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OpiniónEnfoque diferencial

El tapado

 
27
SEP 2010

Soy desconfiado y rencoroso. Y no sé perdonar. Cuando algo no me convence a la primera, me cuesta mucho que me convenza a la segunda, y mucho menos a la tercera. Son manías que uno sobrelleva como puede.

Y es que cuesta mucho reconocer que una cámara es buena cuando se analiza con ojos de periodista mientras que el corazón de fotógrafo te cuchichea "¡húndela!, ¡húndela!", como si esa marca estuviera anatematizada. Es como los árbitros, que se muerden el silbato cuando su equipo pierde en el partido que arbitran, o como cuando dos políticos se saludan antes de una reunión mientras que lo que de verdad les gustaría es tirarse de los pelos en plan niño pequeño.

Son cabezonerías, enfurruñamientos y desvaríos con poca lógica que, de vez en cuando, nos asaltan y casi toman el control -no suelen conseguirlo- de nuestro subconsciente. Pero uno, que es rencoroso pero también justo, sabe que de vez en cuando todo el mundo se redime. A veces hay que sufrir un largo y tortuoso camino hasta que ven la luz en nuestra gruta particular, y otras, como quien no quiere la cosa, pasan de la noche al día con un chasquido de dedos.

La FinePix X100 es una cámara que nos ha entrado por los ojos, que se ha desplazado de boca en boca sin apenas esfuerzo

El último chasquido ha sido el de Fujifilm, y lo ha dado tan fuerte que desde Photokina se ha oído en Madrid.

Se llama FinePix X100, y en estos días que he compartido mesa con decenas de fotógrafos -de los buenos- en Pasarela Cibeles ha sido la comidilla de la sala. De lado quedaban las Canon EOS-1D Mark IV, las Nikon D3s y los variados y carísimos superteles. El nuevo juguete de Fuji se ha llevado nuestro corazón, y dentro de poco también se llevará nuestra cartera.

La nueva compacta ha dado la campanada en una Photokina vacía -casi- de sorpresas y con novedades que, si bien no dejan de tener su interés, han perdido ya la gracia tras haber pasado días, e incluso semanas, desde su presentación. Qué bien sienta encender el ordenador y saborear la noticia de una nueva cámara sin tener ni la más mínima opinión preconcebida sobre ella. Es como subirse a una montaña rusa con los ojos tapados y quitarse la venda justo antes de la primera caída.

La X100 es una cámara que nos ha entrado por los ojos, que cual viral de "Amo a Laura" se ha desplazado de boca en boca sin apenas esfuerzo, convirtiendo nuestros ojos en dos corazones, al más puro estilo Tex Avery cuando veíamos el increíblemente hermoso diseño que una marca como Fuji se ha sacado de la mejor de sus chisteras.

¿Saben de ese ciclista por el que nadie apuesta y que en un momento de fortaleza se escapa y gana la etapa como quien no quiere la cosa? Pues se llama X100 y su equipo es, en efecto, Fuji.

La nueva cámara de Fuji nos ha cautivado, y lo demás, lo que deberíamos pensar antes de dar el paso, nos la trae al pairo

Y es que uno se podría esperar una sorpresa así de Leica, Panasonic o tal vez de Olympus... ¿pero de Fujifim? Pues sí, aunque no sea una de esas compañías que copa cada día los titulares, no hay que perder de vista que hablamos de una de las grandes, tanto en cuestiones ópticas como en el desarrollo de captores digitales.

¿Y el precio? ¿Y la calidad? ¿Y su construcción? Bueno, todo eso ya lo veremos tras consumar el matrimonio con ella. La primera toma de contacto nos ha dejado un buen sabor de boca, pero vaya, también nos ha rebozado los labios con miel sin dejarnos tragar.

Aquí lo que pasa es que la X100 nos ha cautivado, y lo demás, lo que deberíamos pensar antes de dar el paso, nos la trae al pairo. ¿Que no enfoca? Que no enfoque ¿Que tiene ruido? Que lo tenga ¿Que es cara? ¡Si yo no quiero esta cámara para hacer fotos! La quiero sólo para mirarla, y como mucho para que me miren a mí con ella.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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