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Con texto fotográfico

"El Estado Islámico es una creación nuestra" Giulio Piscitelli

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Foto: Giulio Piscitelli
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DIC 2015
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

Cinco años lleva Giulio Piscitelli trabajando en un proyecto sobre la inmigración que abarca desde las guerras en su origen hasta los inmigrantes de segunda generación en Europa, pasando por las duras y peligrosas travesías para llegar a la tierra prometida. El fotoperiodista napolitano indaga en las complejas causas de los problemas que se asocian banalmente a la inmigración y que la ultraderecha esgrime para su estigmatización. Kahled, el joven que reza en una facultad de Turín, es solo uno de tantos para quienes la integración social se antoja difícil.

Giulio Piscitelli

Hace más o menos siete años que sigo el tema de la inmigración. Inicié este proyecto en Italia, explicando en qué condiciones vivían algunos inmigrantes. Después lo he ido ampliando a otros países. Quería entender qué sucedía sin que me lo contasen otros. Aunque trabajo para ellos, suelo ser muy crítico con los medios de comunicación; creo que siempre hay una segunda realidad -incluso una tercera- que habitualmente ni se menciona.

Al poco tiempo me di cuenta de que la inmigración era un fenómeno muy complejo que a nivel fotográfico y periodístico no se podía explicar solo a través de los desembarcos en Europa o de las personas que viven en los guetos. Se trata de una suma de problemáticas que no se resolvieron en el pasado y que ahora se han hecho más grandes.

En Italia, como en España y otros países europeos con una economía más débil, las comunidades de extranjeros están muy presentes y la cuestión de la inmigración tiene una repercusión mayor porque está muy ligada a la economía. Todo esto se refleja en el modo en que son acogidos.

En mi opinión, lo que ocurre en Castel Volturno [ciudad situada al norte de Nápoles] con los inmigrantes subsaharianos es la metáfora perfecta de la inmigración en Italia: hace más de 20 años que viven sin asistencia por parte del Estado. Trabajan en el campo recogiendo tomates sin derechos y normalmente sin papeles. Para mí era clave explicar la inclusión o exclusión de estas personas en nuestra sociedad.

Esta fotografía está ligada a una parte de mi proyecto que describe las condiciones de estas personas de segunda y tercera generación en Italia, es decir, de los hijos de los inmigrantes que llegaron aquí hace ya muchos años y que, de facto, son italianos.

La falta de derechos para los hijos de inmigrantes nacidos ya en Europa es otra gran problemática. En Italia las leyes son tan rígidas que solo pueden obtener la ciudadanía a partir de los 18 años y si no han abandonado el territorio por un largo periodo de tiempo. Esto se traduce en una falta de respeto y de derechos enorme, porque al fin y al cabo son italianos, son europeos como tú y como yo.

Foto: Giulio Piscitelli

De esto se habla poquísimo, pero una persona sin derechos tendrá dificultades para encontrar un trabajo, participar en la sociedad, votar… Esta problemática crea otra mayor: un gueto más mental que físico, por el que la persona se siente excluida de toda una serie de cuestiones legales de la sociedad.

Para explicar esto busqué jóvenes italianos pero ligados a otras culturas. Como en Prato [al norte de Florencia], donde hay una comunidad china afincada allí desde hace ya muchos años y que ya han tenido hijos que han nacido en Italia pero que no tienen documentos. A los 18 años deberán solicitarlos.

En Italia hay actualmente un gran debate a este respecto, pero continúa habiendo partidos de extrema derecha que se oponen a que personas nacidas en el territorio [italiano] sean ciudadanos italianos. Es absurdo. Es otro tipo de crisis, una crisis de personas que no tienen derechos.

El de la foto es Kahled, un amigo mío musulmán. La parte del proyecto que trata sobre la ciudadanía la hice desde Nápoles hasta Turín, donde contacté con la Asociación de Jóvenes Musulmanes, que son sobre todo chavales inmigrantes de segunda generación. Kahled fue quien me guió para contar esta realidad. Estábamos en la universidad, y entre clase y clase se arrodilló para rezar y yo aproveché para fotografiarle. Con el tiempo se ha ido alejando de la religión y se ha vuelto más laico.

