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GUíA PARA CINéFILOS EXIGENTES (PARTE II)

Optimización de un sistema de cine en casa: ante todo, prestaciones y una buena relación calidad-precio

 
17
JUL 2008

La correcta elección de las cajas acústicas y la amplificación tiene una importancia determinante -al igual que la del dispositivo de visualización de imágenes y la fuente de lectura- para disfrutar de una experiencia audiovisual realista e impactante. Los componentes del equipo han de combinar de modo equilibrado una calidad libre de toda sospecha y una excelente sinergia. A la vez, es imprescindible que se instalen con suma meticulosidad conforme a las características de cada sala.

El conjunto de pantallas del sistema de cine en casa (cinco en los habituales de sonido envolvente Dolby Digital y DTS, y seis o más en las versiones extendidas de estos procedimientos, denominadas Dolby Digital EX y DTS ES, dejando aparte el subwoofer) han de ser preferiblemente de la misma marca y de contrastada solvencia.

La combinación de cajas acústicas de distintas firmas suele comportar alteraciones más o menos pronunciadas en el equilibrio tímbrico y en la coherencia del sonido.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
La conjunción entre los aspectos visuales y acústicos determinará la calidad de la experiencia del equipo de cine en casa.

De hecho, cada fabricante diseña de forma diversa los transductores (altavoces), la topología circuital del filtro divisor de frecuencias y el recinto de las pantallas, por lo que su personalidad sonora difiere notablemente de la de las realizaciones de otras compañías.

Es conveniente que las cajas acústicas de los canales principales estén separadas entre sí por una distancia apropiada (sobre unos dos metros) y con una inclinación hacia su interior de unos 10 a 15 grados, aproximadamente, lo que permite conseguir un frente sonoro amplio, bien focalizado y coherente.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Hay una gran variedad de cajas acústicas en el mercado y su elección dependerá de muchos factores.

Por su parte, la caja acústica del canal central ha de situarse en la parte superior o inferior del dispositivo de visualización y en el mismo eje de simetría que las pantallas de los canales principales, pero sin sobresalir en ningún momento.

No hay que pasar por alto no sólo que tiene el crítico cometido de reproducir con claridad y sensación de presencia los diálogos de las películas, sino que además contribuye de forma decisiva a que las transiciones sonoras entre los canales principales sean fluidas, cohesionadas y sin desagradables "huecos acústicos".

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Para sacarle el máximo provecho a la inversión hay que disponer todos los elementos de la forma más correcta posible.

En este sentido, es imprescindible que la caja acústica del canal central haya sido concebida con los mínimos compromisos cualitativos.

A su vez, es muy conveniente que esté blindada magnéticamente, con el objeto de evitar perturbaciones electromagnéticas en los dispositivos de visualización, y más en concreto en los televisores de tubo de rayos catódicos, que originan una nefasta distorsión. Se trata de un problema que -todo sea dicho- no aqueja a los modernos paneles de plasma y LCD.

Función de las pantallas de efectos
Las cajas acústicas de los canales de efectos deben colocarse a una distancia conveniente detrás del oyente y a una altura superior a la del oído. Esta precaución es fundamental por cuanto estos canales están grabados con un retardo de unos 50 milisegundos con respecto a los canales principales y el central.

De ahí que, aun cuando el primer sonido proceda de los canales de efectos como resultado del denominado efecto Haas, el oyente tiene la sensación de que la fuente de la emisión sonora proviene de la parte frontal, algo que es indispensable para la credibilidad de la sensación de sonido envolvente y tridimensional. Esta ilusión se desvirtúa -como es lógico- cuando las pantallas de efectos están mal ubicadas.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
La ubicación y ángulo de los altavoces laterales y traseros es otro factor a tener en cuenta para asegurar un buen rendimiento del equipo.

