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Con texto fotográfico

"Por dentro somos todos iguales" Hady Sy

 
Foto: Hady Sy (2e Bureau / ECFA)
14
FEB 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Un proyecto de enormes magnitudes llevó al fotógrafo Hady Sy a retratar a donantes de sangre por el mundo entero durante cuatro años. El trabajo de este artista francés de origen africano, que el pasado mes de septiembre se expuso en Visa pour l'Image, consta de 366 dípticos: un retrato y la fotografía de la bolsa con la sangre. Todo un llamamiento a la donación de sangre de forma desinteresada a nivel global. Comprometido por la desaparición de mecenas a causa de la crisis, el proyecto salió adelante gracias a un banquero libanés que corrió con los gastos. "Empieza ahora mismo, no te preocupes por nada", le dijo a Sy tras diez minutos de reunión.

Hady Sy

Mi hermana sufre de anemia y desde que era una niña ha necesitado transfusiones. Siempre había dudas sobre si habría suficiente sangre o quién podría donarla. Mi madre, mi padre y mi hermana sufrieron mucho cuando ella era joven. Así que pensé: ¿por qué no promover la donación de sangre gratuita y anónima? Se trata del mejor regalo que puedes hacerle a alguien, porque regalas vida a una persona que no conoces.

En este proyecto quería trabajar con sangre que fuera donada, no con sangre derramada. Ya se vierte demasiada injustamente en el mundo. La fotografía de la bolsa de sangre es tan importante, si no más, que el propio retrato. Porque esta sangre se ha utilizado para que alguien haya podido vivir durante más tiempo.

Por fuera todos somos diferentes y es algo maravilloso? es como la pequeña guinda encima del pastel. Pero por dentro somos todos iguales, todos somos del mismo color. Ésta es la razón principal por la que realicé este proyecto. Y también para mostrar que tenemos este tesoro tan precioso que es nuestra sangre y que podemos compartirlo.

Porque cuando hablamos de sangre no hay ricos ni pobres ni personas más o menos inteligentes. No hay nada. Si alguien lejos de aquí necesita sangre, si está en el quirófano o en urgencias, no pregunta de dónde procede esa sangre. Si de una mujer o un hombre, si de un musulmán, un judío, un cristiano o un budista. Si el grupo sanguíneo coincide, simplemente aceptas esa sangre y te sientes muy feliz por ti y la gente a la que quieres.

Fotografié a todos los personajes usando el mismo fondo, con el que viajé por todo el mundo, porque quería tener un elemento que los unificara. Desde un banquero o un ministro hasta un trabajador de las minas de oro o un profesor: todos han sido fotografiados frente al mismo fondo, así que este lienzo tiene un gran karma. También decidí fotografiarlos a todos con luz diurna, lo que fue una complicación en mi viaje alrededor del mundo, porque siempre tuve que estar pendiente del tiempo.

"Cuando hablamos de sangre no hay ricos ni pobres ni personas más o menos inteligentes"

Y quise retratar a todo el mundo de cerca. Estuve en todo tipo de sitios: granjas, grandes extensiones de campo verde, icebergs? En Nepal estuve viviendo una semana con unos granjeros en Chitipani, un pequeño poblado frente al Annapurna. En Bután hice una ascensión de 3.200 metros para fotografiar al monje más joven del que se tiene constancia. Fotografié de esta forma para tener una relación cercana con la gente. Quise que todo fuera natural, sin retoques, muy limpio.

El hecho de que algunos de los retratos sean en color es porque vestían de rojo, que recuerda a la sangre. Además, sirve para cortar un poco la homogeneidad del proyecto. Como la mujer que aparece en la fotografía, una periodista libanesa que sufrió amenazas de muerte por ejercer su trabajo. La voluntad de expresar su opinión pese a las dificultades hace que para mí sea uno de los personajes más importantes del proyecto.

Fotografié a 549 personas y finalmente me quedé con 365 y mi hermana, para representar que cada día hay alguien que necesita sangre. Empecé con la fotografía de Rita, un bebé con sólo un día de vida, ya que su sangre es universal porque el grupo sanguíneo se define a partir de la segunda o tercera semana de vida. A sus padres les encantó la idea y los doctores tomaron la sangre del cordón umbilical, que fotografié dentro de una bolsita. Y el retrato de mi hermana fue el último, junto a la última bolsa de transfusión que recibió hace medio año.

Es muy difícil realizar 366 retratos, porque es una de las disciplinas más complicadas de la fotografía: has de establecer una relación muy estrecha con la gente, has de hacerles participar, tener un diálogo con ellos del que ha de surgir un 'feedback'. Si no es así, el retrato no es bueno.

Expliqué toda la historia del proyecto a todos y cada uno de los retratados porque cada uno de ellos es importante para mí. Les conozco a todos por su nombre. Acababan de donar sangre y les fotografié justo después, así que su actitud era diferente, sabían que su acción era más importante que mi fotografía. Representan a millones de personas en el mundo y el mensaje que hay en lo que han hecho es maravilloso. Por eso los retratos son más poéticos.

Al mismo tiempo has de tener en cuenta que no se trata de modelos. Mucha gente no quiere que les retrates: pueden donar sangre, pero eso no quiere decir que les guste ser fotografiados. Y tampoco se trata de moda, en la que es sencillo buscar un estilismo y modelar la fotografía para hacer lo que quieres. Les pedí que fueran naturales, en su lugar habitual, con su vestimenta normal. No quise alterar nada en ellos: aparecen tal cual son. Sólo quise dignificarlos.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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