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Gestión del color más allá del monitor

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Foto: Hugo Rodríguez
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SEP 2015

La gestión del color es todavía una asignatura pendiente entre muchos aficionados y no pocos profesionales. Afortunadamente vamos avanzando -aunque despacio- en la dirección correcta, y poco a poco hay cada vez más usuarios que usan un calibrador y mantienen su monitor bien afinado. Los bajos precios de estos aparatos -en comparación con hace solo unos pocos años- han favorecido su progresiva popularización.

Después de conseguir que pueda uno fiarse de lo que ve en la pantalla del ordenador, el siguiente paso lógico bien podría ser la cámara. Pero, ¿para qué sirve calibrar una cámara? Buena pregunta. De hecho muchos aficionados se estarán preguntando si realmente puede una cámara calibrarse y qué hace falta para ello. Vayamos por partes.

Hugo Rodríguez calibrando in situ en una galería de arte. | Foto: Marcelo Isarrualde

Sí, una cámara puede calibrarse, aunque solo en sentido figurado. Realmente no se calibra en un sentido estricto sino que se perfila, pues en el sensor de la cámara realmente no se ajusta nada. No hay reguladores internos que calibrar, y si los hubiera, estos solo estarían al alcance del servicio técnico de la marca en cuestión.

Lo que realmente se hace es ajustar finamente el posprocesamiento de la imagen para personalizarlo para esa cámara en particular, con ese número de serie en concreto y ese software de posprocesamiento. Digamos que se hace una personalización extrema del revelado para una cámara en concreto.

De esta forma se consigue lo que se busca: que los colores reflejen fielmente la realidad. Y con esto normalmente todo luce mejor. Los colores son naturales, y en mi opinión con solo un poco de saturación o contraste (o ambos) la foto queda prácticamente finalizada.

¿Se nota la diferencia?

Perfilar la cámara tiene como resultado un cambio muy visible respecto a la reproducción de color estándar, que es la genérica. En este sentido hay que distinguir entre dos casos: la respuesta de color del JPEG de cámara y la del RAW. El aspecto de ambos no tiene por qué ser igual. De hecho no lo es en la mayoría de los casos.

El aspecto del JPEG depende de los ajustes de cámara (contraste, saturación, estilo, etcétera), pero la base de ese aspecto ya viene definida de fábrica (principalmente con los estilos) por los ingenieros de la marca. Son ellos quienes determinan cómo va a reproducir los colores.

Comparativa entre el JPEG directo (izquierda) y el obtenido del RAW por defecto y sin calibrar la cámara (procesado con Camera Raw 9.1). El JPEG suele ser más saturado y contrastado, mientras que el RAW muestra más matices sutiles y detalles en las sombras

Hugo Rodríguez
Hugo Rodríguez

En el caso del RAW el aspecto se determina durante el revelado. Si se usa el programa de la marca y se ajusta todo igual que en la cámara (idéntico estilo y demás), el aspecto será el mismo que con el JPEG, al menos en lo relativo a luminosidad, color y contraste. Evidentemente en lo tocante a nitidez, ruido y aberraciones los resultados pueden ser sustancialmente mejores gracias a las amplias posibilidades del posprocesamiento que ofrece el RAW.

¿Y si usamos otro software de revelado? Pues entonces el aspecto (de nuevo, hablamos de luminosidad, color y contraste) lo determinan los ingenieros que lo diseñaron, no los de la cámara. Y también depende de los ajustes que se hagan durante el revelado, claro está.

Aspecto del RAW por defecto con la cámara sin calibrar (imagen de la izquierda) y calibrada. En ambos casos no se ha ajustado nada en el revelado, excepto una ligera corrección de la exposición

Hugo Rodríguez
Hugo Rodríguez

Cuando se calibra la cámara el color deja de depender de dónde se ha procesado o con qué cámara se ha fotografiado, porque el aspecto será siempre el mismo, con independencia del camino que se haya seguido. Sí, habéis leído bien: el aspecto será prácticamente el mismo incluso con cámaras diferentes.

Efectivamente, una de las muchas ventajas de calibrar es que la reproducción del color no cambia al aparcar la vieja cámara y comprar una nueva, porque cuando ambas están calibradas el color es prácticamente el mismo. Viene a ser como antiguamente, cuando cambiábamos de cámara pero seguíamos usando la misma película: el color lo determinaba la película y su revelado, no el cuerpo de cámara. Genial, ¿no?

¿Qué fotógrafos lo necesitan?

