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Agenda fotográfica

La caja de sorpresas de Hiroshi Sugimoto

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Foto: Hiroshi Sugimoto
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ABR 2016
Ivan Sánchez   |  Barcelona

“No importa cuán falso sea un tema. Una vez fotografiado es como si fuera real.” Los hiperrealistas retratos de Fidel Castro –en realidad una reproducción de cera del mandatario cubano- y de una manada de lobos en un paisaje invernal –varios ejemplares de taxidermista sobre un fondo pintado- realizados por Hiroshi Sugimoto tienen en esta diáfana premisa su denominador común.

El fotógrafo japonés apela con su obra a la capacidad analítica del observador, que se enfrenta al reto de interpretar la veracidad representada en sus fotografías y la forma en que se percibe la realidad fotografiada en ellas.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)
Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Nacido en el Japón de la posguerra, Sugimoto se ha labrado un importante nombre en el mundo de la fotografía conceptual. Sus obras cuelgan de museos tan célebres como el Smithsonian de Washington, el MoMA y el Metropolitan de Nueva York o la National Gallery y la Tate Gallery de Londres.

Una colección envidiable a la que habrá que sumar ahora un pequeño nuevo hito: la fabulosa sala Garriga i Nogués de Barcelona, propiedad de la Fundación Mapfre y obra del arquitecto Enric Sagnier. Entre sus paredes se podrá disfrutar hasta el próximo 8 de mayo –previo pago de 3 euros- de 41 de las obras de este artista multidisciplinar japonés.

“Hiroshi Sugimoto. Black Box” es una selección de cinco series compuestas por fotografías aparentemente –solo aparentemente- sencillas: “Seascapes”, “Portraits”, “Theaters”, “Dioramas” y “Lightning fields”.

Foto: Hiroshi Sugimoto
Foto: Hiroshi Sugimoto

Sugimoto: "Mi profesor es Ansel Adams. Maestro en lo técnico, no en lo estético"

En “Dioramas” y “Portraits”, dos de sus primeras series, Sugimoto se sirve de una representación escultórica de la realidad. Mientras el espectador percibe un gran antílope en su medio natural o al mismísimo emperador Hirohito, lo que en realidad está viendo es un animal disecado y un muñeco de cera. La mayoría de fotografías de “Dioramas” fueron tomadas en el Museo de Historia Natural de Nueva York.

Los retratos de figuras de cera de líderes mundiales -la mayoría de ellos ya muertos- son el leitmotiv de “Portraits”, donde la fotografía y lo que esta representa son reales, pero no así el sujeto. Una serie que –como la anterior- permite al autor dar su particular visión de la vida y la muerte.

Foto: Hiroshi Sugimoto

“Seascapes” está formada por una serie de paisajes marinos que por su grado de abstracción y su composición podrían recordar a algunos cuadros de Mark Rothko, pero en riguroso blanco y negro. Desde el Mediterráneo hasta el Mar del Japón pasando por el Báltico, la homogeneidad de la primera impresión que genera ver las nueve fotografías en una gran sala se diluye al acercarse a cada imagen: algunas muestran el horizonte claramente, mientras que en otras la bruma provoca que la mirada del espectador se pierda entre el mar y el cielo.

Toda la obra de Sugimoto destaca por su soberbia calidad técnica. “Mi profesor es Ansel Adams. Maestro en lo técnico, no en lo estético”, asegura el autor en una charla con el comisario de la exposición, Philip Larratt-Smith, recogida en el catálogo de la misma, de impecable factura. El de Tokio habla del resultado de los productos químicos utilizados para revelar obtenidos del inventor del sistema de zonas: “El mío está más orientado al tono medio. La capacidad se limita a esa gama. Las sustancias comerciales tienen un rango dinámico más amplio.”

Conviene recalcar que Sugimoto trabaja con negativos de gran formato y que las copias de la muestra -muchas prestadas por el propio autor- tienen tamaños que varían entre uno y dos metros de largo. Las series anteriores se benefician del gran detalle registrado mediante esta metodología de trabajo.

Foto: Hiroshi Sugimoto
Foto: Hiroshi Sugimoto

Las series “Lightning fields” y “Theaters” son más conceptuales y en ellas Sugimoto da más juego al propio medio. Así, la primera está realizada sin el concurso de una máquina fotográfica y las imágenes son el resultado que producen pequeñas descargas eléctricas sobre el negativo.

Para la segunda Sugimoto situó la cámara ante una gran pantalla de cine, manteniendo el obturador abierto durante todo el film y sobreimpresionando así esa zona en el negativo. El autor condensa de este modo un período de tiempo relativamente largo en una imagen que generalmente se percibe como instantánea.

Sugimoto hace referencia a la cámara como una especie de “máquina del tiempo”, ya que es capaz de representar escenas que tienen tanta validez ahora como la hubiesen tenido en tiempos remotos. Sus paisajes marinos y sus escenas con animales disecados son un buen ejemplo de ello.

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