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Con texto fotográfico

"No hace falta que tú me quemes; ya me quemaré yo sola" Gervasio Sánchez

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Foto: Gervasio Sánchez
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NOV 2014
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

En Afganistán, la violencia que sufren las mujeres nace del desprecio. Gervasio Sánchez fotografió durante más de cinco años un problema endémico y casi paradójico del que ha dejado constancia en el proyecto “Mujeres. Afganistán” junto a la periodista Mònica Bernabé y que estos días puede verse en forma de exposición en Barcelona. Con más de una cuarta parte de mujeres en su Parlamento y leyes que protegen y garantizan sus derechos, la posición de inferioridad de éstas se encuentra tan enraizada en las tradiciones afganas como la impunidad con que es explotada. Fátima, que se suicidó quemándose a lo bonzo, es un caso extremo pero no aislado.

Gervasio Sánchez

En enero de 2009, en el marco de unas jornadas organizadas por ASDHA [Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán], la única oenegé española que trabaja en Afganistán, presenté una pequeña exposición sobre la situación de la mujer. Allí coincidí con Manuel Villa, director de cooperación del ayuntamiento de Barcelona, quien me propuso financiar un proyecto con la temática que yo quisiera. Aquello era barra libre.

Ahora creo que debería haber hecho un tema como la sexualidad en Cuba. Lo digo en plan irónico, porque por entonces venía trabajando duro en el proyecto ‘Desaparecidos’, acababa de finalizar ‘Vidas minadas, 10 años después’… Estaba súper golpeado por tanta violencia, así que un tema más suave me habría venido bien. Pero como estábamos en esas jornadas, hablé con Mònica [Bernabé, la única periodista española afincada en Afganistán] y le propuse continuar con algo en el país asiático.

Inicialmente esto debería haber durado dos años, pero nos dimos cuenta de que en tan poco tiempo era imposible presentar algo que tuviese cierta lógica. Al final empezamos en enero de 2009 y lo presentamos a finales de 2014: casi seis años. Lo principal del proyecto era no fotografiar a mujeres con burka -en el libro solo hay dos fotos así- porque es tremendamente fácil hacerlo en Afganistán y además es darle importancia a la vestimenta, no a la mujer.

"Estaba con ella cuando le colocaban calmantes, le cambiaban los vendajes… y era horrible escucharla gritar. Hasta que al final acabó muriendo"

La de la foto es Fátima, una mujer que con 25 años se quemó a lo bonzo. Ella nos contó que tenía una muy mala relación con su suegra. Estaba casada y vivía en casa del marido, y en más de una ocasión habían tenido incidentes en los que la suegra la amenazaba con quemarla. Un buen día Fátima le dijo: ‘No te preocupes, que no hace falta que tú me quemes; ya me quemaré yo sola.’

Ella insiste en que se puso un vasito del carburante que utilizan para los hornos por encima, pero evidentemente esto tiene una capacidad expansiva tremenda y rápidamente se prendió fuego toda entera. El 72% de su cuerpo quedó quemado.

La trasladaron a Pakistán en un viaje que tuvo que ser un calvario auténtico, teniendo en cuenta el porcentaje del cuerpo quemado y el grado de las quemaduras, muy profundas. Al llegar le dijeron que no había nada que hacer, que era un error haberla llevado hasta allí, y regresaron con ella hasta Herat, en un viaje larguísimo que debió durar un día entero. La ingresaron en el hospital de quemados de Herat, y allí pasó prácticamente tres semanas. Si le sumamos el tiempo del viaje de ida y vuelta, prácticamente fue un mes intentando salvar la vida. Al final acabó muriendo.

Para mí esta historia ha sido muy dramática. En otros casos, como el de Jamila, la historia duró unas horas de calvario hasta que finalmente murió y luego vivimos el funeral. Pero con Fátima fue una semana entera que la visité en su habitación. Estaba con ella cuando le colocaban calmantes, le cambiaban los vendajes… y era horrible escucharla gritar. Hasta que finalmente acabó muriendo.

"Me dejó muy marcado porque tenía una capacidad de aguante tremenda. Es una historia que creo que no olvidaré en mi vida"

Su hermana Arisa [que aparece en algunas de las fotografías de la serie] tuvo un comportamiento digno, siempre al lado de ella. Hoy día aún le lleva flores a la tumba.

Ella estaba en el hospital de quemados de Herat y nosotros teníamos un permiso para entrar. Estuvimos una semana en la ciudad haciendo este tipo de historias, y a ella la visitábamos varias veces al día.

Entrábamos por la mañana a las ocho para ver si había algún caso nuevo; estábamos dos o tres horas, y luego volvíamos a primera hora de la tarde y casi siempre antes de anochecer. No estuvimos permanentemente en el hospital, pero como mínimo un par de horas -y a veces tres- sí que las pasábamos. La visitábamos en intervalos de 45 minutos porque estaba en una zona aislada por la gravedad de sus quemaduras y por la posibilidad de [contraer] infecciones.

Fátima me dejó muy marcado porque tenía una capacidad de aguante tremenda. Su hermana tuvo un comportamiento impresionante. Es una historia que creo que no olvidaré en mi vida. Intenté fotografiar el proceso de su calvario. En la exposición hay cuatro fotografías, pero en el libro hay algunas más. En algunas se la ve ya con oxígeno para poder respirar y con su hermana llorando a su lado.

Quería mostrar con cierta contundencia la gravedad y el drama de esta persona, que evidentemente tenía que estar viviendo una situación muy dramática y rutinaria para llegar a hacer algo tan horrible como es suicidarse.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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