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Entrevista
GERVASIO SáNCHEZ, FOTOPERIODISTA

"Cuanto más cerca estoy de las víctimas de una guerra, más cerca estoy de la verdad"

 
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ENE 2008

Siendo como es uno de los fotoperiodistas del panorama español que más conflictos armados ha cubierto, lo que sitúa a Gervasio Sánchez a un nivel casi único es su dedicación a las víctimas. Comprometido con quienes sufren la barbarie bélica, este fotoperiodista cordobés de 48 años presentaba recientemente en Barcelona su último libro, "Vidas minadas. Diez años después". Sánchez habló con QUESABESDE.COM sobre su dilatada carrera y denunció sin tapujos la hipocresía de los gobiernos respecto a la tragedia de las minas antipersona.

Hace unos 25 años que te dedicas a la fotografía.

Empecé a hacer fotografías en 1982. Por aquella época, yo estudiaba Periodismo en la UAB [Universitat Autònoma de Barcelona], y en los veranos y durante las primeras semanas de clase aprovechaba para viajar y hacer fotos.

Esos primeros lugares fueron Israel, cuando las hostilidades no eran tan fuertes como ahora; Turquía, donde viví un golpe de Estado, y Yugoslavia, en la época post-Tito.

Foto: Diego Sánchez
Gervasio Sánchez critica abiertamente a los gobiernos por su política ante el drama de las minas antipersona. "Mi nombre se ha caído de más de una lista por culpa de mis acusaciones", nos confiesa.

Para el fotoperiodista comprometido que busca denunciar una historia, ¿la fotografía es sólo un medio más?

En cierta manera, sí. Yo soy periodista y fotógrafo, pero la fotografía es la forma de llegar a la historia que quiero contar. Además, la fotografía puede contar historias de forma contundente, y eso es muy importante.

Mucha gente me dice que hago activismo con mi forma de hacer periodismo. Pues no. Contar este tipo de historias debería ser el compromiso de todos los medios. Es, en realidad, su obligación.

Foto: Gervasio Sánchez

¿Qué hay de Ryszard Kapuscinski en Gervasio Sánchez?

Ryszard Kapuscinski me marcó ya desde joven. Leí "El emperador" antes de cumplir los 20 años. Kapuscinski fue un periodista que trabajó para una pequeña agencia de noticias polaca sin muchos recursos. Vivió de primera mano muchos conflictos africanos y siempre se situó del lado de las víctimas. Y en cierta manera, él fue también una víctima de guerra.

Con todo, comenzó desde abajo, redactando noticias para su agencia. Sus magníficos libros llegaron después, tras años de experiencia. No me quiero comparar con él, pero interpreto su labor como lo que realmente ha de ser el periodismo, y por tanto, hago periodismo como lo hizo él.

Foto: Gervasio Sánchez

En los conflictos bélicos siempre te has centrado en el componente humano, situándote del lado del que más sufre: la población civil.

La primera víctima de las guerras es la verdad. Y esto es así desde hace siglos, desde que los ganadores realizaban las crónicas. Por esto mismo considero que la verdad hay que buscarla en las víctimas de los conflictos: cuanto más cerca estoy de las víctimas, más cerca estoy de la verdad.

¿Cuál es tu planteamiento de trabajo ante una guerra?

Dependiendo de lo que quieras enseñar trabajas de una forma o de otra. Yo hablo de la gente, así que tengo que trabajar con gente, cerca de ella.

Y lo hago desde el respeto más absoluto, con responsabilidad y con un trato de dignidad. Nunca he hecho la típica foto demagógica del niño hambriento rodeado de moscas y agonizando. Huyo del sensacionalismo y el espectáculo.

Cubrir una guerra es lo peor que le puede ocurrir a un periodista local; a ése lo conocen. Para los periodistas extranjeros es más sencillo.

Foto: Gervasio Sánchez

¿Compaginas los trabajos por encargo con los proyectos más personales?

Cuando fui a Iraq, por ejemplo, las dos primeras semanas las invertí en hacer prensa diaria, produciendo muchas imágenes y noticias para varios grupos mediáticos. Los escojo siempre con mucho cuidado, para asegurarme que respetan mi trabajo y los protagonistas de mis historias.

Después aprovecho el viaje y me dedico a realizar otro tipo de reportajes, como la continuación del proyecto Vidas Minadas.

También cuento en ocasiones con la ayuda de diferentes ONG, como Manos Unidas, Intermón Oxfam o Médicos Sin Fronteras. Para el proyecto Vidas Minadas, además, han colaborado DKV Seguros y la Editorial Blume. Incluso cuando estudiaba me costeaba los viajes haciendo de camarero.

Foto: Gervasio Sánchez
Foto: Gervasio Sánchez

¿Cuál es la actitud de los medios de comunicación ante los conflictos olvidados?

Para los grandes grupos de comunicación existen básicamente dos tipos de conflictos.

Están los mediáticos, que en España se cubren muy mal y de forma deficitaria, como ocurrió con Bosnia o Iraq.

Los otros conflictos que interesan a los medios son aquellos olvidados que por alguna causa resurgen y vuelven a la palestra informativa, como ocurrió con Afganistán. Lo qué jamás muestra la prensa es la posguerra de un país, pese a que sea su obligación.

