© Gustavo Cuevas (EFE)


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Gustavo Cuevas: "En la plaza de toros de Las Ventas se trabaja desde un burladero a la altura del tendido ocho. Tenemos un pequeño habitáculo para unos once fotógrafos. Estamos todos juntos, con el mismo tiro [en referencia al ángulo de cobertura de la toma en función de la posición del fotógrafo], aunque hay agencias que reservan asientos en otros tendidos.
Trabajar haciendo toros no es como el fútbol; no ves venir los incidentes. Tienes que hacer un esfuerzo de concentración importantísimo para no perder detalle, porque lo que pueda ocurrir no lo ves venir.
En este caso, me di cuenta de que el torero tropezaba hacia atrás y empecé a disparar. Inmediatamente, el toro se lanzó a por él, pero no vimos realmente qué pasaba. Nadie lo vio. Pensamos que había sido un golpe con la testuz, un revolcón. Luego, al revisar las fotos, nos dimos cuenta de la importancia de la cogida: el pitón le salía por la boca.
Esa foto me impactó gráficamente. Miré a mi compañero de El País y nos dimos cuenta de que era una foto importante.
Eso era en lo único en lo que pensábamos: que la foto era importante. Pensar en el torero, en si iba a sobrevivir o no, lo hicimos más tarde [a pesar de la gravedad del accidente, Aparicio sobrevivió a la cornada]. En aquel momento, lo único que pensamos fue que era un documento importante y que había que enviarlo [a la agencia] cuanto antes.
La autocensura no se nos pasó en absoluto por la cabeza. El torero que sale a la plaza sabe que está jugando con la muerte."
Declaraciones obtenidas por Eduardo Parra.
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