• "Saber escribir la lista de la compra no nos convierte a todos en escritores"
  • "Solo cuando llegas a estos lugares puedes entender lo que está pasando"
Entrevista
Foto: Greg Marinovich
GREG MARINOVICH, FOTOPERIODISTA

"Conocer a mi mujer fue una buena excusa para dejar la fotografía de guerra"

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27
OCT 2015

Nacido hace 52 años en Sudáfrica, Greg Marinovich formó junto a Kevin Carter, Ken Oosterbroek y Joao Silva el popular “Bang Bang Club”, el grupo de fotoperiodistas que cubrió, entre muchos otros conflictos alrededor del mundo, el final del apartheid durante la década de los 90. Le han disparado en cuatro ocasiones, recibió un premio Pulitzer por una foto que casi le cuesta la vida y muy pronto publicará un libro sobre la matanza de Marikana. En una reciente entrevista con él hablamos de todo esto y de por qué decidió dejar en el 2000 el fotoperiodismo de guerra.

Trabajaste como fotoperiodista durante casi dos décadas. ¿Qué era lo que hacía que te levantaras cada mañana para salir allí fuera con tu cámara?

Era una obsesión compulsiva por intentar cubrir y contar lo que estaba sucediendo en mi país [Sudáfrica] en aquel momento. Y obviamente cubrimos muy poco de lo que pasó, apenas una pequeña parte. Para mí era una obligación hacer lo que hacía, y había también una especie de competición por conseguir capturar aquello que otros querían ocultar.

Suena a mezcla de necesidad, deseo de contar algo y una buena dosis de curiosidad.

Es todo eso que comentas y más. Había una necesidad de comprender lo que pasaba y dejar constancia de ello. Y cuando te metes en algo así empiezas a recibir encargos, trabajos… y sigues haciendo lo que haces, no puedes parar.

Marinovich, en una foto cedida a Quesabesde.

Pero en el año 2000 dejaste el fotoperiodismo de guerra. ¿Por qué?

Por mi mujer. Estaba cansado de cubrir guerras, y ya había estado demasiadas veces en esos periodos de recuperación. Además, ya no tenía sentido económicamente hablando, y de verdad deseaba y estaba listo para hacer algo distinto. Y conocer a la mujer con la que quería casarme fue una buena excusa para dejarlo.

Igual que en las películas, el amor lo cambió todo.

Exactamente.

¿Echas de menos aquellos días de acción fotoperiodística?

Ciertos aspectos sí. Cuando las personas son llevadas al extremo siempre afloran cosas interesantes, aunque en ocasiones son cosas horribles. En situaciones así vives guiándote por tus sentidos y adoptas las experiencias de otros. Es algo sorprendente.

"No echo en falta esa sensación de impotencia por no poder hacer nada por esa gente"

Lo que no echo de menos de aquellos días es la negatividad y la falta de esperanza que embriaga a mucha gente sumergida en conflictos y guerras. Y tampoco echo en falta esa sensación de impotencia por no poder hacer nada ni ayudar a esa gente.

Foto: Greg Marinovich

Ahora eres el responsable de contenidos del portal de fotoperiodismo The Stand. Sigues haciendo reportajes fotográficos, también haces vídeo, escribes e impartes clases. Al parecer, llevas una vida más pacífica pero igual o más ajetreada que antes.

Me gusta hacer cosas distintas, aunque a veces es complicado concentrarse cuando se hacen tantas cosas a la vez. Me gusta trabajar con un medio u otro según la ocasión, pero lo mejor de todo es la oportunidad de trabajar, en el caso del proyecto The Stand, con fotógrafos de todo el mundo. Algunos tienen mucha experiencia, otros acaban de empezar, pero todos tienen mucho talento y es un placer trabajar con ellos.

Háblanos un poco más de The Stand…

El sitio web The Stand es un experimento en el que tenemos muchas esperanzas puestas. Es un volver a los orígenes de las agencias que representan a fotógrafos, sus historias, proyectos a largo plazo, fotografía documental y fotoperiodismo, etcétera. Estamos contentos con lo conseguido hasta ahora y esperamos que la línea que hemos dibujado no se vuelva difusa con el tiempo. Queremos diferenciar lo que es periodismo de lo que no.

