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Diario de un fotógrafo nómada

Guía útil para fotografía de viaje: el equipo digital

 
7
JUN 2007

A un paso del verano, son muchos los que ya han decidido cuál será su destino para estas vacaciones, aunque no son tantos los que tienen claro qué equipo fotográfico se llevarán para inmortalizar sus recuerdos. Hay tantas formas de fotografiar como de viajar, y es por ello que conviene saber exactamente qué necesitamos y cómo tenemos que organizarnos.

Desde que los precios de la tecnología digital se han hecho asequibles a todos -o casi todos- los bolsillos, la cámara de fotos se ha convertido en una compañera de viaje tan imprescindible como el cepillo de dientes. Puede decirse que casi no queda un lugar en el mundo, por remoto que sea, donde no haya alguien fotografiando con una cámara digital o un teléfono móvil.

Foto: Nómada
La afición a la fotografía es universal. Jiayuguan, Asia Central.

Desde el punto de vista del aficionado, la fotografía de viajes implica una enorme contradicción: intentamos llevar el equipo más cómodo posible cuando, precisamente, más solemos fotografiar. Y es que al visitar sitios nuevos, queremos llevarnos imágenes de recuerdo o hacer pinitos más "artísticos".

Foto: Nómada
Los viajes, las vacaciones. el mejor momento para fotografiar.

En la época de la película había diferentes opciones para ir de viaje con la cámara fotográfica: desde gente que llevaba una réflex con varios objetivos y numerosos rollos (a color, blanco y negro y diapositiva de diferentes ASA), hasta quienes recurrían a una pequeña compacta y cuatro carretes para retratar todas sus vacaciones.

Con las cámaras digitales el panorama no ha cambiado.

Foto: Nómada
Pakistán: vendedores de carretes de fotos.

Es evidente que a todos nos gusta tener fotos de nuestras andanzas. Pero, ¿qué equipo llevar? Eso deberíamos tenerlo claro unas cuantas semanas antes de partir, para que nos dé tiempo a completar lo que nos falte y no andar con prisas a última hora.

Una pequeña cámara compacta de bolsillo puede hacer un gran papel, tanto si lo que queremos es tener un recuerdo de nuestras vacaciones como si aspiramos a cotas más altas y tenemos inquietudes fotográficas algo más ambiciosas.

Foto: Nómada
Con una compacta podemos recorrer el mundo entero.

La cámara es una herramienta que ayuda, y cuanto mejores son las ayudas, mejores son los resultados. Pero nada es tan importante como el gusto y buen hacer de quien la maneja.

El mejor horno del mundo no garantiza el mejor pan del mundo, del mismo modo que tener la cámara más completa del mercado tampoco garantiza hacer fotos insuperables.

En función del presupuesto de que dispongamos, lo primero y principal es escoger el tipo de cámara que queremos llevar: ¿réflex o compacta? O lo que es lo mismo: ¿más peso y prestaciones o más comodidad?

A la hora de escoger, habrá que leer detenidamente en las especificaciones técnicas el peso y las dimensiones del modelo que nos interese.

Foto: Nómada
Equipos réflex: más prestaciones, pero mayor peso y volumen.

El tipo de viaje que vayamos a hacer puede influir en nuestra decisión. Si es tranquilo y con pocos cambios de alojamiento, un equipo réflex no nos estorbará mucho.

Si vamos a hacer -pongamos por caso- un crucero o nos decidimos a pasar 15 días en un hotel de sol y playa, la cámara estará mucho tiempo en el camarote o en la habitación y sólo la usaremos en las escalas del barco o en las excursiones por los alrededores. (El resto lo dedicaremos a bañarnos a o dormir la siesta en una tumbona.)

Paradójicamente, este tipo de turismo en el que se usa poco la cámara no requiere de un pesado equipo réflex. Se trata de viajes más sedentarios, en cuyo caso lo más lógico es llevar una cómoda, práctica y manejable cámara compacta, pues sólo se pretende tener fotos de recuerdo de las vacaciones.

Foto: Nómada
El viaje tranquilo, de descanso, suele ser el más frecuente.

La decisión comienza a ponerse difícil cuando vamos a hacer un viaje en el que estaremos en constante movimiento. Imaginemos un circuito por Italia, con muchos medios de transporte, cambios de alojamiento y caminatas frecuentes. Ahí es donde empiezan los quebraderos de cabeza.

De nuevo, surge la pregunta clave: ¿prestaciones o comodidad? Para fotografiar todas las maravillas de Florencia, ¿llevaremos tan sólo una pequeña compacta? Cada uno tiene su respuesta.