Seguro que muchos estarán pensando que los que realmente necesitan pasar por todo esto son lo que reproducen obras de arte. Sí, en efecto, probablemente este es el caso más claro. Pero lo cierto es que cada vez más profesionales de la fotografía lo ven imprescindible, normalmente porque la temática lo requiere o porque sus clientes lo demandan.

Uno de los casos que últimamente me demandan más es el de fotografía de prendas para tiendas on-line. Resulta que los fabricantes de ropa venden cada vez más a través de Internet, pero, ¿qué pasa cuando un cliente compra una camiseta naranja y le llega una roja? Pues que empiezan los problemas.

De nuevo, dos archivos RAW procesados con la cámara sin calibrar (izquierda) y calibrada. Fotos de Marcelo Isarrualde

Marcelo Isarrualde
Marcelo Isarrualde

Esta es una situación compleja, puesto que no solo del lado del fabricante tiene que haber una gestión del color correcta. También tiene que haberla del lado del internauta, lo que no deja de ser una utopía. Aun así, el fabricante debe hacer todo lo posible para que por su parte esté todo correcto. Eso implica que la foto tiene que tener el color perfecto cuando se sube al e-commerce de turno, cosa que solo se consigue -como no podía ser de otro modo- calibrando la cámara.

La fotografía publicitaria es otro de los campos donde también cada vez más se exige una gestión de color más afinada. Fotografía de comida, de producto… porque el cliente siempre quiere que su producto se vea exactamente como es.

Quizás aquí habría que distinguir entre la foto promocional de un alimento genérico (como por ejemplo platos en un restaurante, carnes, bocadillos, hamburguesas...) y el producto de marca (galletas, quesos, chocolates…).

Foto: Hugo Rodríguez
Ejemplo -sin trucos de Photoshop- de una foto en RAW de una camiseta roja. El resultado por defecto tiende a colores anaranjados; solo calibrando se consigue el color real de la prenda, que fue obtenido a partir de una medición realizada con un espectrofotómetro (imagen inferior). Los valores RGB son para el espacio sRGB. | Foto: Hugo Rodríguez

En el primero no prima tanto la fidelidad del color, sino hacer aparecer el producto en cuestión como muy apetecible, con lo que unos gramos de contraste y una pizca de saturación siempre vienen bien. Muy posiblemente, si la foto se ha tomado con una cámara bien calibrada, ese extra de color lucirá mejor que a partir de la interpretación genérica del fabricante.

Es en el segundo caso cuando normalmente se requiere una gestión de color más exacta, puesto que cualquier pequeña variación del mismo puede tirar al traste con el resultado. Porque ningún cliente quiere ver su producto con el color de la competencia, especialmente cuando se trata de un tipo de comida o bebida cuyo competidor usa colores muy parecidos.

También en fotografía gastronómica importa el aspecto del RAW por defecto (izquierda) y con la cámara calibrada. Fotos de Miquel González

Miquel González
Miquel González

La fotografía de vehículos es una de las áreas donde quizás la gestión del color se usa de forma más puntual. Uno de los casos más conocidos es el del famoso rosso corsa que utiliza Ferrari en sus deportivos, pero en realidad todos los fabricantes se emplean a fondo cuando se trata de reproducir sus colores, a los que gustan de bautizar –como hemos visto- con nombres poéticos y sugerentes.

Pero la dura realidad es que no es nada fácil representar ese impactante color en la foto final. Y precisamente de los más puñeteros es el rojo intenso, que tiende a irse a naranja. En ocasiones basta darse un paseo por las publicaciones del mundo del motor para encontrarse buenos ejemplos de cuan diferente puede verse el mismo color en diferentes fotos.

Sergio Marchionne, presidente de Ferrari delante del hospitality de la marca… ¿rosa? Casos tan sorprendentes como este, de la última carrera de Fórmula 1 en Monza, no son tan frecuentes. | Foto: Sutton Images

En la fotografía de naturaleza (en todo su ámbito) la calibración de la cámara también se pide cada vez más. Todos quieren ver en sus fotos el color exacto de esas hojas de árbol, del pelaje de ese animal o del plumaje de ese ave. Un caso especial es el de los biólogos, que lo valoran especialmente, aunque también es extensible a especialistas como los ornitólogos. Para ellos, una ligera desviación en el matiz de un color puede suponer que en vez del macho sea la hembra.

Otra aplicación es la fotografía dental, especialmente la orientada a prótesis. Si el odontólogo tiene conocimientos de fotografía y dispone de una cámara calibrada, podrá capturar el color real de los dientes naturales del paciente.

