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OpiniónContando píxeles

Fotoperiodismo y poesía

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16
MAR 2015

La gente en Internet no lee, mira las fotos. No es una apreciación del Capitán Obvio ni el típico comentario pedante para dejar claro que solo yo me leo las entrevistas de Jot Down hasta el final y dos veces mientras el resto veis “¿Quién quiere casarse con mi hijo?” en Cuatro.

Por lo visto es algo que se da por hecho entre los expertos en la cosa esa de las audiencias en la red: los SEO, los SEM y todas esas seudociencias que acabaron con los titulares que no consideren al lector un pobre incauto dispuesto a tragarse cualquier mierda si después “ocurrió algo increíble”.

En la ONU parecen compartir esta teoría y la manida idea de que una imagen vale más que mil palabras. O que mil noticias o mil informes sobre tal o cual guerra. Por eso han decidido colocar una exposición de fotografías en su sede central en Nueva York que recoge imágenes de miles de torturados y asesinados en Siria durante los últimos años.

Una visitante contempla horrorizada las fotos expuestas en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. | Foto: Lucas Jackson (Reuters)

Una colección de imágenes extremadamente duras y rodeadas de todo tipo de advertencias sobre su crudeza que, no obstante, están allí para que sean vistas por los trabajadores de este organismo internacional. El objetivo de esta descarnada exposición de 30 fotografías es claro: “Recordar a los trabajadores de la ONU que no pueden mirar hacia otro lado”, explican sus organizadores a The Guardian.

La historia de las imágenes daría para una película de espías si no fuera porque es la triste realidad. Un desertor sirio –ahora testigo protegido y conocido como Caesar- salió del país con decenas de miles de imágenes que recogen los crímenes del régimen. Desde 2011 hasta 2013 su trabajo fue uno de los más horribles que cabe imaginar: fotografiar los cadáveres en las prisiones sirias.

La única manera de empezar a cambiar algo es una foto que nos salpique con esas cosas que ocurren en los rincones más oscuros del planeta

Ahora esa macabra colección se convierte en un arma para denunciar las atrocidades, ayudar a los familiares a identificar a los desaparecidos y -como en este caso- remover las conciencias de los organismos teóricamente encargados de que este tipo de cosas no ocurran, o en todo caso pararlas a tiempo.

La fotografía como agitador de conciencias. Imágenes para abofetear nuestra mirada adormilada que pasa de largo de los titulares sobre guerras olvidadas o conflictos demasiado lejanos o poco espectaculares como para que les dediquemos un minuto de atención. Nada nuevo, en realidad, porque se supone que de eso va el fotoperiodismo.

¿Puede la fotografía cambiar la realidad? Tal vez somos ya demasiado mayores y cínicos como para creer en ello, pero al menos sabemos que la única manera de empezar a cambiar algo o para que no miremos para otro lado es una fotografía que nos salpique con esas cosas que ocurren en los rincones más oscuros del planeta.

Curiosamente un vistazo a los premios World Press Photo de los dos últimos años nos lleva a la dirección contraria. Imágenes mucho más sutiles e incluso poéticas (migrantes buscando cobertura en la frontera por la noche y una pareja homosexual en Rusia) han sido elegidas como mejores fotos.

Foto: John Stanmeyer (VII Photo Agency / National Geographic)
Las dos últimas imágenes ganadoras del World Press Photo ofrecen una visión poética de una realidad muy cruda. | Foto: Mads Nissen (Berlingske / Scanpix)

Nada que ver con la dura instantánea tomada por Paul Hansen en Gaza o la reinventada piedad de Samuel Aranda años atrás. La muerte, la violencia y la miseria siguen ahí, pero el jurado parece que ha optado por superar el debate sobre la necesidad de mostrarla con toda la crudeza o sobre la dignidad de las víctimas retratadas y se ha decantado por un acercamiento menos directo. Fotos que no salpican. Que necesitan un pie de foto para ser entendidas.

Tal vez por eso las duras y aclamadas fotos de Aranda –por citar un ejemplo cercano, porque seguro que habrá decenas- sobre el ébola no han merecido ningún premio esta vez. Igual es que han ganado los que llevaban años criticando este tipo de imágenes que golpean sin piedad (los ojos de aquella niña en el suelo de un hospital de Sierra Leona se te clavan en la conciencia, y así debe ser), los que prefieren hablar de la metafísica fotográfica en lugar de lo que esas imágenes cuentan.

Los que (no nos cansaremos de repetir la frase de Gervasio Sánchez) no acaban de entender que el problema no son las fotos, sino los muertos que aparecen en ellas.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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