¿Cómo nace el proyecto Vidas Minadas?

Nació hace diez años, con las historias humanas que fui encontrando. Algunos protagonistas de entonces lo vuelven a ser en este último libro. Estas personas son de Camboya, Afganistán, Iraq, Guatemala, Colombia o El Salvador, entre otros países, y es gente que ahora forma parte de mi familia y a la que seguiré visitando.

Quizás en un futuro, a los 25 años [del proyecto], edite algún libro individual con algunas de las historias completas más interesantes.

Foto: Gervasio Sánchez

De momento, has decidido reencontrarte con los protagonistas para conocer su evolución tras sufrir la amputación.

Es parte de la realidad de estas personas. Las fotografié en los momentos más difíciles de sus vidas. Ahora estas vidas han evolucionado, han crecido y buscan la normalidad, así que hay momentos felices que también merecen ser documentados.

¿Cómo seleccionaste a los personajes?

Algunas historias las buscas, otras surgen por azar. En ocasiones, vas detrás de una historia que conoces y te falla. Pero hay que tener los ojos bien abiertos, porque a veces surge algo interesante que puedes aprovechar.

Foto: Gervasio Sánchez

Las fotos del libro "Vidas minadas. Diez años después" son en blanco y negro. ¿Sigues con la fotografía analógica?

Sí, es cierto. El proyecto de Vidas Minadas lo he realizado con película Tri-X 400 de Kodak. Este tipo de trabajos serios prefiero hacerlos con película; no necesito las fotos de inmediato y el proceso de obtención de las imágenes y edición es más cuidado. Pero las fotos de prensa obviamente las hago en [formato] digital, porque necesitan de inmediatez.

Foto: Gervasio Sánchez

En el libro hablas sin tapujos de la política que han seguido todos los jefes de gobierno de España, desde la Transición hasta nuestros días, en lo referente al Tratado de Ottawa.

155 países firmaron el Tratado de Ottawa, entre ellos España en 1997, por el cual se prohibía la transferencia, la producción, el uso y el almacenamiento de las minas antipersona.

Otros 37 países no lo suscribieron, entre ellos Estados Unidos, China y Rusia, los tres con derecho a veto en el Consejo de las Naciones Unidas. Esto, de por sí, ya es alarmante, pero es que además el tratado no se cumple.

Los países firmantes se comprometían a ayudar al desminado y a las víctimas con cantidades importantes de dinero. Sin embargo, durante la época del gobierno Aznar, se destinaron tan sólo 710.000 euros a ello, que es poquísimo.

Con la vuelta al gobierno del PSOE se ha invertido mucho más dinero, hasta 6 millones de euros anuales, debido en gran parte a las presiones sociales y de las ONG.

Sin embargo, en 2006 España ha duplicado las ventas de armas, incluso en países donde hay conflictos armados. Invertir en la lucha contra las minas y permitir que empresas españolas vendan armas es puro cinismo.

Foto: Gervasio Sánchez

¿Quiénes son los culpables de que todavía persista la problemática de las minas antipersona?

Culpable es cualquier país que permita que en su territorio se fabriquen minas antipersona. No me creo que Italia y España hayan dejado de fabricarlas por motivos humanitarios. Si fuese por esta razón, tampoco fabricarían armas. La realidad es económica: ahora ha dejado de ser rentable porque India y China las producen mucho más baratas.

Es cierto, por ejemplo, que Estados Unidos es el país que más dinero gasta en la desactivación de minas antipersona en todo el mundo, pero todos los países son culpables de no desactivar sus minas, que llegan a tener una vida efectiva de entre 25 y 40 años. En muchas ocasiones, sobreviven al propio conflicto.

¿Qué piensas del papel que juegan -y han jugado- la ONU y las grandes potencias mundiales ante los conflictos balcánicos, africanos y de Oriente Medio?

Las actuaciones de la ONU son muy criticables y su papel ha sido un desastre. Y no sólo en los Balcanes, África u Oriente Medio, sino también en Camboya.

La ineficacia de la ONU para mediar o resolver conflictos bélicos internacionales reside en los países con derecho a veto, como los anteriores. Por eso fue Canadá quien impulsó el tratado contra las minas antipersona de Ottawa, porque la ONU no avanza.

Foto: Gervasio Sánchez

Pese a todos los galardones a tu labor periodística y fotográfica, intuimos que te sientes más orgulloso con que la UNESCO te nombrara Embajador por la Paz en 1998.

Es cierto que los premios gustan, porque alimentan el ego. Pero si para mí fuesen lo más importante en el fotoperiodismo, no me dedicaría a hablar sin tapujos. Tengo la certeza, confesada, que mi nombre se ha caído de más de una lista por culpa de mis acusaciones. Pero yo prefiero decir las cosas como son; yo represento a los protagonistas de mis historias.

La nominación de la UNESCO fue una sorpresa muy grata. Me invitaron a una exposición en París y allí me nombraron Embajador por la Paz. Es un título que me sirve para obligarme a mí mismo a continuar con esta labor en pro de las víctimas de las guerras.

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