"Aunque trabajo para los medios, soy muy crítico con ellos: siempre hay una segunda realidad -incluso una tercera- que ni se menciona"

Para mí esta fue una buena forma de acercarme a los jóvenes musulmanes y ver cuáles son los límites que nuestro Estado pone a aquellos que practican una religión diferente a la católica.

Es algo de lo que se habla poco, pero por ejemplo en Italia no está permitido construir mezquitas, así que solo les quedan los centros de cultura islámica, que son lugares donde pueden reunirse para rezar.

La cuestión de la inclusión es una inexactitud que nos contamos a nosotros mismos. Obviamente los inmigrantes que llegan tienen contacto con la gente local, pero su primer contacto se da con los de su misma comunidad. Luego, poco a poco, comienzan a relacionarse con la gente del sitio. La inclusión total se dará probablemente dentro de 40 años.

El grado de inclusión depende mucho del contexto social en el que viven. En el sur de Italia existen muchas escuelas que fundamentalmente son para los inmigrantes. Te pongo el ejemplo de la comunidad de Sri Lanka, que en Nápoles tiene una gran presencia: tienen para los niños escuelas en su lengua, y luego van a una escuela en la que aprenden en italiano, por lo que estos niños accederán poco a poco a la cultura autóctona. Pero repito que son procesos culturales y sociales muy lentos.

Foto: Giulio Piscitelli

Todo depende de la posibilidad que tienen de relacionarse con las personas del lugar. El nigeriano que vive en un gueto cerca de Nápoles y que después de trabajar en el campo recogiendo patatas vuelve al gueto… quedará siempre al margen.

Depende siempre de factores económicos. Los chicos que conocí en Turín, como Kahled, se habían integrado mucho más porque económicamente podían participar en la sociedad. Iban a encuentros de la biblioteca de Turín y formaban parte de los grupos de estudiantes en la universidad. Hay una inclusión económica gracias al trabajo que en el sur [de Italia] no se da.

Parte de mi trabajo está basada en esta problemática: creo que no puede darse una inclusión de la comunidad de extranjeros si no hay una inclusión económica mediante el trabajo. Un ejemplo es la comunidad india de la zona de Emilia-Romaña, que desde hace muchos años trabaja en la elaboración del queso parmesano. Los italianos de esta zona se sienten muy orgullosos de este producto, así que a través de su trabajo evitan el proceso de formación de un gueto.

Yendo un poco más allá, lo que ocurrió en París [en referencia a los ataques terroristas del 13 de noviembre] no tiene que ver directamente con la inmigración. Los que se inmolaron ya habían nacido en Francia, eran franceses, pero aun así esta es una jugada fácil para los diferentes movimientos populistas y fascistas, y agrava aún más si cabe la situación de todos los inmigrantes que están llegando a Europa, no solo de los sirios.

"El Estado Islámico es consecuencia de las desigualdades que estamos creando en nuestro mundo"

Mi gran temor es que en Europa va a crecer el miedo al otro y se va a igualar islamismo con terrorismo, cuando en realidad el Estado Islámico no tiene nada que ver con el islam: que sus militantes griten ‘Allahu Akbar’ [Dios es grande] no les hace musulmanes.

Estos actos terroristas pueden ser utilizados fácilmente por quien quiera endurecer las leyes de control, incluso sobre los propios europeos. Pueden convertir en monstruos a quienes no lo son. Y si creamos las condiciones óptimas para que se den los guetos, propiciamos que grupos como el Estado Islámico ocupen el lugar del Estado. Es un poco como la mafia en Nápoles, que está presente desde hace mucho tiempo precisamente porque el Estado está ausente.

Llevando esto al terreno -mucho más amplio- del terrorismo, este ocupa los diversos vacíos que deja el Estado, incluso los ideológicos. Piensa en el chaval nacido en una familia de inmigrantes que vive en una banlieue donde el Estado no se preocupa por él, donde tiene un acceso mínimo a la sociedad, donde si es musulmán en los últimos años puede ser presa fácil de gente que tenga interés por convertirlo en un activista… Será muy fácil comerle la cabeza y hacerle pensar que no hay otra escapatoria.

Pero es nuestra sociedad la que está creando esto. Como Al Qaeda, el Estado Islámico es una creación nuestra, es consecuencia de las desigualdades que estamos creando en nuestro mundo. Este problema no lo superaremos nunca mientras mantengamos estas desigualdades. En todo caso lo empeoraremos.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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