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Con texto fotográfico

"A diferencia de España, en Afganistán no he tenido nunca ningún problema para fotografiar" Guillermo Cervera

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Foto: Guillermo Cervera (La Vanguardia)
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MAR 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Un paseo por Kabul, una sombra suave de atardecer, un tiovivo y dos jóvenes improvisando un juego. Ingredientes suficientes para que Guillermo Cervera capturara una imagen evocadora, capaz de inspirar al periodista Plàcid Garcia-Planas para escribir una historia sobre tayikos y pastunes en un país donde fotografiar en la calle es mucho más fácil que en España. Una historia de etnias afganas que nace de la curiosidad del fotógrafo madrileño y la inestimable ayuda de su fixer.

Guillermo Cervera

Estaba en Afganistán haciendo un trabajo general sobre diferentes temas. Colaboro con La Vanguardia, entre otros medios, y en ese momento estaba haciendo algunas cosas con Plàcid [Garcia-Planas, periodista del mencionado periódico].

Yo muchas veces cojo la cámara, me pongo a caminar por los sitios y fotografío lo que veo. En este caso no estábamos haciendo nada en concreto. Iba a mi bola con la cámara caminando y de repente vi esa situación, que me pareció curiosa porque era un tiovivo portátil en mitad de un sitio público en Kabul con estos dos chavales jugando.

Hice varias fotos y salió ésta. La verdad es que es una foto muy bonita. Me gusta mucho porque tiene un punto de mística: los chicos rozando el suelo, la luz, Afganistán...

Se la enseñé a Plàcid. Le encantó e hizo una historia que hablaba de los tayikos y los pastunes en Afganistán. En realidad éste es uno de los motivos principales de todo lo que pasa allí: las diferencias étnicas que hay en el país, que son muy marcadas y generan conflicto. Los pastunes son mucho más religiosos, los tayikos mucho más liberales, y esto al final crea problemas.

"Donde veo gente más desagradable ante las fotos es en España, más que en Afganistán, Libia... Aquí parece que todo el mundo se cree Lola Flores"

Los chavales, a diferencia de aquí [en referencia a España], todavía se siguen divirtiendo en la calle, haciendo lo que yo también hacía de pequeño: salir y jugar con lo que hubiese. Esto ya se hace menos porque la gente tiene miedo. Pero allí los niños salen y juegan con lo que tienen. Estos dos chavales vieron la oportunidad de subirse ahí, como hacen con cualquier otra cosa, por ejemplo con las cometas. Siempre juegan en la calle. No tienen videojuegos, no tienen televisión: salen y juegan.

Curiosamente en Afganistán no he tenido nunca ningún problema para fotografiar. Bueno, el año pasado tuve un problema grande, pero por una metedura de pata mía, que me puse a fotografiar en una boda en la que me colé… Todo fue muy rápido y casi me linchan. Pero también casi me linchan en España por hacer una foto a una señora que era una bruta y me montó un pollo. Llegó su hijo, llegó otra persona…

O sea que curiosamente yo siempre digo que donde veo gente más desagradable ante las fotos es en España, más que en Afganistán, Libia, etcétera. Aquí me parece que todo el mundo se cree Lola Flores: que si los derechos de imagen, que si tal. Cuando si estás en la calle con la cámara, mientras no te metas en un sitio privado, tienes todo el derecho del mundo para hacer una foto.

En Afganistán parece que lo tienen mucho más claro y nunca he tenido ningún problema, quitando ese que he comentado, y aquí los tengo habitualmente. En Afganistán se trabaja fenomenal. Hay sitios que evidentemente son muy peligrosos por la guerra, pero en general la gente es muy agradable.

Allí, con Plàcid, muchas de las historias que había surgían a raíz de una foto. Yo siempre he tendido a salir con mi cámara a buscar historias, a buscar fotos. En esto nos complementábamos porque yo iba a mi bola y él a la suya.

"Los periodistas tendemos a olvidarnos de los fixers y a hacernos los protagonistas de las movidas cuando en realidad le debemos la historia al fixer"

Cuando encontraba algo curioso, como un travesti de Kabul, esta misma foto de los niños o una historia en Kandahar, eran movidas que yo descubría gracias a Bashir, el fixer [guía e intérprete] que me ayudaba. Entonces yo hacía la foto se la enseñaba a Plàcid, que a veces flipaba con la historia y venía para ver lo que había. Por eso era un buen complemento. De alguna manera era la cosa al revés, porque la historia surgía a raíz de una foto.

Yo siempre digo que los periodistas tendemos a olvidarnos de los fixers y a hacernos los protagonistas de las movidas cuando en realidad le debemos la historia y casi el 80% de todo el trabajo al fixer, el tío que nos adentra en su mundo.

Muchas de estas movidas sobre las que luego ha escrito Plàcid las encontré yo con mi fixer. Le doy el crédito a mi fixer, porque sin ellos no somos nada. Luego los periodistas tendemos a decir ‘mira qué buenos somos’, cuando en realidad le debemos la historia a un tío que se queda allí, al que le hemos dado cuatro duros y a quien nadie ayuda.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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