Foto: Nómada
Hay muchas formas de hacer turismo fotográfico.

Una vez decididos por uno u otro sistema, la siguiente decisión consiste en saber qué tipo de fotografía vamos a hacer para dilucidar qué rango focal necesitaremos.

De entrada, desecharemos las lentes fijas, ya que un zoom de como mínimo 3 aumentos será mucho más polivalente y nos evitará meter más objetivos de otras focales -léase más peso- en la mochila.

En cualquier caso, hay quien con un 35 milímetros fijo ha recorrido medio mundo. ¡Eso sí es comodidad! Nuevamente, cuestión de gustos.

Foto: Nómada
Un cuerpo réflex con un objetivo fijo puede convertirse en una "compacta de lujo".

Si vamos a visitar ciudades y sus edificios (templos, mezquitas, museos), si vamos a callejear, si andamos por la montaña u otros entornos naturales, necesitaremos ópticas angulares.

Una cámara con un zoom de 24-70 ó 28-90 milímetros, aproximadamente, nos hará un excelente trabajo. En su defecto, un objetivo de 35-110 milímetros, también puede resultarnos muy útil.

Foto: Nómada
En fotografía de paisaje, la focal más utilizada es la situada entre los 24 y los 50 milímetros.

Si queremos fotografiar personas, detalles a media distancia, escenas en mercados tradicionales u otros motivos que requieran una cierta discreción, para no molestar o para no romper la espontaneidad de una escena o de un gesto lo ideal será tener a mano un zoom que llegue hasta los 200 milímetros.

Foto: Nómada
Para retratar personas, posando o distraídas, un zoom de 80-150 milímetros será muy adecuado.

En caso de que queramos hacer un safari por algún parque natural, tendremos que llevar un zoom o un teleobjetivo que llegue -por lo menos- a los 300 milímetros.

Si nuestra pasión es la ornitología y vamos a pasar las vacaciones fotografiando todos los pajarillos que habitan en los alrededores del pueblo donde veraneamos, la focal para obtener resultados satisfactorios tendría que alcanzar los 500 milímetros.

Foto: Nómada
Los deportes, un parque acuático, un safari. requieren zooms largos.

Antes de tomar la última decisión conviene saber que una cámara compacta es lenta enfocando. Así pues, será más difícil obtener buenas fotografías de personas o animales si no permanecen quietos, y mucho más a medida que la luz empieza a escasear, pues la velocidad de respuesta del enfoque se ralentiza aún más.

Hoy por hoy, el mundo de las compactas ofrece un amplio abanico de posibilidades, desde modestos zooms de 3x hasta poderosos objetivos de 15 aumentos estabilizados.

Foto: Nómada
Las compactas de pequeño tamaño suelen tener zooms de 3x y 5x.

Si hablamos de cuerpos réflex, la oferta de ópticas es tan extensa que es raro no encontrar un objetivo que no se ajuste a nuestro gusto y presupuesto. No nos olvidemos, por otra parte, del factor de recorte o magnificación, es decir, el número por el cual quedará multiplicada la distancia focal de nuestros objetivos en función del tamaño del sensor de nuestra cámara réflex.

Otro criterio a la hora de escoger el equipo es su sistema de alimentación. Para unos lo más cómodo son las cámaras con pilas desechables o recargables. Cuando se agotan o no podemos recargarlas, siempre conseguiremos otras nuevas en cualquier rincón del mundo. Además, también pueden servirnos las de otros aparatos que tengamos.

Foto: Nómada
Compacta con alimentación a pilas, recargables o desechables.

Hay también aficionados que prefieren el sistema de baterías recargables: una en la cámara y otra de repuesto. Con la autonomía que ofrecen podemos disparar y revisar sin miedo cientos de fotos, con flash y utilizando la pantalla. Y esto es ciertamente una ventaja respecto a las pilas, cuya autonomía es inferior.

Podría estropearse el cargador, sí, pero ésa es una posibilidad que es preferible no contemplar. Puestos a ser gafes, también es posible que se dañe la cámara, se raye un objetivo o que, al cambiar la tarjeta, nos entren ganas de estornudar y nuestra pequeña SD Card se nos vaya volando hasta lo más recóndito de una alcantarilla.

Foto: Nómada
Pilas o baterías, la eterna pregunta.

