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Nueve más uno

10 fotografías icónicas del rock

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Foto: Barry Feinstein
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JUN 2016

Los fotógrafos han tenido una importante parte de responsabilidad en que el rock and roll se haya convertido en uno de los fenómenos culturales más relevantes y multitudinarios del siglo XX. Y no solo ejerciendo de cronistas de la vida y obra de los artistas del género, sino también ilustrando con sus imágenes miles de portadas de discos y contribuyendo de forma decisiva al éxito o el fracaso de los mismos. En Quesabesde hemos rescatado algunas de las fotografías que la historia ha convertido en iconos del rock y de la música en general.

Johnny Cash: una peineta para la historia

Foto: Jim Marshall

“Hola, soy Johnny Cash.” Así, de la manera más escueta y modesta posible, con su voz profunda, su ropa oscura y su gesto duro, se presentaba en sus conciertos uno de los nombres propios más importantes de la música country. Aunque la influencia y el legado de Johnny Cash van mucho más allá de un simple género musical, su actitud rebelde y contestataria lo convertirían también en unos de los grandes iconos del rock and roll.

Tras alejarse de la mala vida y las adicciones que marcaron buena parte de su trayectoria profesional, El Hombre de Negro –así se le conoce popularmente- se volcó en la lucha por los derechos civiles, la defensa de los indígenas y la solidaridad con los presos que atestaban las cárceles norteamericanas, lo que le llevó a dar varios recitales en algunos presidios del país.

Fue precisamente durante un concierto en la prisión estatal de San Quentin –en el estado de California- donde el fotógrafo Jim Marshall captó de una de las fotografías más míticas del cantante. Tal y como el mismo Marshall desveló recientemente, el agresivo gesto de Cash fue la espontánea respuesta a una inocente petición del fotógrafo: “¡John, vamos a hacer una foto para el director!” En los labios de Cash se intuye perfectamente la palabra que estaba a punto de pronunciar.

Nirvana: un bebé que cambió la música

Foto: Kirk Weddle

Hablar de “Nevermind” es hablar del que posiblemente es el último disco que ha sido capaz de marcar de manera clara un antes y un después en la historia del rock. Y es que probablemente ningún álbum en la historia reciente ha tenido un impacto tan brutal en toda una generación como lo tuvo el segundo título de la discografía de Nirvana cuando se lanzó en 1991.

Y si “Nevermind” es un hito indiscutible en la historia de la música, no lo es menos su mítica portada, con un bebé intentado pescar bajo el agua un billete de un dólar prendido de un anzuelo. La idea surgió de las mentes de Kurt Cobain, líder de la banda, y del baterista Dave Grohl tras ver en la televisión un documental sobre nacimientos en el agua. Tras estudiar varias fotografías sobre esta modalidad de parto, el director artístico de la discográfica Geffen desechó la idea por considerarla demasiado gráfica y agresiva.

Spencer Elden, involuntario protagonista de la portada del "Nevermind", 20 años después.

Finalmente decidieron que la portada sería simplemente un bebé buceando, y fue Kirk Weddle, experto en fotografía submarina, el encargado de retratar al hijo de unos amigos en la piscina de una escuela de natación de Pasadena. El anzuelo y el dólar serían añadidos a posteriori.

Así fue cómo el recién nacido Spencer Elden pasó a formar parte de la historia del rock de manera totalmente involuntaria. Sus padres cobrarían la irrisoria cantidad de 200 dólares por ceder la imagen de su hijo a una banda prácticamente desconocida en aquel momento. A pesar de no haber cobrado jamás ni un dólar por derechos de imagen, Elden se toma con humor su condición de estrella involuntaria, y se ha prestado ya de adulto para recrear la imagen en varias ocasiones. En bañador, eso sí.

The Clash: la ira de Paul Simonon

Foto: Penny Smith

En septiembre de 1979, tras lanzar dos álbumes de estudio y agitar la escena musical británica con su punk maduro y de gran carga política, The Clash recalaba por primera vez en el convulso Nueva York de finales de la década de los setenta. Pero la cosa no empezó bien: la mítica sala Palladium, que acogía uno de los conciertos de la gira, decidió distribuir sillas por toda la pista para que el público se sentara, lo que provocó que el show entrara en un estado de apatía.

