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Con texto fotográfico

"Quiero que mis fotos adviertan de las mortales consecuencias de la arrogancia humana" Gerd Ludwig

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Foto: Gerd Ludwig
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FEB 2015
Declaraciones obtenidas por Calvin Dexter

Nacido en Alemania y afincado en Los Ángeles, desde donde trabaja para National Geographic, Gerd Ludwig ha estado documentado la zona de exclusión de Chernóbil durante las dos últimas décadas. Este veterano fotógrafo se ha adentrado en el reactor de igual modo que ha penetrado en las vidas de las víctimas del devastador desastre nuclear. Su objetivo, recogido en el libro “The Long Shadow of Chernobyl”, no es otro que el de darles voz y contar sin tapujos sus historias para que una catástrofe como ésta no se repita.

Gerd Ludwig

Durante los últimos 20 años he entrado en la zona de exclusión de Chernóbil en nueve ocasiones. Visité Chernóbil por primera vez en 1993 por encargo de la revista National Geographic para hacer un reportaje sobre el legado letal de la contaminación en la antigua Unión Soviética. En 2005 volví a la zona de exclusión para un proyecto mucho más grande, y desde entonces he estado allí varias veces.

En todas estas visitas he capturado escenas postapocalípticas de abandono: árboles creciendo en medio de las calles, escuelas podridas, apartamentos llenos de objetos personales dejados atrás por aquellos que huyeron de sus casas atemorizados... En la zona de exclusión he fotografiado a gente mayor que, pese a la radiación, volvía para vivir su vida en su tierra. También me he aventurado en las profundidades del reactor dañado más que ningún otro fotógrafo documentalista occidental.

"Como fotógrafo documental me siento obligado a actuar en nombre de las víctimas silenciosas de Chernóbil"

No obstante, el núcleo de mis fotografías lo forman las personas que continúan sufriendo esta tragedia, como Oleg Shapiro, de 54 años, y Dima Bogdanovich, de 13. Padecen cáncer tiroideo y reciben atención en un hospital de Minsk, donde se realizan intervenciones a diario.

Oleg fue uno de los aproximadamente 800.000 liquidadores que participaron en la colosal tarea de limpieza posterior a la catástrofe del reactor. Su brigada había recibido órdenes de destruir pozos de agua en pequeñas aldeas que se hallaban en la dirección del viento del reactor dañado en su empeño por disuadir a sus habitantes de volver a sus casas. No obstante, los miembros de la brigada no fueron informados de que habían estado expuestos a niveles extremos de radiación.

Originalmente su trabajo debía durar seis meses, pero cuando solo había transcurrido la mitad del tiempo varios doctores les pidieron un análisis de sangre. Dos días después se les informó de que todos debían volver a casa sin darles explicación alguna. Cuando fotografié a Oleg 20 años después ya había pasado por tres operaciones tiroideas.

Tras la explosión, el 70% de la lluvia radioactiva se desplazó hacia el sur de Bielorrusia, contaminando cerca de una cuarta parte del país. Aunque el gobierno le resta importancia al papel de Chernóbil en este asunto, los científicos y el personal médico, que pueden hablar sin tapujos, ven una conexión clara entre los crecientes problemas de sanidad y la radiación liberada durante el desastre.

La madre de Dima afirma que la lluvia nuclear de Chernóbil es la responsable del cáncer de su hijo. Dima comía con frecuencia frutas del bosque que encontraba en la zona de la lluvia. Pero sus doctores son cautos a la hora de estar de acuerdo con este hecho públicamente. Oficiales bielorrusos les habían dado instrucciones para que le quitaran importancia a la severidad de la radiación, y ello pese a que el científico Alexei Okeanov había descrito los efectos en la salud del accidente como ‘un fuego que no podremos apagar en nuestras vidas’.

Como fotógrafo documental me siento obligado a actuar en nombre de las víctimas silenciosas de Chernóbil, a darles voz con mis imágenes. Al igual que hicieron Oleg y Dima, muchos me dejan entrar en sus vidas para exponer su sufrimiento con la esperanza de prevenir futuras tragedias como ésta.

Quiero que mis fotografías conformen un documento completo de este desastre creado por el hombre. Quiero que recuerden las incontables víctimas de Chernóbil y que adviertan a futuras generaciones de las mortales consecuencias de la arrogancia humana.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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