto Rivas

Más adelante abriste tu propio estudio, ¿qué tipo de fotografías hiciste en ese periodo?

En mi estudio nos juntamos unos amigos e hicimos de él, además de algo comercial, una especie de escuela. Nos enseñábamos unos a otros. Si queríamos hacer cine y uno sabía de iluminación, les enseñaba a los demás para que lo aprendiesen.

De esta forma, trabajábamos en lo que no era nuestra especialidad, y en dos o tres días podíamos aprender lo básico de los conocimientos de una disciplina. Así se enriquecía mucho la producción de lo que hacíamos en el estudio.

Foto: Humberto Rivas

Con la cámara es como si desnudaras los objetos y sujetos que posan delante de ella. ¿Qué intentas desvelar con tus retratos directos e intimistas y con los paisajes de fachadas solitarias?

Si te miro a ti, ahora veo a una persona que conozco, con una forma de ser concreta y dispuesta a hacerse una foto, pero con una ligera sonrisa que no me interesa fotografiar. Entonces te pido que cierres los ojos. Con los ojos cerrados nadie finge.

Entonces, en un momento dado, te pido que mires a la cámara -no que abras los ojos, sino que mires a la cámara- y gracias a la actitud del sujeto la fotografía no tendrá nada que ver con lo que era antes.

Foto: Humberto Rivas

Respecto a mis fotografías de paisajes, depende mucho de los lugares. Normalmente te gustan por algo, y ese motivo es lo que quiero resaltar.

A mí me gusta mucho la fotografía nocturna. Una vez fui con mi mujer cerca de Girona, en la costa [catalana]. Vi una escena que me atrajo particularmente: las olas golpeaban junto a la orilla; más allá, el agua estaba más calmada, y más a lo lejos, tras un recodo en la costa, había un pueblecito que no se veía, pero del que se percibía una luz tenue.

Foto: Humberto Rivas

Para poder hacer que la luz que proyectaba el pueblo tuviese un aspecto misterioso, tuve que darle una exposición de dos horas, y además llovía. Mi mujer estuvo tapándonos a nosotros y la cámara con un paraguas durante todo el tiempo de exposición.

¿De qué manera puede la iluminación mostrar formas tan personales de interpretar el mundo y la intimidad de las personas y los paisajes?

Esto ocurre no sólo con la fotografía, sino también con la pintura, la literatura y cualquier otra disciplina artística. Una cosa es lo que tenemos delante, y otra es lo que sentimos por eso que tenemos delante. Uno se tiene que dejar llevar por su propio instinto.

Foto: Humberto Rivas

Si uno mira un cuadro de Picasso, verá que fue genial en muchas cosas, pero sobre todo porque pintaba como a él le gustaba hacerlo, y no de acuerdo a tal o cual moda. Él hacía un tipo de pintura, y paralelamente hacía otro que tenía que ver con el arte africano porque viajaba por allí y le gustaba. No es que se propusiera hacer arte africano; simplemente, no tenía prejuicio ni miedo a estar influenciado por otros.

La obra de Picasso es el ejemplo perfecto de un artista con un medio. Claro que el medio que utilizamos pesa, y hay que conocer bien la técnica y la iluminación, pero sólo para conseguir aquello que queremos expresar con la fotografía. Y si nos dejamos llevar por el impulso que nos provoca, mejor. Eso es lo más sano en cualquier arte.

Foto: Humberto Rivas

Una vez dijiste que tus novias son tus cámaras de gran formato. ¿Con qué cámaras trabajas habitualmente?

Depende de la fotografía que quiera tomar. Habitualmente, aunque no siempre, uso una Linoff de 10 x 12,5 centímetros de negativo; otras veces trabajo con una Sinar, y otras con una Hasselblad de 6 x 6. En todos los casos, utilizo película de Kodak T-max 100.

¿Y el formato digital?

He trabajado alguna cosa en digital y me interesa mucho. Más adelante tendré mi equipo, pero aún falta algo de tiempo para eso.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Rivas aparece sutilmente reflejado en una de las fotografías que pueden verse hasta el 18 de octubre en la exposición "El fotógrafo del silencio", en el MNAC de Barcelona.

Si tuvieras que rescatar una de tus fotografías, ¿con cuál te quedarías?

Sería muy difícil quedarme sólo con una foto mía. Si tengo ganas de hacer una foto con una hija mía con la que nos queremos muchísimo, pues podría hacerlo con ella, pero podría ocurrir que caminando por la calle viese a alguien que me llamara la atención y le propusiera hacer un retrato.

Sigo insistiendo: es muy importante dejarse llevar por los impulsos. A mí me ocurre mucho ir por la calle, por ejemplo por Las Ramblas, y encontrar una gran cantidad de gente muy particular a quienes me interesa retratar. Entonces se lo propongo, y si lo hacemos, pues les regalo una copia.

Foto: Humberto Rivas

¿Has tenido algún maestro o referente?

En el tema de la fotografía, aprendí mucho de un fotógrafo ruso que vivía en Buenos Aires, muy cerca de nuestra casa, y que murió a los 93 años cuando nosotros ya vivíamos en Barcelona. Se llamaba Anatole Sarman.

Con él aprendí mucho de fotografía, pero nunca me enseñaba nada. Simplemente, compartíamos opiniones y yo iba aprendiendo. No es que no quisiera hacerlo, pero era su forma natural de ser.

Otro fue un amigo mío: Juan Carlos DiStéfano, un argentino que estaba en el Instituto Torcuato di Tella y con el que todavía somos amigos.

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24 / NOV 2006
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