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Las fotos de Teresa Romero: cuando el derecho a la información choca con el derecho a la intimidad

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La publicación de fotos robadas a la sanitaria infectada por el ébola ha motivado una agria polémica entre los fotoperiodistas que más de cerca han vivido el caso

El robado de Teresa Romero intubada ilustra dos portadas del pasado día 12.
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OCT 2014
Eduardo Parra   |  Madrid

Fue portada de algunos diarios y fuente de numerosos corrillos, comentarios y debates en el mundo fotográfico. La foto tomada el pasado día 11 de la técnica sanitaria Teresa Romero en su habitación del hospital Carlos III de Madrid, todavía en estado crítico y luchando por sobreponerse al virus del ébola, contrapuso en el ámbito mediático el derecho a la información con el derecho a la intimidad.

El espinoso caso desató un alud de argumentarios por parte de los fotoperiodistas que más de cerca han vivido este caso, enconados en dos polos opuestos a la hora de calificar lo que algunos compañeros de profesión acababan de hacer.

Con una crisis sanitaria fuertemente politizada y utilizada de ariete mediático para fines poco claros, tan solo faltaba un paso en falso de la prensa para terminar de enredar una madeja que estaba ya de por sí bastante enmarañada. Y en efecto: hubo pasos en falso.

“¿Por qué esta polémica con Romero cuando se publican constantemente fotos de enfermos en hospitales en África?", se pregunta uno de los autores de las imágenes

Tras dar algún medio por fallecida a la paciente y explicar otro cómo sería su entierro, el robado de Teresa Romero encamada supuso el último aldabonazo a una puerta, la de la polémica, que se abrió hace unos cuantos días en el madrileño municipio de Alcorcón y que aún hoy, cuando la protagonista involuntaria de esta odisea apunta a la recuperación, sigue sin cerrarse.

“El valor informativo de esa imagen prevalece frente al derecho a la intimidad”, opina el fotoperiodista Ángel Navarrete. “No se ha ridiculizado a Teresa en ningún momento.” La información, a la postre el único requisito que una fotografía periodística no debería jamás dejar de tener, ha sido uno de los caballos de batalla tanto de los que se han postulado a favor de la imagen como de los que se han opuesto a su publicación.

Artículo 18

Según Navarrete esta foto “nos dice que Teresa tiene fuerzas para incorporarse, muestra el trato que recibe de los médicos o cómo es su habitación. Cuando vi la foto me llevé una alegría porque me imaginaba que estaba mucho peor.” Óscar Pinal, otro fotoperiodista con base en Madrid, es radicalmente contrario a estos argumentos.

Según él, con la publicación de la imagen se está violando el artículo 18 de la Constitución española, que hace referencia al derecho al honor y la intimidad, “por una palmada en la espalada, una compensación extra o la gloria de la portada”.

Aunque entre los fotoperiodistas hay discrepancias acerca de la ética que encierra la toma de esta fotografía, no faltan los argumentos que definen la polémica como interesada porque Teresa Romero es española.

“¿Por qué se ha generado esta polémica con Teresa y sin embargo se publican constantemente fotografías de enfermos en sus habitaciones de hospitales en África?”, nos cuenta uno de los fotógrafos que tomó una de las imágenes de la auxiliar de enfermería y que prefiere dejar su nombre al margen. “Pues porque Teresa es nuestra Teresa; porque es española, blanca y la tenemos cerca.”

Aviso de Reuters a los medios para que retiren de su archivo la serie de fotos hechas a Teresa Romero en su habitación.

Un argumento que podría servir de pie de foto a una de las imágenes que el fotoperiodista Samuel Aranda hizo para The New York Times y comentó la semana pasada para Quesabesde. En ella, una niña de cuatro años infectada por el ébola yace en el suelo de un hospital en Sierra Leona. Una foto sin censura que apareció publicada también en El Periódico de Catalunya. Y una foto que no ha causado ningún revuelo social ni en corrillos mediáticos sobre la intimidad de la retratada.