Hoy en día consumimos imágenes a una velocidad de vértigo. Como si fueran comida rápida, las engullimos y nos olvidamos de ellas. The Stand ofrece historias que ofrecen varias lecturas pero que requieren cierta implicación por parte del espectador.

Exacto. Algunas historias deben ser leídas con detenimiento, pero no todo el mundo tiene tiempo para ello. Sería fantástico que The Stand se convirtiera en un sitio con millones de visitas; económicamente hablando sería lo ideal, pero desgraciadamente no va a ser así. Nuestro objetivo es ofrecer todo tipo de historias tanto en fotografía como en vídeo.

Foto: Greg Marinovich

¿Ha cambiado mucho el fotoperiodismo en los últimos años?

Creo que ha mejorado en muchos aspectos. Es complicado ganarse la vida como fotoperiodista, pero la forma en la que se cuentan las historias hoy en día es mejor, más honesta. Siempre ha habido grandes historias y grandes formas de contarlas, pero ahora hay muchísimas fuentes. Se cuentan muchas y muy buenas historias sin ese aura de objetivismo que flotaba por el aire años atrás. Los proyectos son ahora mucho más subjetivos.

"Ahora se cuentan muchas y muy buenas historias sin ese aura de objetivismo que flotaba por el aire años atrás"

Está claro que la fotografía ha sufrido por toda la basura que hay allí fuera, pero hay proyectos muy buenos, aunque suele ser complicado dar con ellos. Todas las grandes revistas se han ido al infierno y muchos medios usan todo tipo de contenidos. Quizás la fotografía en sí no es tan importante.

Es una lástima que muchos medios no valoren el trabajo de los fotógrafos y en ocasiones prescindan de ellos.

Exacto. Con The Stand intentamos proporcionar un vehículo con el que aquellos que lo deseen puedan mostrar sus trabajos. Pero hoy en día se lleva la versatilidad. Uno tiene que estar en las redes sociales, y el trabajo hay que buscarlo en muchos sitios distintos. Es raro ver a alguien que se gane la vida haciendo algo muy concreto y purista.

18 de abril de 1994. Marinovich, ayudado por James Nachtwey, es alcanzado por una bala durante los disturbios ocurridos en Sudáfrica días antes de las primeras elecciones multirraciales, que ganaría Nelson Mandela. A la izquierda, Joao Silva fotografía a su compañero moribundo Ken Oosterbroek

joao silva james nachtwey greg marinovich
Foto: Juda Ngwenya (Reuters)

Antes te podías ganar la vida solo haciendo fotos. Ahora tienes que hacer fotos, grabar vídeo, escribir, hacer de relaciones públicas…

Cierto. Parece que tienes que construir tu propia marca, aunque no estoy muy seguro de cómo todo eso se traduce en el trabajo que realmente quieres hacer. Hay gente que lo consigue y sobrevive de este modo, pero no todos tienen esa habilidad para dar a conocer su obra aun siendo personas muy creativas.

Las redes sociales son otra herramienta más que hay que conocer y utilizar correctamente.

¿Y de qué sirve tener muchos clics? ¿Te proporciona trabajo? Creas una marca y un nombre, cierto, pero todavía no estoy seguro de que algo así conduzca a ninguna parte. Es un mal necesario, porque no sabemos qué pasaría si no participamos en las redes sociales, pero no tengo muy claros los beneficios que pueden aportar.

"Las redes sociales son un mal necesario, pero no tengo muy claros los beneficios que pueden aportar"

En mi caso solo utilizo Facebook y Twitter. Son mis herramientas para comunicarme y también buenas fuentes de información. Pero es algo muy cansado. Son una distracción y te apartan de lo que realmente quieres hacer.

¿Te ves haciendo un proyecto con un teléfono móvil?

Los controles [de la exposición] son mediocres, pero si llevas el teléfono encima y ves algo que quieres fotografiar, lo usas y punto. En realidad me da igual disparar con una cámara u otra: yo utilizo de todo. Lo que me gusta es controlar lo que hago sin estorbos de por medio.