Cuando pretendemos que nuestra compañera de viaje sea una réflex, nos pasamos días pensando en marcas, modelos, prestaciones. Sin embargo, no le dedicamos ni un minuto al accesorio más importante y económico, el complemento del que dependerá nuestra comodidad: la correa.

Cada marca incluye "de serie" sus propias correas, y todas, sin excepción, resultan estrechas, duras y se clavan en el cuello y los hombros al poco de llevar el equipo encima.

En invierno no hay tantos problemas, ya que al ir abrigados la ropa hace el efecto de almohadilla. Pero en verano, que sólo llevamos una camiseta, podemos terminar con la espalda como la de un Ecce Homo.

Existen fabricantes de accesorios que ofrecen modelos de correas anchas en neopreno elástico, un material muy cómodo que reparte mucho mejor los pesos y reduce las molestias de llevar la cámara durante tiempos prolongados. Quien prueba estas correas no vuelve a utilizar las de serie.

Foto: Nómada
La correa es fundamental a la hora de cargar con un equipo réflex.

Otro complemento a tener en cuenta son las tarjetas: ¿cuánta capacidad de memoria debemos llevar? Éste es un tema que va cambiando a medida que evolucionan los modelos. Hace dos años, con llevar un par de tarjetas de 512 MB ya era suficiente; hoy en día, esa capacidad es un tanto escasa.

Actualmente, casi todas las cámaras son de 6, 8 y 10 megapíxeles, y la tendencia de los fabricantes parece que es la de seguir aumentando este factor progresivamente. Así las cosas, nos encontramos con que cada imagen, cada archivo JPEG, ocupa más espacio en la tarjeta, sea cual sea el grado de compresión que escojamos para guardarlo.

Y si disparamos en RAW, el problema se duplica. Y es que una imagen en este formato ocupa aproximadamente el doble que un JPEG a máxima calidad y tamaño, por lo que podemos agotar la tarjeta en un abrir y cerrar de ojos.

Por tanto, parece recomendable no salir de viaje sin al menos dos unidades de 1 GB cada una, para no tener que ir revisando y borrando las peores fotos cada cuarto de hora por miedo a quedarnos sin sitio para guardar las siguientes.

Foto: Nómada
Hay una gran variedad de modelos de tarjetas con diferentes capacidades.

Cuando el viaje es largo, incluso 2 GB pueden resultar pocos, ya que la tarjeta es un sistema de almacenamiento intermedio y temporal. Se hace necesario buscar "cyber-sitios" o tiendas de fotografía que dispongan de ordenador para ir descargando las tarjetas a discos CD o DVD.

Claro que también está la opción de hacerse con un disco duro portátil para ir descargando ahí nuestras fotos. Estos dispositivos se están imponiendo rápidamente, pues son una alternativa muy práctica y económica.

Los hay de todos los tamaños, precios, capacidades y prestaciones: desde los discos duros que se encargan exclusivamente de guardar nuestras fotos, hasta los más avanzados con funciones multimedia, que ofrecen prestaciones MP3 y MP4 para escuchar música y visualizar en su pantalla las fotos o vídeos que hemos guardado.

Foto: Nómada
Disco duro portátil, equipado con pantalla y funciones multimedia.

Muchos disponen de batería propia y una o varias ranuras para introducir los principales estándares de tarjeta de memoria: CompactFlash de Tipo I y II, SD Card, xD-Picture Card, etc. Si el disco duro sólo tiene una ranura, podemos comprar un adaptador para admitir otro tipo de tarjetas.

Para muchos, el disco duro portátil, además de librarnos de llevar una ensalada de tarjetas, tiene otra ventaja: puede almacenar las fotografías de otros compañeros de viaje. Sí, esas que nos hacen subidos a un camello (o haciendo el camello), con lo cual evitamos tener que pedir que nos fotografíen con nuestra propia cámara y eludimos la protocolaria pregunta: "¿Y qué tengo que hacer?"

Foto: Nómada
Disco duro con diferentes puertos para una completa conectividad.

A la hora de escoger un disco duro hay tres características a tener en cuenta: la capacidad del aparato, los formatos que admite y la rapidez en "absorber" el contenido de las tarjetas.

Respecto a la primera, lo más sensato puede ser llevar un disco de 20 GB, con el cual iremos muy desahogados para almacenar nuestras fotos y algunas ajenas. El precio de un dispositivo con esta memoria suele ser francamente económico.

En cuanto a los formatos, es muy importante asegurarse de que el aparato sea compatible con los archivos RAW, pues no todos los discos duros multimedia lo son. Incluso puede que admitan RAW, pero no los que genera nuestra nueva cámara, que quizás sea un modelo muy reciente. Nada que el fabricante del disco duro no pueda solucionar mediante una actualización de firmware.

