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Fotografía de bodas: cuando la crisis y el cuñado fotógrafo se juntan

 
24
MAY 2011

Jugar sobre seguro y pagar por ello o ahorrar un poco y apostarlo todo a una carta. La fotografía de bodas pasa por un momento delicado. Los fotógrafos de las conocidas como BBC (bodas, bautizos y comuniones) se enfrentan a la crisis, la competencia involuntaria de la fotografía digital, los esfuerzos de los contrayentes por recortar gastos... Están solos contra un mundo hostil en el que muchos obstáculos ejercen de perro del hortelano y no comen ni dejan comer.

A nadie se le ocurriría meterse en la cocina y preparar entremeses y cordero para una boda por la simple razón de que "de vez en cuando cocino", del mismo modo que a pocos se les pasaría por la cabeza diseñar un vestido de novia porque "en mis ratos libres coso". Sin embargo, ¿cuántos fotógrafos aficionados han sido cortésmente invitados a cubrir gráficamente una boda escudándose en los cientos y cientos de mariposas, atardeceres y fuentes varias que han posado para su cámara?

Foto: Alberto R. Roldán

¿Cuántos fotógrafos aficionados han sido cortésmente invitados a cubrir gráficamente una boda?

Crisis. Lo decimos nada más empezar porque la tan manida palabra reaparecerá. La crisis afecta a todos los bolsillos, y una boda es un acontecimiento en el que el bolsillo, precisamente, sufre un desgaste considerable. Pero tampoco hay que engañarse. Lo de ahorrar hasta el último céntimo no es una consecuencia coyuntural de la crisis. Es tan grande el dispendio que requiere una boda que siempre se ha intentado recortar el presupuesto por donde fuera, y en especial por lo fotográfico.

Aunque parejas de novios hay muchas, todas tienen algo en común: un amigo, cuñado, primo o sobrino aficionado a la fotografía. Es por esto que los fotógrafos que trabajan profesionalmente en los llamados eventos BBC (bodas, bautizos y comuniones) sufren sobremanera para que sus servicios no sólo sean reconocidos, sino también pagados a su justo precio.

Generalizaciones
Aunque hacer generalizaciones siempre es arriesgado, podemos concretar que entre los contrayentes hay dos grandes grupos: por un lado están los que opinan que las fotografías son un recuerdo imborrable que ha de perdurar para siempre y por ello han de destilar la máxima calidad posible; por el otro, los que se escudan en que, al ser una fecha tan señalada, no es necesario una gran producción, ya que "todos los novios salen bien el día de su boda".

El fotógrafo Alberto R. Roldán expone que "en el mercado debe de haber soluciones profesionales adaptadas a todo tipo de gustos y economías". Y añade: "Supongo que las empresas que se dedican a hacer cincuenta bodas en un verano obtendrán un beneficio económico enorme."

Foto: Alberto R. Roldán

El primer grupo es una perita en dulce para los fotógrafos. Con ellos se será muy exigente, sí, pero serán justamente recompensados. Lo más probable es que no tengan problemas a la hora de plantear su plan de trabajo y no reciban excusas acerca de la factura. Los segundos... ¡ay, los segundos! Esos novios sí que tienen peligro.

Este dilema (elegir bien y jugarse el sueldo con unas pocas "bodas de calidad" al año frente al trabajo de menor nivel pero con un mayor ritmo de producción) es probablemente el primer problema al que se enfrentan los fotógrafos que dan sus primeros pasos. Es una decisión difícil, ya que poner en la balanza la satisfacción personal del trabajo bien hecho frente a una buena suma de billetes es una elección a priori asequible, pero muy compleja a la hora de la verdad.

Bodas selectas
Vicente Alfonso, un recién llegado -como él mismo se define- a este mundo fotográfico lo tiene claro: "Bodas selectas, en eso no tengo duda. Y no es por cobrar más o menos, sino que las entiendo como alguien que te contrata porque busca un cierto tipo de foto, espera calidad y eso es lo que más me motiva. Que alguien te busque para que le hagas un gran trabajo, no un simple recuerdo."

Ahora hay que competir no sólo con los fotógrafos impuestos por la iglesia y el restaurante, sino con el amigo del novio y el cuñado de la novia

Alberto R. Roldán es otro de los fotógrafos que apuestan por pocas bodas pero cuidadas al detalle. Y va un paso más allá que Vicente Alfonso (la veteranía es un grado): "Yo creo en un precio justo y adaptado a las necesidades de los clientes. He podido ver trabajos a precios caros que considero que no ofrecen una calidad aceptable. Eso sí me parece caro o carísimo, según se vea. En mi caso particular, el importe de mis servicios está por encima de la media."