No importa si trabajas con una réflex carísima o con un simple teléfono móvil. Lo que importa de verdad es la historia que estás contando y cómo la estás contando. Algunas historias se cuentan mejor con unos medios que otras. Si se da el caso de que la herramienta es un iPhone, pues que así sea.

Foto: Greg Marinovich

Una buena foto es una buena foto. Da igual la cámara con la que se haya hecho.

Exacto. Habrá diferencias técnicas, por supuesto, como una mayor o menor intensidad en el efecto bokeh, por ejemplo. Pero, ¿a quién le importa? Yo no hago fotografía por esas cosas.

¿Qué convierte a una buena foto en una foto icónica?

Son muchos aspectos distintos. Creo que el contexto es uno de ellos. También está el aspecto emocional que la imagen es capaz de generar. La estética, la composición y las decisiones editoriales: todo ello contribuye a que una imagen sea cautivadora.

"No importa si trabajas con una réflex carísima o con un simple móvil. Lo que importa es la historia que estás contando y cómo la estás contando"

Fijémonos en las fotografías de Vietnam, por ejemplo: hay cuatro o cinco imágenes icónicas de aquella guerra, y lo son por distintas razones. La niña del napalm, la ejecución en las calles de Saigón, el hombre herido intentando alcanzar el helicóptero… Todas ellas son fotografías magníficas. Da igual que sean en blanco y negro o en color. Eso es irrelevante: son estupendas.

Lo importante es el contenido, la estética y lo que significan. También lo que evocan y cómo disparan la imaginación del espectador. De eso se trata en el fondo, de que la captura permita la entrada de la imaginación.

El contexto y la situación que se vivía en Sudáfrica cuando hiciste la foto que te valió el premio Pulitzer fueron determinantes.

Exacto. En esa foto en concreto, la del hombre en llamas, el chico que pasa corriendo por delante de la cámara añade un elemento extra a la imagen que funciona de verdad en un escenario de pesadilla como aquel. En casos así yo como fotógrafo no hago nada. Simplemente es lo que pasa, lo que ocurre.

Foto: Greg Marinovich
"En casos así yo como fotógrafo no hago nada. Simplemente es lo que pasa, lo que ocurre [...] En un par de ocasiones intentaron apuñalarme, aunque yo no me di cuenta porque tenía la cámara pegada a la cara."

Yo no estaba allí el día en que hiciste aquella foto, pero esta mañana volví a ver la película “The Bang Bang Club”, y la escena en la que fotografías al hombre en llamas tiene toda la pinta de haber sido un momento muy tenso en el que tu vida corrió un serio peligro.

Bueno, no estoy muy seguro de la rigurosidad de la película con los hechos. Algunas partes son un poco ficticias, pero realmente fue un momento muy peligroso. Había un equipo de la BBC filmando desde cierta distancia, y en un par de ocasiones intentaron apuñalarme, aunque yo no me di cuenta porque tenía la cámara pegada a la cara.

"Hay situaciones muy peligrosas en las que no ocurre nada y situaciones realmente estúpidas en las que uno puede salir muy malparado"

Pero hay situaciones muy peligrosas en las que no ocurre absolutamente nada y situaciones realmente estúpidas en las que uno puede salir muy malparado y sufrir daños muy severos. Suele ser así. Y esto es algo que tienes que saber y aceptar: te va a pasar algo malo si te dedicas a fotografiar el momento en que les pasan cosas malas a otras personas.

Ya sabes dónde te metes.

Creo que en general, si vas a cubrir historias de conflictos y problemas sociales, tienes que estar preparado, porque las cosas se pueden volver contra ti de mil maneras distintas. Da igual el tipo de fotografía o reportaje que tengas en mente llevar a cabo. No puedes pensar que a ti no te va a pasar nada, que quedas excluido de lo que está sucediendo.

