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Con texto fotográfico

"No le van a devolver su ojo" Francesca Oggiano

 
Foto: Francesca Oggiano
17
ENE 2013
Declaraciones obtenidas por Ivan Sánchez

El espinoso tema de las pelotas de goma ponía en jaque recientemente a la policía autonómica catalana y a su máximo responsable político. Proyectiles que son disparados por los cuerpos de seguridad como arma disuasoria en disturbios callejeros y cuyo uso han denunciado en incontables ocasiones los ciudadanos por su tristemente contrastada peligrosidad. La fotoperiodista italiana afincada en Barcelona Francesa Oggiano inició un proyecto con varias víctimas que perdieron un ojo tras recibir el impacto de una de estas pelotas y pretende continuarlo en países como Túnez, donde está extendido su uso.

Francesca Oggiano

El reportaje nace en 2010, cuando me mudé a Barcelona y una amiga me presentó a Nicola, un italiano que estaba acabando un máster aquí. Nicola había perdido el ojo durante las celebraciones de la victoria de España en el campeonato del mundo [de fútbol]. Luego escribió un libro titulado 'Todo por culpa de Robben', porque dice que si España no hubiese ganado, no habría salido de casa. Él quería quedarse en casa, pero unos amigos le convencieron para ir a la Plaça d'Espanya.

A partir de una cierta hora los Mossos d'Esquadra [la policía autonómica catalana] empezaron a disparar pelotas de goma para 'limpiar' las calles y que no quedase nadie. Hubo algunos enfrentamientos, y Nicola decidió esperar a que regresara un poco la calma antes de marcharse a casa. Y ahí ocurrió todo: fue golpeado por una pelota de goma que le reventó el ojo. La gente que estaba a su alrededor le socorrió, llegó una ambulancia y lo llevaron al hospital. Normalmente en una situación así se deja un tiempo de espera antes de dar la noticia definitiva, porque suelen romperse algunos huesos y la pérdida del ojo no es segura hasta pasados unos días.

A través de Nicola conocí en un 'flashmob' que hicieron en la Plaça Sant Jaume [frente a la sede del gobierno catalán y el ayuntamiento de Barcelona] a otras víctimas de balas de goma. Pensé entonces cómo se podía contar la historia de las balas de goma desde un punto de vista fotográfico.

Cuando tuve esta idea la desarrollé y se la propuse a Nicola, que se lo pensó bastante. Contactar con el resto fue muy simple porque pertenecen a la asociación Stop Bales de Goma, que creó Nicola. Ésta ha sido su manera de reaccionar a la brutal violencia que vivió y de luchar contra la impunidad de los Mossos d'Esquadra.

Quedamos un día donde normalmente se reúne la asociación Altra Italia, e hice las fotos con cuatro de las víctimas. Faltaba Carles, con el que quedé otro día. La idea del proyecto consistía en retratar a cinco víctimas de la violencia policial. Cinco chicos a los que les habían robado un ojo. Y las fotos debían enseñar claramente, sin filtro alguno y sin prótesis, el daño permanente que producen las pelotas de goma, armas consideradas no letales pero que pueden matar, como le sucedió a Íñigo Cabacas en Bilbao. Se trataba de crear una campaña muy fuerte e impactante visualmente, así que les pedí que se quitaran la prótesis y mirasen a cámara directamente.

Pasaron unos cuantos meses antes de que todos estuvieran de acuerdo [en participar en el proyecto]. Para ellos era un poco como desnudarse y mostrar al mundo el tuerto que les hicieron. La intención era transmitir a toda la gente que se parara un día frente a esa foto la misma sensación que ellos viven cada dia, tal y como se hace con las fotos de las víctimas de la violencia de género o las mujeres quemadas en la India. Contar la violencia del sistema en que vivimos. Estamos hablando de países que viven bajo una aparente 'democracia', pero que utilizan los mismos métodos que dictaduras como Túnez, Egipto o Bahréin.

Cuando te das cuenta de que pasan estas cosas sale la rabia y la impotencia, porque no puedes volver atrás para cambiarlo. Tu ojo no te lo van a devolver. Al final lo único que quieres es justicia, pero estos chicos llevan un proceso judicial abierto desde hace años, y al final no les reconocen nada. Cuanto más entras en el problema, más rabia te sale. Vas pasando de juez a juez, pero nunca llegas a la verdad, a saber quién te disparó aquella noche sin respetar la distancia de seguridad [más de 50 metros] y apuntando al suelo para que la bala rebote y pierda velocidad y fuerza antes de impactar en una persona.

Estamos hablando de gente con uniforme, sin número identificativo de placa, que dispara intencionadamente a la altura de la cabeza y a menos de 10 metros de distancia de las víctimas. Estamos hablando de un cuerpo policial de antidisturbios [los Mossos d'Esquadra] que es muy estricto, con sus propias normas, con una camaradería muy fuerte entre ellos. A veces también los jueces defienden más a la policía que a sus víctimas.

No se trata sólo de las víctimas de las pelotas de goma. En Italia hemos vivido casos como el de Stefano Cucchi, que murió tras siete días de custodia cautelar en la cárcel, o lo que ocurrió en Génova [la muerte de un activista antiglobalización durante las protestas por la cumbre del G8], que fue la apoteosis de la impunidad policial.

Luego se entra en un túnel muy oscuro donde no se llega nunca a la verdad, donde hacen de todo para cambiar la versión: que si tú eres culpable porque no tendrías que haber estado allí cuando están disparando, etcétera. Pero... ¿qué sucede si yo pasaba por ahí porque iba a coger un bus y me llega un pelotazo? Nunca sabré quién me disparó.

Lo hemos visto en celebraciones deportivas como en la que murió Íñigo. Y luego viene otra huelga general, y de nuevo disparan y dejan a otro chico italiano sin un ojo. Y otra huelga más, y en este caso fue Esther Quintana. Y van a seguir así. Ellos no paran. Ahora, por ejemplo, con Esther están montando una verdad falsa: dicen que ellos no dispararon balas de goma donde ella perdió el ojo.

Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.

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