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Punto y final para la mítica cámara Holga

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Película de 120, construcción de plástico y unos resultados impredecibles eran las señas de identidad de este popular modelo

Holga
Holga
Una de las versiones más coloridas de la Holga.
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DIC 2015

Icono de la lomografía y ejemplo perfecto de las llamadas cámaras Lo-Fi capaces de convertir sus carencias en virtudes, durante casi 35 años la Holga ha sido una de las cámaras de formato medio más populares del mercado. Alejada de los discursos sobre calidad, su construcción y objetivo de plástico y unos resultados que sus propios creadores definían como impredecibles se convirtieron en su seña de identidad y le permitieron hacerse un hueco entre la comunidad de fotógrafos más creativos y modernos.

Una historia iniciada en China en 1981 y que llega ahora a su fin. Pese al aparente auge de este tipo de modelos en línea con la filosofía lomo, la empresa responsable de su fabricación ha anunciado el punto y final de la producción de esta cámara de plástico.

"Todas las herramientas necesarias para su construcción se han tirado y no hay nada para vender", han asegurado a Freestyle Photographic Services -el importador para Estados Unidos- desde la factoría china. No parece fácil, por tanto, una operación de rescate como la que en su día se realizó con la película Polaroid, aunque la facilidad en la producción de esta cámara hace pensar que no sería especialmente complicado emularla.

Disponible en decenas de versiones y colores a lo largo de estas tres décadas, todavía quedan existencias disponibles de la Holga, pero una vez agotadas será el fin de una época y de una cámara que, con su particular estilo, ha marcado la historia de la película de 120. Habrá que ver si la recientemente anunciada Holga Digital -con similar estética y filosofía- consigue el mismo éxito en el mundo de los píxeles.

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