O al menos eso pensó Paul Simonon, bajista de la banda, que en cierto momento decidió que destrozar su instrumento contra el suelo podría ser un buen modo de reactivar al respetable. Y allí estaba Penny Smith, fotógrafa habitual de The Clash, para capturar una de las imágenes más icónicas del rock y una de las que mejor ha sabido representar el espíritu salvaje y destructivo del movimiento punk.

A la izquierda, la portada del álbum "London Calling", de The Clash. A la derecha, el disco de Elvis al cual rinde homenaje.

A pesar de las reticencias de Smith, que consideraba que la imagen estaba demasiado desenfocada, la impactante fotografía terminaría finalmente en la portada de “London Calling”, el tercer disco de la banda y una referencia muy habitual en las primeras posiciones de las listas que recopilan los mejores álbumes de la historia. El diseño final de la portada, por cierto, es un homenaje al que lució el álbum de debut de Elvis Presley.

Ramones: 125 dólares por una portada histórica

Foto: Roberta Bailey

Seguimos en Nueva York. El CBGB, un pequeño local situado en el Lower East Side de Manhattan, se había convertido en el epicentro del terremoto musical que estaba sacudiendo la ciudad en la década de los 70. Por allí pasaban habitualmente –tanto a dar conciertos como a tomarse unas copas- Patti Smith, Iggy Pop, Blondie, Lou Reed, Joan Jett, Television o The New York Dolls.

Y cómo no, también los Ramones, que en 1976 estaban a punto de lanzar su legendario álbum de debut. Para la portada, la discográfica contrató a un equipo de fotógrafos profesionales por varios miles de dólares, pero la sesión fue un auténtico desastre. Ni una sola de las imágenes que se realizaron convenció al grupo: demasiado artísticas y pulidas para un disco que se había gestado entre los grafitis y la suciedad que rodeaban al CBGB.

La solución vino de la joven fotógrafa Roberta Bailey, que había empezado de taquillera en el CBGB para luego convertirse en editora gráfica de la revista Punk, una modesta publicación que ejerció de cronista de la escena neoyorkina de los 70.

La portada del disco de debut de los Ramones con la fotografía de Roberta Bailey.

Unos meses antes, Bailey había convocado a los Ramones para una sesión de fotos. El escenario escogido: una decadente pared de ladrillos en un pequeño callejón en el East Second Street. Los protagonistas: cuatro chavales de Queens ataviados con chaquetas de cuero, zapatillas sucias y tejanos rotos que aún no sabían que formarían parte de la historia de la música.

Poco tiempo después, el mánager Danny Fields seguía buscando febrilmente una foto para la portada del primer disco de la banda, y ahí apareció la imagen de Bailey, por la que pagó 125 dólares.

Jimi Hendrix: ritual de fuego y rock

Foto: Jim Marshall

El legado de Jim Marshall como fotógrafo musical es tan amplio que prácticamente se podría elaborar una lista como esta usando únicamente su inmenso archivo de imágenes. Un par de años antes de inmortalizar a Johnny Cash en la cárcel de San Quentin, Marshall acudió al Festival de Monterrey de 1967 para capturar otra de las más famosas fotografías de la historia de la música, esta vez protagonizada por un joven guitarrista que estaba a punto de convertirse en una leyenda: Jimi Hendrix.

“Are You Experienced?”, el disco de debut de Hendrix, había cosechado cierto éxito en el viejo continente pero aún era relativamente desconocido en el mercado estadounidense. Por eso Hendrix y su banda vieron en la histórica cita de Monterrey su gran oportunidad para ofrecer un directo demoledor y dar un salto en popularidad.

Y vaya si se lo tomaron en serio. En el que es uno de los mejores shows de la historia, Hendrix tocó su guitarra Fender Stratocaster de un modo nunca visto hasta ese momento: haciendo mímica sexual con ella, pellizcando las cuerdas con los dientes, tocándola por detrás de la espalda y golpeándola violentamente contra el soporte del micrófono y el amplificador.