Deben estar orientadas asimismo con una inclinación de entre 45 y 60 grados para recrear con precisión y autenticidad el campo sonoro perimétrico, de manera que nos sintamos envueltos en el ambiente de la película.

En los sistemas Dolby Digital EX y DTS ES, que emplean un canal de efectos adicional (o Surround Back), las cajas han de situarse en forma de arco acústico en torno al oyente, con una concienzuda orientación que permita localizar con concisión los efectos de sonido direccionales.

En los modernos sistemas multicanal, son recomendables las pantallas de tipo monopolar convencional y las denominadas bipolares, con dos conjuntos de altavoces que radian en fase acústica.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Elegir cajas de una misma marca garantiza un funcionamiento óptimo.

Las cajas acústicas de este último diseño garantizan tanto la reproducción precisa del ambiente sonoro de la película como la localización espacial de los efectos. Unos requisitos que no cumplen las pantallas monopolares, ya que aunque disponen de un par de conjuntos de transductores como las bipolares, éstos actúan en oposición de fase.

De hecho, las primeras fueron ideadas para reproducir un campo sonoro envolvente difuso, lo que era suficiente en el superado procedimiento analógico Dolby Pro-Logic con canal de efectos monofónico.

El subwoofer, embajador de unos graves potentes y controlados
La misión del subwoofer consiste en restituir con nitidez e impacto el canal de bajas frecuencias (LFE o 0.1) de las bandas sonoras grabadas en Dolby Digital y DTS. Su tamaño también ha de estar en consonancia con el de la sala. Puede ubicarse en cualquier punto de la misma, por cuanto la radiación de las frecuencias bajas del espectro es omnidireccional.

Sin embargo, los mejores resultados se consiguen, por regla general, colocando el subwoofer a una distancia próxima a la pared situada en la parte posterior de las pantallas principales. Aun así, nunca debe estar literalmente pegado a ella. Evitamos de este modo una enfatización artificial de la zona inferior del espectro que sacrifique el equilibrio tonal del sonido.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Aunque suele pasar desapercibido, la ausencia de un buen subwoofer repercute negativamente en la experiencia acústica del conjunto.

Actualmente, la mayoría de los subwoofers de calidad son activos, es decir, disponen de un amplificador propio para accionar el altavoz de graves. Esta característica les confiere una mayor versatilidad que los pasivos, carentes de amplificador.

Otra gran ventaja de los primeros reside en que liberan el amplificador de la dificultosa tarea de amplificar las frecuencias graves.

Esto reduce el riesgo de que se incremente sustancialmente la distorsión cuando el aparato ha de reproducir señales de baja frecuencia y gran amplitud, así como la rápida saturación ("clipping"), que afecta sobre todo a los amplificadores de potencia modesta.

Los subwoofers activos disponen de un control de volumen que hay que ajustar meticulosamente para que el balance del espectro de audio sea correcto, y de un selector de la frecuencia de transición con las cajas acústicas de los canales principales.

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Las prestaciones de los altavoces dependen de factores como el tamaño y las pantallas.

Cuando se emplean pantallas de tipo columna -con una respuesta en graves extensa, por tanto-, es conveniente elegir un punto de corte bajo. Si son de tamaño compacto, es siempre preferible una frecuencia de transición alta.

Otro ajuste es el de la polaridad absoluta, de gran utilidad en salas muy espaciosas, por cuanto son propensas a las cancelaciones de fase acústica derivadas del amplio recorrido que realizan las notas graves hasta llegar al oído.

El músculo electrónico del equipo
La amplificación de audio y vídeo debe combinar una potencia holgada, una respuesta en frecuencia extensa y lineal, muy baja distorsión tanto armónica como por intermodulación y una fuente de alimentación adecuadamente dimensionada, que la faculte para reproducir sin dificultad ni alteraciones la amplia gama dinámica y los intensos picos transitorios de las películas con sonido multicanal.