Foto: Nómada
Hay discos duros que disponen de batería adicional para poder pasar varios días en zonas sin electricidad.

En lo referente a la velocidad de descarga, cabe decir que es la propiedad más importante a tener en cuenta, ya que las baterías de estos dispositivos no duran mucho y podrían agotarse en plena descarga.

El más rápido del mercado, el Nexto, importa fotografías a la friolera de 1 GB cada 2 minutos; el más lento, el popular MP3 iPod Photo, un auténtico depredador de baterías, necesita 40 minutos para copiar 1 GB, cifra decepcionante para una marca como Apple. En este sentido, una velocidad de 10 minutos por gigabyte podría considerarse satisfactoria.

Respecto a los discos duros que no disponen de pantalla, es importante que tengan -cuando menos- dos indicadores: uno que muestre el progreso de nuestras descargas y otro que ratifique que el proceso ha finalizado con éxito. Antes de borrar la tarjeta debemos comprobar que ésta se ha copiado correctamente.

Foto: Nómada
El adaptador de tarjetas es muy útil, y lo podemos utilizar para copiar tarjetas de cámaras de otros.

¿Y qué hay del transporte del equipo? ¿Cómo y dónde viajará todo? También en esto hay oferta para todos los gustos, necesidades y economías: mochilas, bolsos, bandoleras. muchos de los cuales pueden configurarse para adaptar espacios y huecos a la medida de nuestros "gadgets".

Foto: Nómada
Mochilas y bolsas configurables: un sistema muy práctico.

También es muy interesante que la mochila disponga de funda accesoria para la lluvia y que esté confeccionada con materiales que protejan de los golpes y rozaduras y aíslen del frío y el calor. Después de pasar una tarde de agosto bajo el sol del parque de Doñana, quizás encontremos las pilas derretidas dentro de nuestra bolsa.

Foto: Nómada
Bandolera con funda para la lluvia.
Foto: Nómada
Mochila de acceso rápido a la cámara, confeccionada con materiales muy aislantes y resistentes a los roces.

Si vamos al extranjero, no hay que pasar por alto que cada país tiene su tipo de enchufe. Si es distinto al nuestro, será necesario meter en la mochila el adaptador que proceda junto a un pequeño ladrón, pues a veces tendremos varios dispositivos puestos a cargar, como la batería de la cámara, el móvil o incluso el ahuyentador eléctrico de mosquitos.

Foto: Nómada
Kit de adaptadores de enchufe para cualquier país del mundo. Se vende en tiendas de viajes y comercios de electricidad.

Por último, y para que no echemos nada en falta, llevaremos un sencillo kit de limpieza formado por los bastoncillos y el líquido para el sensor -siempre que nuestra cámara sea réflex y carezca de sistema de autolimpieza.

Para eliminar la suciedad de los objetivos, el visor y la pantalla, bastará con una gamuza y un "spray" especial, ambos disponibles en cualquier óptica.

También es conveniente disponer de una pera de aire y un pincel de maquillaje, cuya suavidad y espesor permiten arrastrar a la perfección la pelusa y el polvo incrustado en las ranuras del cuerpo y los bordes del objetivo. Estos pinceles, por cierto, no suelen ser baratos.

Foto: Nómada
Pera de aire y brocha de maquillaje para la limpieza de los rincones difíciles.

Un filtro ultravioleta en cada objetivo y su parasol -que fuera de la bolsa deberá ir permanentemente puesto- completan todo lo necesario para que estemos perfectamente equipados para el viaje.

Fotografiar, como viajar, depende del grado de afición de cada uno; de los gustos, del presupuesto, de las exigencias y de los caprichos personales. Hay quien con una compacta en el bolsillo va tan feliz. Otros, con una SLR digital y un par de objetivos, disfrutan como cosacos.

Foto: Nómada
¿A quién no le gusta la fotografía? Hombres de Xinjiang.

Fotografiar y viajar, un binomio indivisible. ¿Hacer un trekking por los Annapurnas o pasar 15 días tumbados en una playa de Tenerife? ¿Llevar una réflex con todos sus "avíos" o viajar con una compacta? En todo caso, ambas aficiones se complementan a las mil maravillas, y cada uno de nosotros, haga lo que haga y cómo lo haga, gozará y se divertirá, que a fin de cuentas es de lo que se trata.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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04 / JUL 2007
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