Tras cuarenta minutos de rock salvaje y psicodélico, Hendrix lanza la guitarra al suelo, la rocía con líquido inflamable y le prende fuego en pleno éxtasis chamánico. Y ahí estaba una vez más Jim Marshall, armado con su inseparable Leica M2, para congelar el momento para la eternidad.

Patti Smith: la madrina del punk

Foto: Robert Mapplethorpe

De la intensa y fecunda relación entre Robert Mapplethorpe y Patti Smith ya hemos hablado en otras ocasiones. Y es que el fotógrafo neoyorkino supo plasmar como nadie la compleja y andrógina sexualidad de la cantante, que se convirtió en su musa durante el tiempo en que ambos compartieron apartamento en Nueva York antes de triunfar en sus respectivas carreras.

En 1975 Smith estaba ultimando los detalles para el lanzamiento de “Horses”, su primer disco junto a la Patti Smith Band. Como no podía ser de otra manera, la fotografía de portada corrió a cargo de su amigo Mapplethorpe, y entre los dos, casi sin saberlo, perpetraron una de las imágenes más comentadas, analizadas e imitadas del rock.

En ella Patti Smith posa con un gesto entre lánguido y desafiante, apropiándose del vestuario y la estética de sus héroes masculinos, iluminada y envuelta por un tenue triángulo de luz que entra por una de las ventanas de su apartamento en Greenwich Village, mostrando una imagen nunca vista hasta ese momento entre las intérpretes femeninas y cambiando para siempre el papel de las mujeres en el rock.

En una entrevista para la revista Rockdelux, la cantante explicó a la perfección el momento: “Me levanté por la mañana y me puse la ropa que había encima de la cama. Era lo que llevaba en el escenario en aquella época, mi imagen Baudelaire: camisa blanca, chaqueta negra, cinta negra. Robert me pidió que me quitara la chaqueta. Me la puse al hombro e inmediatamente me sentí como Frank Sinatra en la película ‘La máscara del dolor’ [‘The Joker is Wild’, 1957]”.

David Bowie: un rayo de creatividad

Foto: Brian Duffy

Su inesperada muerte el pasado 10 de enero se ha convertido en uno de los acontecimientos culturales más tristes y relevantes de los últimos años. David Bowie dejaba tras de sí un legado artístico inabarcable que lo sitúa como una de las personalidades más influyentes y poliédricas que ha dado la música popular.

La brutal repercusión mediática que tuvo la noticia de su muerte puso de manifiesto que, de entre los miles de fotografías que se han realizado del artista a los largo de sus casi 50 años de carrera, hay una que destaca por encima de todas ellas: el retrato que ilustra la portada de su disco “Aladdin Sane”, en la que el rostro de Bowie aparece aparatosamente atravesado por un rayo rojo y azul.

Otra de las tomas de la misma sesión junto a la hoja de contactos con todas la fotografías que se realizaron. | Foto: Brian Duffy

Tras lanzar en 1972 “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, posiblemente el disco más importante de su carrera, Bowie se enfrentaba a su siguiente lanzamiento desde su recién adquirido estatus de estrella del pop. Consciente de la nueva situación, su mánager decidió contratar al consagrado fotógrafo Brian Duffy –colaborador habitual de Elle, Harper's Bazaar, Esquire y The Observer- para que realizara la portada de su siguiente álbum.

El maquillaje de Pierre La Roche capta a la perfección el espíritu paranoide y camaleónico del cantante, con el rayo como símbolo de divinidad, potencia, luz y destrucción. Duffy hizo numerosas tomas del artista: con los ojos abiertos, en escorzo, frontales, mirando hacia arriba y hacia abajo… pero solo una de ellas acabó plasmada en la portada de “Aladdin Sane” y se convirtió en una de las fotos más icónicas de la historia del rock. La foto original se conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres y está valorada en 3,2 millones de euros.

Jim Morrison: un poeta americano

Foto: Joel Brodsky

Junto al ya citado Jim Marshall, Joel Brodsky es otro de los fotógrafos musicales más relevantes y prolíficos de las décadas de los 60 y 70. Su peculiar estilo se puede ver en más de 400 portadas de discos, y por delante de su cámara han pasado artistas y bandas de la talla de Van Morrison, MC5, Iggy Pop, Isaac Hayes, Tom Waits o Tim Buckley.

