• "Cuando coleccionas fotografías vas creando una especie de película"
  • "Barcelona es un buen ejemplo de ciudad asediada por el turismo"
Entrevista
GUILLERMO CERVERA , FOTóGRAFO

"Se crea como un mito de fotógrafos de guerra… ¡es ridículo!"

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Foto: Guillermo Cervera
25
JUN 2014

Una mujer en tacones en primer plano robándole todo el protagonismo a un grupo de manifestantes. Esta fotografía de Guillermo Cervera durante la reciente crisis ucraniana resume la forma que tiene este madrileño de contar la historia: con sinceridad e independencia. Un punto de vista basado en lo que el fotógrafo encuentra en la calle, muy alejado de lo que los grandes medios se esfuerzan por enseñar. Cervera, que rechaza el apelativo de fotógrafo de guerra pese a haber sido testigo de varios conflictos armados, da un giro más a esa historia en “Last Patrol”, un libro que verá la luz en otoño y que narra un viaje a pie a través de Estados Unidos junto al director Sebastian Junger y dos veteranos de Afganistán.

¿Qué viene primero, la fotografía en zona de guerra o en zona de olas?

Lo primero que hice fueron fotos en una guerra, pero por puta casualidad. Tenía 23 años y un amigo me preguntó si nos íbamos a Bosnia. Pensé que iba en cachondeo, pero iba en serio y allí nos fuimos. Así comencé a hacer fotos profesionalmente para medios de comunicación.

Yo no me considero un fotógrafo de guerra. He estado en muchas guerras pero muy poco tiempo. Como todos los fotógrafos, que van y están una semana, un mes… Yo no me quiero denominar fotógrafo de guerra. Hago muchas más fotos en Barcelona, en Canarias y otros sitios.

El problema es que vas a una guerra una semana, haces cuatro imágenes y te consideras el gran fotógrafo de guerra, cuando en realidad ésa no es tu vida ni la de la mayoría de los que lo hacen. Van una, dos, tres semanas y luego se piran, y de ahí se crea un mito. Se crea como un mito de fotógrafos de guerra… [hace un gesto irónico] ¡Es ridículo! A mí me produce escalofríos cada vez que me llaman algo así.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

"Vas a una guerra una semana, haces cuatro imágenes y te consideras el gran fotógrafo de guerra, cuando en realidad ésa no es tu vida ni la de la mayoría de los que lo hacen"

De hecho en mi porfolio hay tres fotos de guerras. Y he estado en varias, pero me da igual. No lo considero lo más importante en mi carrera, y aunque siga yendo lo seguiré considerando una parte más de la historia, algo que hay que contar, sí, pero sólo una parte de lo que hago.

El tema de las fotos de surf es otra anécdota más en mi vida. A mí me encantaba el windsurf y me fui a Canarias para eso, sin ninguna intención de fotografiarlo: para disfrutar. Pero me quedé enganchado en Canarias con esa historia, con una chica, con la propia vida. Y me dije: ya que estoy aquí me pongo a hacer fotos.

Es complicado fotografiar surf porque las fotos las haces nadando y flotando. Has de estar fuerte porque son muchas horas en el agua y hay que meterse debajo de cada ola. Es agotador, pero también es muy gratificante. Al principio era difícil de vender porque tienes que ir conociendo a gente y las fotos no te salen bien porque estás aprendiendo. Pero poco a poco vas colocando el material.

¿Qué te aporta fotografiar surf?

El mar, el ejercicio en él. Yo siempre digo que todo ejercicio que uno haga dentro del agua es relajante y gratificante. Si además va unido a una actividad como la fotografía, pues aún lo es más.

¿Es complicado conseguir imágenes diferentes en el agua?

Al final, de cara a la gente, se ven todas iguales. Hay que darle un giro a la historia, buscar una fotografía distinta o muy impactante.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

Como indicabas antes, presentarte como fotógrafo de guerra sería un error propio de quien hubiese mirado más tu pasaporte que tu porfolio. ¿Qué es lo que te interesa contar de esos lugares en los que caen bombas?

Ha ido cambiando mi interés en estos lugares. Ahora acabo de volver de Ucrania, y lo que realmente me ha motivado ha sido ver cómo la mayoría de la prensa internacional focaliza su interés en una serie de cosas que no son realmente el todo de la historia. Aunque nos cueste mucho admitirlo, se manipula mucho la información. Se cuenta la historia de un país con cuatro puntos calientes cuando realmente no son más que cuatro puntos aislados y todo lo demás sigue funcionando.