Una hembra de mirlo común limpiándose. Solo se puede apreciar el color real de su plumaje (suponiendo siempre que nuestro monitor está bien calibrado) en la foto calibrada (derecha), cosa que los ornitólogos aprecian mucho. Fotos de Policarpo Hernández

Policarpo Hernández
Policarpo Hernández

De esta forma podrá enviar al protésico las imágenes y tener la tranquilidad de que este creará una prótesis con un color muy fiel al original, sin que el paciente tenga que desplazarse al laboratorio para que le examinen en persona. Obviamente, el protésico tendrá que usar un buen monitor, y bien calibrado.

Otros ejemplos podrían ser la fotografía forense o de otras muchas especialidades médicas, así como la dedicada al control de calidad del producto alimentario (frutas y verduras, carnes, pescados...) o la fotografía de espacios (paisaje natural, paisaje urbano, interiores...) y retrato.

¿Qué se necesita?

Perfilar la cámara es un proceso que no es excesivamente complejo en cuanto a los pasos que hay que seguir ni tampoco excesivamente caro en cuanto al material necesario. Lo que sí es bastante difícil es obtener un perfil de alta calidad.

En primer lugar hace falta una carta de color especial, como puede ser alguna de las ColorChecker o una buena IT8. No son caras y pueden adquirirse en tiendas especializadas, y en general, cuanto más brillantes, saturadas y más parches de color tengan, mejor. Conviene apuntar que, aunque pueden realizarse perfiles con casi cualquier carta de color, las menos recomendables son las que tienen pocos parches, ya que producen perfiles con poca riqueza de información.

Foto: Hugo Rodríguez

Una de las muchas ventajas de calibrar es que la reproducción del color no cambia al aparcar la vieja cámara y comprar una nueva

Luego necesitamos disponer de la iluminación, que idealmente debe ser la misma que se use después en las fotos. Los fotógrafos de estudio preferirán emplear su propio equipo de iluminación, pero también puede hacerse con luz natural, que permite que se use en una gran variedad de situaciones sin tener que crear un perfil para cada caso, aunque es mucho más difícil de controlar.

Finalmente hace falta un software especial para generar el perfil de color. Como en casi todos los ámbitos, los hay básicos, avanzados, gratuitos y de pago, y los resultados pueden variar sustancialmente de unos a otros. Para alguien que empieza, uno gratuito es una excelente opción. Para un profesional, sin embargo, lo idóneo es un potente software más ajustado a sus exigencias.

¿Cómo se hace?

Básicamente el proceso consiste en fotografiar la carta de color con la mayor calidad posible. Se ha de utilizar la iluminación que luego vaya a emplearse para fotografiar. Una vez obtenida esa captura, se introduce en un software de generación de perfiles, y con este ya generado se instala en la aplicación en la que vayan a procesarse los RAW. A partir de aquí ya se pueden comenzar a revelar los RAW con el nuevo perfil de cámara. Crear el perfil no es difícil. Crear un perfil con gran precisión es otra historia.

Otra opción consiste en contactar con un profesional especializado que ofrezca este tipo de servicios, como hacen mis clientes. Lo que se suele hacer en estos casos es o bien desplazarse al estudio del fotógrafo para hacerlo in situ, o bien enviar la cámara –debidamente protegida, como es obvio- para que quien ofrece el servicio se encargue de todo el proceso. Una vez hecho, se devuelve la cámara y se recibe el perfil por correo.

Cargando un perfil personalizado en Adobe Camera Raw 9. | Foto: Hugo Rodríguez

Llegados a este punto, más de uno estará ya pensativo dándole vueltas a una cuestión: si el perfil es para mi cámara, que hace ya no sé cuántos años que tengo y que es la misma desde el primer día, ¿puedo volver a revelar mis RAW pero usando el nuevo perfil?

¡En efecto! Precisamente esa es la última ventaja de todo este proceso: que incluso podremos volver a revelar nuestras fotos de hace meses o años que tomamos con esta misma cámara y disfrutar de un color renovado. Y todo por el mismo precio.

Hugo Rodríguez se dedica a la enseñanza y el asesoramiento tanto a futuros fotógrafos como a profesionales y empresas en el ámbito de la gestión del color, las panorámicas de 360 grados y la captura digital avanzada. Es asesor -entre otros- del laboratorio fotográfico profesional EGM y colabora con numerosas firmas del sector. Su último libro es "Calibrar el monitor".

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