Cuando entras en una zona de conflicto estás realmente dentro. Puedes sufrir un accidente de coche, el ataque de un mortero, estar en medio de fuego cruzado, pisar una mina como le pasó a Joao Silva mientras seguía a un grupo de buscadores de minas y pensaba que nada malo podía ocurrir… Es una mierda, pero son cosas que pasan. No hay razón alguna para pensar que a ti no te va a ocurrir nada malo.

Foto: Greg Marinovich

Hablando de Joao Silva, imagino que cuando estás trabajando en una zona de conflicto tener a un buen amigo al lado es muy importante.

Es crucial. Es una de las cosas que más echo de menos de aquellos días: la camaradería. Algunos de mis mejores amigos los hice en zonas de guerra. En situaciones así es cuando te das cuenta de la moral de la gente y de cómo reaccionan ante distintas situaciones. De su humanidad.

"La fotografía no es un acto de registro de acontecimientos: es una interpretación de los hechos"

Joao es la persona perfecta. Somos como uña y carne en términos de cómo actuamos, de lo que creemos que está bien y lo que está mal, de cómo tratamos a la gente. Cuando estás en una zona de conflicto no quieres sentirte incómodo al ver cómo la persona con la que trabajas reacciona frente a la miseria, la muerte o el peligro. Es algo que supone una presión terrible para ti y para la otra persona, él o ella.

¿Cómo le va a Silva?

Está mucho mejor. Con piernas artificiales y trabajando de nuevo, aunque no en zonas de guerra.

Tengo la sensación de que, si pudiera, volvería al fotoperiodismo de guerra.

Es lo que quería en un principio, porque pensaba que tenía cosas pendientes por hacer. Lo echaba de menos, pero se dio cuenta de que no podía hacer el trabajo sin poner en peligro a la gente que le rodeaba. Y luego está la familia: no podían vivir otra situación similar. Sus hijos sufrieron mucho.

Foto: Greg Marinovich

Antes hablabas de la subjetividad de los fotógrafos. Soy de los que opinan que la objetividad no existe en la fotografía: todas las imágenes tienen inevitablemente cierta carga de interpretación personal.

¡Naturalmente! Ni siquiera debería ser una pregunta eso. La fotografía no es un acto de registro de acontecimientos: es una interpretación de los hechos.

Entonces, ¿deberían los fotógrafos dejar de intentar ser objetivos y mostrar su visión de los hechos?

El problema está en que muchos confunden objetividad con honestidad. Hay que ser honesto, y eres honesto cuando muestras tu subjetividad a la hora de capturar algo. Estoy completamente de acuerdo contigo, y hay muchas formas y estilos de mostrar algo.

¿Cuáles son las historias que más te atraen?

Ahora mismo estoy muy ocupado escribiendo un libro sobre la masacre de Marikana, en Sudáfrica. No me meto mucho en periodismo últimamente. Enseño y hago pequeñas historias.

"El problema está en que muchos confunden objetividad con honestidad. Eres honesto cuando muestras tu subjetividad a la hora de capturar algo"

Pero el libro sobre la matanza de Marikana es algo que tengo que hacer y hacerlo muy bien. Es una de esas historias cuya verdad ha sido vilipendiada y cuya narrativa de los hechos ha intentado ser falseada en varias ocasiones por las autoridades. Se han hecho algunos buenos trabajos ya, pero la mayoría de mis colegas han llevado a cabo proyectos muy malos, terribles sobre este tema.

Así que siento la obligación, la necesidad de contar como es debido la historia de aquella gente. No estoy seguro de cuándo se publicará el libro, pero debería ser a finales de este año o principios del próximo.

Foto: Greg Marinovich

Has hecho grandes fotos a lo largo de tu carrera, pero no nos cabe ninguna duda de que también se te han escapado algunas muy buenas.

Sin duda, pero no es una preocupación que viva contigo mucho tiempo. Se te escapan buenas fotos a todas horas por las razones que sean: la cámara no está lista, estás mirando hacia otro lado, etcétera. Aprendí hace tiempo a no preocuparme por estas cosas, o me hubiera vuelto loco.

¿Cuál fue tu implicación en la realización de la película “The Bang Bang Club”? El film está basado en el libro que Joao Silva y tú escribisteis sobre vuestros años de fotoperiodismo en Sudáfrica.