Pero si hay un momento que catapultó la carrera de Brodsky para siempre, ese fue sin duda el día que la discográfica Elektra llamó a la puerta de su estudio para encargarle las fotografías de una banda que recién comenzaba su andadura: The Doors.

Tras una breve sesión con todos los componentes del grupo, Brodsky se quedó a solas con el joven Jim Morrison, líder y vocalista de la banda, que en aquel entonces tenía 23 años. Tal y como el propio fotógrafo confesó posteriormente, Morrison se presentó en el estudio completamente ido y borracho, tropezando con los focos continuamente.

A pesar de ello –o quizás gracias a eso- Brodsky logró capturar la imagen más icónica del legendario cantante y poeta estadounidense. Morrison aparece en ella con el pecho desnudo, los brazos en cruz y las costillas marcadas, con una mirada entre desafiante y mesiánica, y desprendiendo esa sexualidad salvaje que le caracterizaba. La foto terminó en la portada del álbum “The Best of The Doors”, de 1985, e impresa en miles de pósteres y camisetas.

Bob Dylan: el peso de la fama

Foto: Barry Feinstein

A algunos les sorprenderá que la mayoría de las fotos seleccionadas en este recopilatorio pertenezcan a las décadas de los 60 y 70. No es de extrañar, pues en aquellos años los rockeros y otros artistas de la farándula abrían las puertas de su vida de par en par a los fotógrafos: se iban con ellos de gira, bebían -y hacían otras cosas- juntos y compartían todo tipo de fiestas y aventuras.

Y es precisamente en este contexto donde Barry Feinstein se movía como pez en el agua. Su talento y agilidad para disparar con rapidez –encuadraba de forma muy intuitiva y usaba la luz natural a la perfección- junto a su carácter bohemio y su capacidad para relacionarse con los artistas lo convirtieron en uno de los mejores cronistas culturales de su época.

Suyas son las mejores fotografías del carismático actor Steve McQueen, la mítica portada del primer álbum en solitario del ex-Beatle George Harrison o la foto que ilustra la cubierta del disco póstumo de Janis Joplin.

Pero se le recuerda especialmente por haber realizado algunas de la fotografías más icónicas de Bob Dylan, al que acompañó durante su tumultuosa gira de 1966. En aquella época el famoso cantante de folk estaba en el cénit de su popularidad, y algunos de sus fans lo consideraban poco menos que un profeta. Algo que queda perfectamente reflejado en esta magnífica instantánea, en la que varios seguidores se asoman fascinados a la ventanilla del coche en el que viaja Dylan con gafas oscuras y gesto de indiferencia.

Sid Vicious: vive deprisa y deja un horrible cadáver

Foto: Bob Gruen

“La gente tiene que trabajar para conseguir la entrada a un concierto, mientras que mi trabajo es estar ahí, en primera fila. Entonces me doy cuenta de lo afortunado que soy.” Estas declaraciones de Bob Gruen resumen a la perfección la pasión con la que el fotógrafo neoyorkino ha vivido sus más de 40 años de profesión

Y no es para menos, porque el currículum de Gruen es de los que habría que enmarcar. Ante su cámara han desfilado ídolos como Bob Dylan, The Rolling Stones, New York Dolls (con los que entabló una gran amistad), Led Zeppelin o Tina Turner, entre muchos otros. Incluso puede presumir de haber sido el fotógrafo personal de John Lennon durante varios años.

Aunque si por algo será siempre recordado es por haber plasmado a la perfección los primeros años del punk, cuando el fenómeno aún no había sido absorbido por la industria y se mostraba al mundo con toda su ira, su crudeza y sus ansias de autodestrucción.

Algo que queda perfectamente plasmado en esta salvaje fotografía de Sid Vicious, capturada en uno de los primeros conciertos de Sex Pistols en suelo estadounidense. Vicious, bajista de la banda, había recibido un puñetazo en la nariz de una chica del público y se había hecho varios cortes en el pecho con una botella, nada de lo cual le impidió acabar el concierto con una sonrisa en la cara. En 1979 una sobredosis de heroína acabó con su vida. Tenía 21 años.

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