"Se manipula mucho la información: se cuenta la historia de un país con cuatro puntos calientes y aislados cuando realmente todo lo demás sigue funcionando"

A mí lo que me está motivando es darle ese giro a la historia que muy poca gente le da. Si todos están haciendo fotos de los soldados rusos invadiendo Crimea -cuando en realidad han invadido tres bases y no están creando ningún conflicto e incluso están siendo simpáticos-, yo en vez de retratar qué malos son los rusos fotografío cómo viven los ucranianos. Mi motivación es este giro en contraposición a lo que la prensa internacional nos cuenta, que siempre es lo fácil.

Pero parece que es precisamente eso lo que la prensa espera de un reportero con una cámara colgada al cuello en Ucrania o Afganistán.

Es que en realidad eso es lo sencillo, es la crónica fácil: mirad a estos qué malos son. Cuando darle otro punto de vista es más complicado porque tienes que pensar, tienes que ser un poco más espabilado a la hora de contar la historia y hacer que sea realmente llamativa.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

Parece ser que este año el World Press Photo se ha querido redimir de su relación amorosa con la fotografía de guerra.

Pues la verdad es que no lo sé. Yo ya ni me meto, paso de todo eso; no me interesa. Es una polémica en la que no quiero entrar. Ni me gusta ni me deja de gustar. Yo voy a mi bola, intento hacer mi trabajo, soy un poco contrario a ir a los concursos porque no me gusta compararme ni sentirme alabado por haber ganado un premio.

"Soy un poco contrario a ir a los concursos porque no me gusta compararme ni sentirme alabado por ganar un premio"

Lo que quiero es que lo que yo hago me gratifique y piense que está bien hecho. Si no, sigo luchando y aprendiendo y aprendiendo. Esto es un constante aprendizaje en el que nunca hay que parar ni creer que se sabe todo.

Teniendo en cuenta lo que piden los medios, el tuyo es de los trabajos más independientes del panorama español.

Yo creo que en España hay muchos fotógrafos independientes y muy buenos. Lo que pasa es que, tal y como está el mercado, no se les reconoce. Es muy complicado vender el material: tienes que conocer a gente. Yo he tenido la suerte de tener una serie de contactos que a veces -pero no siempre- dan salida a lo que hago.

Pienso que no soy el único. Hay gente muy buena que sabe dar ese giro, pero desgraciadamente no les reconocen. Porque pasa lo de siempre: lo que buscan [los medios] es la foto fácil.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

Para alguien que haya estado en Ucrania tus fotos son las que más recuerdan a la antigua república soviética.

El Maidán quemándose es una realidad y hay que contarla. Ha hecho que caiga un presidente, es una historia importante. Yo no llegué a Ucrania cuando se combatía frente al parlamento, llegué después. Si hubiese llegado entonces, también hubiese contado [los acontecimientos recientes en] Maidán, pero no me habría focalizado en eso. De unas 50 fotos habría puesto dos, porque es la realidad. Un par de Maidán, un par de la casa del presidente… y el resto, Ucrania.

Hay que ser realista y darle a las historias la importancia que tienen dentro de un contexto y de un país. Esto es lo que me da rabia: cómo se focaliza una historia en ese tipo de cosas. La historia hay que contextualizarla para entenderla bien. Maidán se ha malentendido en Europa porque lo han focalizado. A los ucranianos en realidad se la sudaba, lo veían de lejos. Estaba ahí, sí, pero a ellos les importan otras cosas: seguir para delante.

Viajaste a Ucrania poco después de la destitución y huida de Víktor Yanukóvich, cuando las cosas se calmaron en el centro de Kiev.

Fui precisamente cuando había pasado ese punto caliente. Sabía que estarían todos los fotógrafos en Maidán y no me apetecía ir. Ya he vivido El Cairo y escenarios así y sé cómo son. No me apetecen. Me apetece más la vida cotidiana, todo lo demás. Cuando todo aquello se fuera a acabar para mí era un reto ir allí a sacar la historia.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

¿Se percibe en la calle esa idea de que Ucrania está tan dividida?

La verdad es que no. En Donetsk, que es uno de los sitios aparentemente más divididos en Ucrania, el domingo, que es cuando más manifestaciones se supone que hay, me fui a un partido del Shakhtar Donetsk, que es el mejor equipo del país, y el campo estaba petado.