Roldán justifica sus tarifas: "Trabajo hasta el más mínimo detalle, visito varias veces las localizaciones previamente... en definitiva, hago un trabajo de campo que me permita controlar hasta el más mínimo detalle, como tener en cuenta qué hacer si el día de la boda llueve. A mí me sería imposible hacer veinte bodas en cinco meses con esta forma de trabajo. Prefiero algo más personalizado y exclusivo, que esté destinado a un cliente que valore mucho el trabajo por el que paga."

Mónica Patxot ofrece el servicio, por así decirlo, opuesto: "No hacemos bodas 'baratas'. La calidad exige unos mínimos, y el trabajo bien hecho también. Pero tampoco hacemos bodas 'caras y selectas'. Trabajamos para todo aquel que le guste nuestro trabajo."

Otro de los grandes problemas es el ya citado intrusismo, muchas veces involuntario, de los amigos y familiares de los novios. Hace algunos años el fotógrafo de bodas profesional tenía que luchar contra otros fotógrafos que, si bien no eran expertos en esa disciplina ni cumplían sus obligaciones fiscales, al menos sí eran profesionales.

Foto: Alberto R. Roldán

Hoy todo ha dado varias vueltas de tuerca y se ha llegado a un punto en el que hay que competir no sólo con el fotógrafo impuesto por la iglesia y el impuesto por el restaurante, sino con el amigo del novio y el cuñado de la novia. "Actúan con la tranquilidad que da el no tener que pagar a la Seguridad Social ni a Hacienda y no quedarse sin empleo si las fotos salen mal", nos explica un profesional del sector.

El dinero es un aspecto muy delicado. En todas las transacciones hay siempre un tira y afloja, y generalmente el acuerdo acaba siendo posible cuando se pone en un lado de la balanza la calidad de la mercancía y en el otro la calidad del producto a adquirir. Lo malo de las bodas es que no hay producto que inspeccionar hasta que el trabajo ha finalizado. Una vez llegados a eso, no hay vuelta atrás.

Precios
"Los novios tienen que ver, comparar y comprender que realmente el trabajo que están encargando lo vale. Que el fotógrafo va a darlo todo y va a exprimir al máximo el reportaje de su boda", cuenta Vicente Alfonso. "Enseño álbumes de muestra y las fotos. Con eso y viendo el mercado, el cliente debe saber bien lo que busca y lo que realmente quiere. Es muy complicado poner un precio, a veces no sólo porque es difícil evaluarse a uno mismo, sino porque quizás tu nombre todavía no tiene esa repercusión mediática que sí tienen otros."

Foto: Alberto R. Roldán

El punto de vista de los novios, en cualquier caso, también tiene su lógica. Una pareja que está ahora en plenos preparativos para su boda nos confiesa su decisión de prescindir de fotógrafo: "Hay cosas de las que se puede rascar y cosas de las que no se puede bajar. El vestido no te lo haces tú, pero eliges otro más barato, y con el viaje pasa lo mismo: vas, pero más cerca. Las fotos son como el coche de la novia. El mío no será una limusina, sino un Citroën conducido por un primo del novio, y las fotos las hará un amigo y no un profesional. Seguramente no salgan igual, pero hay que asumirlo. Y si hubiera alguien que me preparase el banquete o algún vecino que me dejase su finca para el convite... también lo aceptaría."

"Muchas parejas dejaron que fuera un amigo el encargado de hacer las fotos, y ahora están recomendando a otros novios que no cometan ese error", comenta un ex profesional

Sin embargo, no todo son malos augurios. Un fotógrafo no experto en bodas pero que recurre a estos trabajos bajo el paraguas de una tercera empresa de renombre nos comenta que "las parejas jóvenes le dan mucha más importancia a la fotografía que antes. Ahora vienen con las ideas muy claras. Han visto mucho cine, mucha tele, mucho Internet... Ya no quieren los reportajes de boda como antes, de quince posados en el parque. Ahora quieren otra cosa, y eso saben que cuesta un dinero".

En la misma línea se expresa otro fotógrafo recientemente retirado: "Ahora mismo estamos sufriendo el 'boom' de la fotografía digital, que ha llegado a las bodas con retraso. En los últimos años muchas parejas han experimentado con las fotos digitales que les ha hecho un amigo, y ahora esas mismas parejas están recomendando a los novios actuales que no cometan ese error, que busquen un profesional. Esta fase que vivimos ahora es sólo un bache; todo volverá a la normalidad a corto plazo." Palabra de profesional.

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