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OpiniónContando píxeles

Modo vacaciones

 
17
SEP 2007

Si la perspectiva fotográfica de la vuelta de vacaciones ya era antaño un peligro, ahora debería catalogarse como arma de destrucción masiva. Y es que, entre las muchas consecuencias que ha tenido la irrupción de la tecnología digital, el aumento exponencial del número de fotografías realizadas es uno de los más característicos. Y en septiembre, uno de los más terribles.

Hace unos años -cuando, por cierto, aún existían las vacaciones porque no se presentaban 248 cámaras en pleno mes de agosto-, servidor malgastaba poco más de una decena de carretes con cualquier excusa viajera.

El aumento exponencial de las fotografías realizadas es una de las consecuencias de la tecnología digital

No sé si era lo habitual, pero a juzgar por la cara con que la gente te miraba al contarlo, deduzco que ir más allá de un rollo de 24 suponía padecer algún tipo de obsesión fotográfica.

Eran otros tiempo, efectivamente. Tenerle apego al disparador y tirar un par de fotos de cada toma por aquello de asegurar el disparo implicaba sumar a la cuesta de septiembre alguna que otra factura de revelado.

Afortunadamente, por aquel entonces la nevera estaba llena de carretes a punto de caducar, y trabajar en un laboratorio reportaba ciertos beneficios a la hora de revelar alguna que otra decena de rollos y tirar sus respectivos contactos de 7 x 10.

¿Qué hubiera sido de nuestros experimentos artísticos si todas aquellas copias, virados y procesos cruzados no hubieran contado con tan generosa subvención?

Antes, ir más allá de un rollo de 24 suponía padecer algún tipo de obsesión fotográfica

Ahora, esta sobredosis de instantáneas ya no amenaza el bolsillo. A no ser, claro ésta, que uno pertenezca a esa extraña y casi extinta raza de quien sigue acercándose cada septiembre a la tienda del barrio, con la tarjeta de memoria entre las manos y entonando aquella letanía que a más de uno le gustaría perpetuar: una copia de todas, por favor.

Pero los riesgos siguen existiendo. Existe el peligro de que el ordenador no esté dispuesto a soportar otros 2 GB de recuerdos veraniegos, o de que seamos incapaces de localizar una foto que hicimos anteayer y que indexamos con ese método infalible y personal que cada uno tiene.

Otro tema sería plantearse si, ahora que apretamos el disparador con más ligereza, nos hemos vuelto mejores o peores fotógrafos. Ya saben: hay quienes dicen que, antes, cada foto implicaba una pequeña reflexión mientras se ajustaba la toma por el visor, en los instantes inmediatamente previos al crítico y casi irrepetible clic.

Tendríamos que plantearnos si, ahora que apretamos más el disparador, nos hemos vuelto mejores fotógrafos

Puede que sea muy cierto. Sin embargo, estoy convencido de que, pese a las distracciones, a fuerza de ver nuestros errores a través de la pantalla y repetirlos una y otra vez, algo habremos aprendido.

Sí, ya sé que los ases del obturador no necesitan repetir, ni reencuadrar... ni mucho menos retocar las imágenes. Pero el resto de la humanidad tal vez prefiramos regirnos por esa sencilla regla de tres que dice que es más probable obtener un par de imágenes potables de 100, que de 36.

Reflexiones filosóficas aparte, y volviendo a la recolección otoñal de los centenares de fotos de las vacaciones, hay que contemplar el riesgo que ni familia ni amigos se presten a una de esas típicas cenas de reencuentro. Saben de sobra que, a los postres, toca sesión de fotos.

Precisamente de eso hablábamos el otro día, contándonos las aventuras de agosto, cuando alguien tuvo una idea que podría convertirse en una de las mayores genialidades del sector durante la próxima década (con permiso de la detección de sonrisas, claro).

Exijamos que las cámaras tengan un modo para vacaciones que imponga un límite de 36 fotos por semana

La cosa iba de recuentos. Túnez: más de 300 fotos. Crucero por el Mediterráneo: unas 400. Dos semanas en Cuba: 1.000 fotos (aunque todavía hay que hacer la primera selección). Casi un mes por Estados Unidos: demasiadas fotos y un iPhone.

La simple idea de revisar todas esas imágenes hizo que uno de los allí presentes lanzara una propuesta que, inmediatamente, me comprometí a reivindicar: exigir que la próxima generación de cámaras digitales incorpore un modo especial de disparo para vacaciones en el que sólo sea posible disparar 36 fotos a la semana.

Si son capaces de borrar los ojos rojos de una mascota, detectar una cara u ofrecer un modo especial para tomas nocturnas con nieve y niños de entre 3 y 7 años, seguro que no estamos pidiendo algo imposible.

En realidad, no hay mucho consenso sobre el número máximo de fotos. Pero para cuando empecemos con la recogida de firmas, el tema ya estará totalmente concretado.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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