En las manis había cuatro gatos y estaban todos los fotógrafos internacionales, y en el campo de fútbol, que era donde estaba realmente la población, no había ni un puto fotógrafo. Es esto a lo que voy.

"En las manis había cuatro gatos y estaban todos los fotógrafos internacionales, y en el campo de fútbol, que era donde estaba la población, no había ni un puto fotógrafo"

La realidad es que la gente en Ucrania no quiere movidas. Son hermanos, por muchas ideologías políticas que haya. Como pasaba en España cuando se murió Franco. Sí, había división política, pero en realidad no estábamos para hostias; lo que queríamos era tirar para delante. Es la impresión que me ha dado Ucrania: la gente no está para problemas y creen que las cosas se solucionarán de una manera política.

Ucrania la has resuelto con un estilo muy de street photography.

A mí me encanta hace fotos de calle. Lo hago constantemente: en Barcelona, en Ucrania, en Canarias… vaya donde vaya. Es lo que me gusta. Pienso que ser un fotógrafo de la calle es la mejor manera de documentar lo que hay, porque pasas desapercibido y sacas escenas reales.

Foto: Guillermo Cervera

¿Cómo te mueves para pasar desapercibido?

Yo creo que cómo coges la cámara dice mucho de cómo la gente va a reaccionar ante ella. Hay maneras de cogerla. La mía es muy sutil, muy de turista. Al parecer un turista pasas desapercibido, porque hoy en día todo el mundo tiene una cámara.

Afganistán es uno los países que mejor conoces. ¿Crees que sobrevivirá algo de lo que vimos en tu trabajo “Bye-Bye Kabul”?

Yo creo que no. De hecho yo ahora quiero volver a Afganistán; es mi próxima parada. Quiero esperar a que pasen las elecciones, porque otra vez va a estar lleno de periodistas y no me apetece ir. Quiero ver la impresión que me da. No sé… yo tengo la intuición de que eso va a caer, pero quiero verlo antes de que pase o no pase.

Es como una teoría en la que el auténtico momento histórico viene justo después de lo que provoca el cambio. ¿Te interesan más las consecuencias que los hechos?

Ahora sí. Me interesa el después. Había veces en que me interesaba precisamente ese momento. La vida te va cambiando las cosas, los intereses.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

Debe ser complicado pasar desapercibido y ser ese turista anónimo en Afganistán.

Yo creo que llamamos la atención en todos lados. En un pueblo de Extremadura, por ejemplo, no eres de allí y ellos lo saben. Todo el mundo sabe si eres del lugar o no, sea en Extremadura, en Donetsk, en Kabul o en Nueva York. La gente sabe que eres un puto guiri, un extraterrestre para ellos.

Hay que saber jugar con tu condición de guiri y no dar demasiado el cante. Ser empático, respetar la cultura del lugar para que luego ellos te respeten a ti.

Tú siempre has roto una lanza a favor de quienes os ayudan a conseguir noticias e imágenes: los fixers.

Hay sitios en que los fixers son imprescindibles. No precisamente en Crimea, pero en Kabul, en el Congo… muchas veces sin ellos no hay historia. En ocasiones te la regalan, te la ponen ellos.

¿Y en Ucrania?

La verdad es que hoy en día con Google lo tienes todo. Yo en Crimea alquilé un coche y compré una SIM, y como tenía Internet en el móvil fui a mi bola donde quise. Aun así hubo un par de veces que me ayudaron y me hicieron las cosas más fáciles, pero lo podría haber hecho sin ellos.

En Odesa no tenía un fixer pero me hice amigo de un fotógrafo local, Sergei, que estaba trabajando para AP [Associated Press]. Me llevó a la playa de Odesa, un sitio que yo no hubiese encontrado por mí mismo. Era toda una historia esa playa: era maravillosa. Hice una foto muy bonita en la que salen unos chicos jóvenes: uno con una gorra como de marino y una tía con un tatuaje en la pierna. Y fue gracias a que me llevó Sergei. Muchas veces la gente local te aproxima a sitios súper interesantes a los que no podrías llegar solo.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

A raíz de tu encuentro con el fallecido fotoperiodista Tim Hetherington en Misurata, en Libia, Sebastian Junger contactó contigo para darle una vuelta de tuerca más a la forma de contar una guerra: abordar los miedos traumáticos que persisten en quienes la vivís como reporteros o soldados. ¿Cuál es la historia de “Last Patrol”?