Al mismo tiempo, ha de disponer de una completa dotación de entradas y salidas de audio y vídeo, tanto analógicas como digitales, incluyendo varias tomas HDMI (High Definition Multimedia Interface), preferiblemente en la versión 1.3 de este avanzado formato de conexión de A/V.

Esto asegura la compatibilidad de la amplificación con los dispositivos de visualización Full HD, que están capacitados para ofrecer una resolución de 1080 líneas horizontales con barrido progresivo (1080p).

Foto: Álvaro Méndez (Quesabesde)
Contar con una entrada de vídeo por componentes y dos o más puertos HDMI es algo habitual en los equipos de prestaciones medias.

Tal y como se ha indicado anteriormente, los mejores resultados se logran -de lejos- con un conjunto de gama alta formado por previo-procesador de A/V y etapa de potencia multicanal.

Los amplificadores y receptores integrados de última generación de marcas de primera fila proporcionan una satisfactoria calidad de sonido e imagen. A la vez, la mayoría de ellos incluye una salida preamplificada para conectar una etapa de potencia externa que permite realzar las prestaciones.

El correcto ajuste del volumen sonoro y la ecualización de los diferentes canales suele ser también complejo, y requiere una gran dosis de paciencia y experimentación. Puede ocuparse perfectamente de esta pesada tarea el establecimiento especializado en que el aficionado ha comprado el equipo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Preguntar a un profesional sobre la correcta configuración nos evitará sorpresas desagradables.

En cualquier caso, son de gran utilidad sistemas de ecualización como el YPAO (Yamaha Parametric Room Acoustic Optimizer) y el MultEQ XT de la firma Audyssey Labs, que incorpora la actual gama de componentes de A/V de Denon y Marantz, entre otras marcas acreditadas.

A pesar de su sofisticación, dichos circuitos han sido diseñados con el propósito de facilitar el ajuste de la amplificación con el concurso de un micrófono de medición y un generador de ruido rosa, que permite poner a prueba el equipo al abarcar la gama completa de frecuencias audible, es decir, entre 20 y 20.000 Hz.

Así, los indicados procedimientos de ecualización contribuyen decisivamente a optimizar el realismo del sonido envolvente en varios puntos de la sala con relativa independencia de la posición en que está situado cada oyente.

Hay que hacer también hincapié en que la elección de cables de conexión de buena calidad, tanto de audio como de vídeo, tiene igualmente una destacada importancia para maximizar los resultados del sistema audiovisual. Los fabricantes de primera línea en esta materia comercializan un generoso repertorio de modelos asequibles con cualidades técnicas notables.

Están construidos con hilos conductores de cobre de alta pureza (OFC), y a la vez se caracterizan por una geometría concienzudamente estudiada para reducir a su mínima expresión tanto la capacitancia como la inductancia.

Foto: Joan Piella (Quesabesde)
Siempre que sea posible deberemos utilizar cables de calidad contrastada.

También aseguran una impedancia estable en todo el rango de frecuencias, a lo que debe agregarse su cuidadoso apantallamiento dieléctrico.

Los cables llamados "esotéricos", de muy alto precio y destinados a equipos de máximo nivel, suelen estar diseñados a partir de las mismas recetas tecnológicas que los más sencillos.

Los refinamientos que incluyen con el fin de justificar su ostentoso precio son de interés bastante cuestionable, por cuanto no se traducen en una mejora realmente apreciable de las prestaciones, pese a que los aficionados puristas más puntillosos así lo creen.

En cualquier caso, hay que tener cautela y utilizar cables de la mínima longitud que sea posible. Así, incluso los modelos altamente sofisticados introducen siempre ligeras pérdidas, desfases y alteraciones de diversa índole en la señal de audio y vídeo, que comprometen en alguna medida la calidad de la imagen y el sonido.

Agradecimientos: buena parte de las imágenes que acompañan a este artículo se han realizado en las instalaciones de Macam Audiovisuals, en Barcelona.

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