Puede que tomar una foto de Teresa Romero en estado crítico sea inmoral. Sin embargo, que sea legal o no es algo que tendrá que certificar un juez. “Muchas veces los fotoperiodistas tenemos que cruzar esas líneas invisibles para contar la verdad”, afirma Navarrete. Algunos compañeros suyos apoyan esta afirmación, y como ejemplos ponen las fotografías que, utilizando cámaras ocultas o trucos que podrían ser considerados poco éticos, han revelado la sobresaturación de algunos hospitales y las carencias del sistema español de sanidad pública.

“Los medios no habrían buscado estas fotos si la comunicación oficial hubiera sido correcta y no atropellada y poco tranquilizadora”, sostiene un fotógrafo

Reuters, una de las agencias que distribuyó la imagen tomada por una de sus fotógrafas en Madrid, dio orden hace pocos días de retirar la captura de su servicio gráfico. Otros medios que reprodujeron la imagen, como El País, la quitaron posteriormente de sus publicaciones. David Alandete, director adjunto del mencionado diario, se excusó hablando de “error y mal juicio”.

Muchos fotógrafos se quejan de las reacciones de ciertas instancias oficiales sobre este asunto, entre ellas una carta del propio hospital lamentando su captura, y recuerdan que el propio gobierno español, a través del Ministerio de Defensa, ya facilitó fotografías del religioso García Viejo a su llegada a Madrid.

“Si una está mal, la otra también. El ‘tú lo has hecho, ahora yo también’ no legitima ni justifica. Ambas presentan un flagrante pisoteo del derecho a la intimidad”, sostiene Pinal.

En cualquier caso, si la información de las autoridades hubiera sido más fluida, precisa y veraz, dicen algunos profesionales, el debate hubiera tomado otro cariz: “Los medios de comunicación no habrían tenido necesidad de buscar estas fotos si la comunicación oficial hubiera sido correcta y no atropellada y poco tranquilizadora”, nos cuenta un fotógrafo de una agencia española que prefiere permanecer en el anonimato.

Ejercicio de autocensura

Muchos fotoperiodistas creen que la solución a casos como éste pasa por un ejercicio de autocensura. Autocensura del medio. Así, el fotógrafo está obligado a tomar la foto, y debería ser el medio de comunicación el que decidiera si debe o no publicarla.

Aunque no faltan profesionales que opinan que ésta es la salida fácil con la que el fotógrafo se lava las manos sin asumir ninguna responsabilidad. “Yo me negaría si pienso que es mi madre, hermana o abuela y pienso en el trato informativo que va a tener. La diferencia ética entre hacerlo o no estaría en la desconfianza del trato informativo que va a tener la foto, y sobre todo el permiso de quien va a formar parte posteriormente del circo mediático”, afirma Pinal.

“Yo me negaría a tomar la foto si pienso que es mi madre, hermana o abuela y pienso en el trato informativo que va a tener"

Navarrete respalda también esta afirmación: “Si el fotógrafo piensa que al hacer una foto determinada está yendo contra la integridad de la persona fotografiada o sus propios principios, ningún medio debería obligarle. Pero ya sabemos lo mal que está la profesión, y no creo que nadie se atreva a plantearle al jefe en cuestiones éticas.”

Ese punto, el hecho de plantarle cara a un cuadro superior, es otro de los factores a tener en cuenta. De hecho algunos miembros del personal sanitario accedieron a trabajar en una situación de riesgo como es tratar a un enfermo con ébola sin tener garantizada su protección por el hecho de temer perder su trabajo de interino o temporal. Un fotógrafo, comparándose con estos sanitarios, se pregunta: “Si los propios enfermeros no se atreven a plantarle cara a su jefe… ¿cómo lo íbamos a hacer nosotros?”

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