En teoría éramos asesores, pero no tuvimos demasiada influencia en la historia.

El actor Ryan Phillippe fue el encargado de hacer de Greg Marinovich. ¿Hizo un buen trabajo?

En parte, sí [ríe]. Por contrato no puedo entrar en muchos detalles sobre lo que pienso acerca de este tema [sigue riendo].

Foto: Greg Marinovich

¿Qué impacto puede llegar a tener una fotografía en la actualidad?

Una imagen es tan solo un ladrillo en una gran pared. Por ejemplo, la foto de la niña del napalm de Nick Ut es una de las miles de fotos que se hicieron durante aquella guerra. Esa foto necesita del resto de imágenes, así como de los vídeos y artículos y de todas las otras partes icónicas para comprender lo que realmente pasó allí.

Lo mismo ocurre hoy en día: una fotografía puede ser muy engañosa. Hay muchas de ellas, imágenes simples que pueden confundir a muchos.

Piensa en la foto de Kevin Carter, por ejemplo. Es una imagen icónica pero mucha gente recibe un mensaje equivocado, se llevan una impresión totalmente errónea. No usan la foto como un punto de partida para comprender una situación. Al contrario: piensan que es la última palabra sobre un tema o una situación. Ese es el problema con las fotografías, que se presentan como el momento final de la verdad, como algo completo. Y es peligroso percibir las cosas así.

Hablando de la foto de Nick Ut, el vídeo grabado durante aquel momento y que también muestra a la niña corriendo y siendo socorrida no es ni la mitad de impactante que la imagen que todos conocemos.

Es cierto que las fotos tienen un gran impacto, pero también el vídeo. Solo hay que ver los vídeos grabados por muchos ciudadanos durante los conflictos raciales en Estados Unidos. La acumulación de todos estos documentos tiene un gran impacto.

"El problema con las fotos es que se presentan como el momento final de la verdad, como algo completo. Y es peligroso percibir las cosas así"

En el caso de la masacre de Marikana, había siete u ocho fotógrafos y varios cámaras de Reuters, y fueron estos últimos los que consiguieron los mejores documentos. Las fotos que se hicieron de lo ocurrido no muestran ni una décima parte del horror que se vivió. Y había muy buenos fotógrafos, pero el material que consiguieron no es interesante.

No sé si se trata del medio, del autor, del momento, de cómo se usan las distintas herramientas, pero hay diferencias muy significativas entre algunas capturas.

Hablamos hace unos días con la fotógrafa Olivia Arthur, y nos comentaba que cuando vemos una foto nos hacemos preguntas. En cambio cuando vemos un vídeo tenemos la sensación de que ya nos están contando todo lo que hay que saber.

Creo que mucha gente estaría de acuerdo con esas palabras. Muchos creen que el vídeo es la verdad absoluta.

Foto: Greg Marinovich

¿Te ves haciendo algo que no esté para nada relacionado con la fotografía o con contar historias?

¿Como trabajar de corredor de bolsa? No creo; no tengo otras habilidades. Me encanta enseñar y me gusta lo que hago. Para mí esto no es un trabajo: es una pasión. Me divierten las manualidades y me gustaría hacer otras cosas, pero hace falta cierto talento que yo no tengo.

Ganaste el premio Pulitzer cuando no habías cumplido los 30. Debió de ser un momento bastante importante para tu vida personal y tu carrera.

No creo que me diera cuenta de la importancia que tuvo en aquel momento, pero sí fue importante, sin duda. Me abrió muchas oportunidades y pude viajar por todo el mundo. Creo que no supe aprovechar todas las oportunidades que me brindó porque fui un poco ingenuo, pero disfruté de dos décadas fascinantes haciendo grandes cosas.

El premio Pulitzer es un icono americano muy poderoso, más que cualquier otro premio internacional. Es interesante ver cómo es percibido aquí en Estados Unidos: es algo muy valorado y respetado.

Los premios pueden servir para dar a conocer las buenas historias.

Sí. Todos los premios tienen sus ventajas y desventajas.

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