• Cuando fotografiar es fácil con los ojos cerrados
  • El reportero más dicharachero de Barrio Selfie
OpiniónContando píxeles

Carta abierta a ti que crees que las fotos son gratis

47
21
SEP 2015

Últimamente se ha puesto de moda entre amigos de Pinochet y salvadores de la patria escribir cartas abiertas al pueblo. Como si ese pueblo al que se dirigen no tuviera nada mejor que hacer un domingo por la mañana que ponerse a leer sus promesas y amenazas mal conjugadas. Como si quedara alguien dispuesto a pagar algo por un periódico como ese en el que escriben estos dos profetas de la democracia.

El caso es que mi agente –los gurús de pacotilla tenemos agente- me ha recomendado que redacte yo también una carta abierta de esas. Y como en realidad da igual para qué o para quién sea, es una excusa estupenda para dedicarle esta misiva a todos aquellos que creen que las fotos son gratis. Y a sus señoras madres, que no tienen ninguna culpa pero le dan sonoridad al párrafo.

Hacer negocio con las fotos de otros sin su permiso está feo y ojalá pilles con un fotógrafo con mala leche, tiempo libre y un abogado para que te cruja

Que en 2015 tengamos que seguir con este tema sobre la mesa es posiblemente la mejor prueba del respeto que se le tiene a la fotografía y a la profesión. Y no es el típico lamento de ese fotógrafo mal pagado o recién reconvertido en falso autónomo –un saludo a vuestra familia también, empresarios y emprendedores-, sino algo bastante más triste que trasciende de lo meramente laboral.

Somos capaces de enviar cámaras a hacer fotos a Marte, tenemos relojes inteligentes, gafas de realidad virtual y cámaras tan listas que nos dicen cuándo ya hay demasiadas fotos en un lugar. Hablamos de posfotografía, de la profundidad de color y el alma de los RAW, de la deontología del fotoperiodismo y de si es mejor golpear antes en la cabeza o en la rodilla a los que van por la vida con un palo de selfies. Sin embargo entender algo tan simple como que las fotos no son gratis se ve que no estaba en el guion para este siglo.

Es un debate tan cansino que ni siquiera hay debate posible. ¿Puedo coger esa foto y usarla? No. O mejor dicho: ante la duda, la respuesta es un no en mayúsculas. En algunos casos es posible que se pueda, que el autor te dé permiso, que la licencia con la que ha sido compartida una imagen lo permita… Pero si no sabes si puedes o no usar esa foto para tu negocio, posiblemente la respuesta es no.

Pero si la gente comparte las fotos es para eso, repite desde hace décadas algún iluminado. En realidad no, y si te pararas un minuto a pensarlo y aplicaras sentido común, sabrías que ese razonamiento no se sostiene por ningún lado. Mostrar tu trabajo no es regalarlo. Compartirlo no es darte un cheque en blanco para que hagas negocio con él. ¿Verdad que es fácil de entender?

Porque ahí está muchas veces la clave. Si te descargas e imprimes esa foto del vecino del cuarto o de Ansel Adams para ponerla de fondo de escritorio o en tu mesilla de noche, no es que no pase nada (igual tampoco se puede), pero, entre tú y yo, nadie se va a enterar.

El problema es cuando alguien pretende ganar dinero a costa de las fotos de los demás. Da igual que sea un periódico que pide fotos gratis –pagar una miseria es casi peor que gratis, por cierto-, los que ofrecen prestigio a cambio de trabajo o si eres un artista que usas fotos ajenas de Instagram para crear tus conceptos que luego venderás a cuatro coleccionistas siempre atentos a la última tendencia idiota. Está feo, no se puede y ojalá pilles con un fotógrafo con mala leche, tiempo libre y un abogado para que te cruja.

La gente puede hacerlo en su casa, nos explicaban los creadores de una polémica máquina pensada para que cualquiera puede imprimirse una foto de Instagram al instante.

Cierto. Pero es el negocio que hay detrás lo que convierte algo que cualquiera puede hacer en su casa en una broma de mal gusto para los autores de las imágenes. ¿Verdad que con una foto de Magnum –por poner un ejemplo conocido- no os atreveríais? Pues sacad vuestras garras de Flickr, Instagram y compañía. O mejor aún: dejad vuestras zarpas, pero pagad por las fotos.

Ojalá algún día cale hondo la idea de que las fotos, como cualquier otra creación, hay que pagarlas. Pero mientras tanto sería un gran avance que estos ladronzuelos entiendan que no es lo mismo que alguien encargue un cuadro de dos metros con la primera foto que se encuentre por ahí que una empresa se dedique a producirlas y un gran establecimiento luego las comercialice.

Aunque en realidad posiblemente lo entiendan perfectamente, pero es más fácil y rentable situarse en el “si cuela, cuela”. Es que yo no sabía nada, señoría. ¡Pues haber estudiado!

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

Artículos relacionados (1)
47
Comentarios
Cargando comentarios