El documental sale en otoño y va sobre cuatro tíos [dos veteranos de la guerra en Afganistán, Cervera y el director Sebastian Junger] que vienen de situaciones de conflicto y que atraviesan Estados Unidos caminando y viviendo en la calle. Salen muchas emociones y sensaciones. Va de nuestras historias y de Estados Unidos, un país que ahora está en una situación muy complicada socialmente.

La verdad es que ha sido muy bonito hacerlo. Recorrimos una parte de Estados Unidos, unos 600 kilómetros, en varias etapas. En total fue un mes y medio.

¿Cuál fue el ambiente que viviste con tus tres acompañantes? ¿Afloraron vuestros miedos?

No, más que miedos lo que hubo fueron ganas de desconectar, de vivir otra historia diferente. Para mí fue un relax ir allí. Ha sido un tema de caminar y desconectar de mis historias personales.

Decías antes que haces más fotos en España que en lugares en conflicto. ¿Qué te atrae de tu país?

A mí me llama lo mismo aquí que en Kabul. Yo creo en las situaciones extrañas que se producen en las calles, y se dan en todos lados las mismas o similares. Eso es lo que me gusta fotografiar y la motivación es la misma en Barcelona, en Kabul, en Crimea o en Lanzarote. Sólo cambia el escenario.

Foto: Guillermo Cervera
Foto: Guillermo Cervera

Esta primavera estrenabas en la Sala Ciutat de Barcelona la exposición “Arte y parte”, dedicada precisamente a los museos y entre los cuales hay varios de la ciudad condal.

Hace años estaba en Nueva York fotografiando la calle y para tomarme un relax pasé por el Metropolitan. Vi que se podían hacer fotos, cosa que en muchos otros museos no dejan. Había una luz natural muy bonita que entraba por arriba.

Llevaba una Leica de carrete y me senté delante de un cuadro del siglo XVIII en el que salían dos mujeres gorditas enrollándose como bolleras, y me di cuenta de que las chicas que iban juntas, al verlo, reaccionaban raro: se reían, se tocaban… Me sorprendió y comencé a fotografiar esas reacciones frente al cuadro.

Al revelarlas vi que el grano de la película unificaba la escena real con el cuadro, convirtiéndolo en otro cuadro. Me gustó mucho cómo el grano podía igualar la textura diferente que tenía una obra de arte con la realidad. Era como una simbiosis.

Le comenté a Joana Bonet, que era directora de Marie Claire, esta historia de mujeres viendo un cuadro de mujeres. Le encantó y quiso hacer algo con aquello. Me consiguió acceso a más museos que normalmente no dan permiso, como el Prado, para poder seguir. Llevo años con este tema.

Foto: Guillermo Cervera

Surgió la posibilidad de hacer esta exposición en Barcelona, pero con la condición de que un 80% de las fotos fuesen de museos de la ciudad. Como no las tenía, tuve que venir a hacerlos. Así surgió la muestra. La mayoría son del MACBA, el MNAC, el CCCB, el museo de la Música, el de Zoología y la fundación Miró.

"He estado en siete guerras, y no he tenido peores sensaciones en todo el mundo que fotografiando museos en general, sobre todo en España y en Barcelona"

Es curioso… En los museos ves cómo es la gente, cómo reaccionan ante un fotógrafo. La gente, digan lo que digan, está aburrida y está más pendiente de lo que está pasando alrededor que de lo que están mirando. Cuando estás con una cámara la gente reacciona de muchas maneras, pero ninguna buena. Sobre todo en Barcelona.

Aquí es donde la gente ha sido más antipática y desagradable conmigo por la cámara. Se piensan que son la Pantoja, que una cámara les va a producir el mayor mal que puede ocurrirles en su vida. Te atacan, te insultan, te miran mal… es muy desagradable.

No he tenido peores sensaciones en todo el mundo –y he estado en siete guerras y en situaciones sociales de todo tipo– que fotografiando museos en general, sobre todo en España y en Barcelona. También en Madrid han sido muy desagradables.

Parece que la socialización de la fotografía, en este aspecto, ha hecho que la gente sea más reacia a ser fotografiada en vez de aceptar el valor de una imagen.

Yo creo que la gente sigue igual de colgada. Creo que esta actitud del español frente a la cámara es un problema de mentalidad. Dice de cómo somos, de cómo es la sociedad.

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