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OpiniónEnfoque diferencial

Fotógrafos de menú del día

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14
MAR 2016

Una vez pregunté a un responsable de una importante marca fotográfica por la óptica de la que más orgullosos estaban. Contrariamente a lo que yo esperaba, el acreedor de tal distinción fue un objetivo de gama muy baja, de esos que la mayoría de fotógrafos con un mínimo de experiencia descartan y que acaban siendo, en el mejor de los casos, bonitos pisapapeles.

Ante mi sorpresa inicial me explicaron que ese objetivo había costado muy poco diseñarlo, que producirlo era también muy barato y que se amortizó casi al instante. En resumen, de cada unidad vendida sacaban un enorme beneficio. Ríete tú de los 300 y 400 milímetros: cada vez que vendemos uno perdemos dinero, vinieron a exagerar.

Lo piensas y es lógico. La crema de los productos suele ser un ítem muy especializado y con un mercado muy limitado, y a menos que les pongan un precio exageradamente desorbitado que limita aún más su venta, el beneficio es escaso. Sin embargo son los números uno, los deseados, los que todos queremos tener, los que salen en las películas. Suya es la gloria.

Alguien tiene que hacer esas fotos de consumo rápido y creatividad cero, porque un periódico no se llena solo con imágenes dignas del World Press Photo

Supongo que es una constante en todos los escalones de la vida. No es exactamente aquello de cardar la lana, pero casi: del mismo modo que para que exista el bien tiene que existir el mal, para que haya fotógrafos que crían la fama tiene que haber otros que cardemos la lana.

Fotógrafos. No les voy a quitar mérito a los grandes. Sería un necio si negara que una gran foto o un gran fotógrafo lo son por méritos de otros, pero sí quería desde estas líneas -ahora que los ecos del World Press Photo empiezan a disiparse- reivindicar a esos fotógrafos que día a día hacen su trabajo en silencio y casi pasando desapercibidos, logrando que empresas, medios o marcas ganen dinero suficiente para mandar a los grandes fotógrafos allí donde están las grandes fotos.

Revisemos un día cualquiera de un fotoperiodista cualquiera: se empieza cubriendo la valoración de los datos del paro por parte de un sindicato; se sigue fotografiando una exposición para continuar en la rueda de prensa de presentación de un nuevo deportista, y se termina con la reunión entre un ministro y vaya usted a saber quién. Puede -y digo puede por decir algo- que sea informativamente relevante, pero… ¿fotográficamente? Fotográficamente aquello no se salva ni untando la lente con leche condensada y diciendo que es fotografía estilo Jackson Pollock. Pero, oiga, todas las fotos ocupan el mismo espacio.

No miento cuando digo que fotografiar viernes sí, viernes no a un ministro portavoz, por mucha portada que te den al día siguiente, no le hace a uno sentirse realizado. Como tampoco lo hace ir de estreno en estreno, por mucha superestrella que haya en la alfombra roja. (Y cuando toca alguna entrevista en la que se pueden soltar un poco la melena, enseguida alguien te corta las alas y te mete prisa porque, claro, no eres Terry Richardson. Lo cual en realidad es una suerte.)

Pero alguien tiene que hacer esas fotos de consumo rápido y creatividad cero, porque un periódico no se llena solo con imágenes dignas del World Press Photo de la misma forma que, aunque algún día vayamos a un buen sitio a cenar, el resto del mes, cuando salimos de casa, nos resignamos al sándwich de la maquina o al menú del día del bar de abajo. Comer de cinco tenedores es genial, pero lo normal es que no podamos hacerlo siempre.

Reivindico el mérito de estos fotógrafos. Profesionales que cumplen con su trabajo diario a sabiendas de que no ganarán premios ni tendrán fama y fortuna. No es que sean malos fotógrafos: simplemente no van a tener la ocasión de demostrar lo que valen porque sus fotos, aunque importantes, nunca serán virales.

Algunos fotógrafos viven muy cómodos en esta dinámica, haciendo su trabajo lo mejor que saben y dando de sí el máximo posible por muy tedioso que sea aquello que están haciendo. No, ser fotógrafo de menú del día no es menos que ser fotógrafo de cinco tenedores. Pero tampoco es más.

Cierto es, no obstante, que hay algunos que a pesar de todo eso sacan tiempo y ganas para irse los fines de semana a ganar premios. Pero si hablo de esos se me dispara el envidiómetro.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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