Crónica

Intentando fotografiar la luz zodiacal

 
2
ABR 2013
Iker Morán   |  Àger

Escaparse el fin de semana lejos de la ciudad para buscar la luz zodiacal y aprender a fotografiarla. Aunque a la mayoría este plan les sonará de lo más extraño, semejante propuesta reunió hace unos días a una veintena de fotógrafos en Àger, un pequeño pueblo de Lleida situado a los pies de la sierra del Montsec.

Por aquí pueden presumir de tener uno de los cielos más despejados de la Península para la observación y fotografía astronómica, así que hasta allí nos fuimos para asistir al taller organizado por cuatro expertos en este terreno a caballo entre la fotografía y las estrellas. O entre el cielo y la tierra, nunca mejor dicho.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
"En Àger pueden presumir de tener uno de los cielos más despejados de la Península para la observación y fotografía astronómica."

Manel Soria -fotógrafo especializado en tomas de paisaje astronómico a quien ya entrevistamos-, Maria Rosa Vila -editora gráfica de la revista "Descobrir Catalunya"- y Nati Martínez -experta en procesamiento e impresión- se ocupaban de la parte más fotográfica. La vertiente científica de este seminario multidisciplinar corría a cargo de Ramon Naves, astrónomo "amateur" y una auténtica eminencia entre los aficionados a esta materia.

¿Luz zodiacal?

Los periodistas somos de letras, apuntamos como excusa preventiva ante nuestra profunda ignorancia astronómica. Y es que hemos venido a fotografiar la luz zodiacal sin saber muy bien -elegante eufemismo- qué es.

Los periodistas somos de letras, y hemos venido a fotografiar la luz zodiacal sin saber muy bien qué es

Nos lo explican: las partículas flotando cerca de la eclíptica -la línea imaginaria sobre la que puede verse el Sol y los planetas- hacen que al anochecer se cree una suerte de resplandor con forma triangular que, en cierto modo, puede confundirse con las primeras luces del alba. Incluso el profeta Mahoma advertía de ello a sus fieles. Y si verla no es fácil, fotografiarla lo es aún menos.

Pero estamos bien acompañados. Naves es un experto en cuestiones astronómicas -ha descubierto dos asteroides, nada menos-, y si alguien sabe fotografiar esta luz zodiacal es Soria. Una instantánea suya en la que puede apreciarse este efecto fue elegida por la NASA como imagen del día e ilustra en la Wikipedia la explicación de este fenómeno. Por maestros no será.

Tampoco falta entusiasmo por parte de la veintena de personas que se han animado a pasar el fin de semana lejos de las luces de la ciudad, el principal enemigo de los fotógrafos de estrellas. Algunos han venido desde Murcia, Valencia y Bilbao expresamente para este taller.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)
"Las nubes no dejan ver el cielo y las previsiones no son favorables ni en la televisión ni en las aplicaciones del teléfono móvil que todos consultan."

Pero el factor meteorológico es incontrolable, y hoy juega en contra. Las nubes no dejan ver el cielo y las previsiones no son favorables ni en la televisión ni en las aplicaciones del teléfono móvil que todos consultan. La lluvia anula el plan inicial de levantarse a las cuatro de la mañana para aprovechar las últimas horas de oscuridad hasta el amanecer. La astrofotografía es muy sacrificada, nos recuerdan algunos al ver la cara de susto por la propuesta horaria. Es que los periodistas no somos de madrugar, nos excusamos.

A falta de estrellas de verdad, la aplicación Stellarium, gratuita y disponible para los principales sistemas operativos, permite hacerse una idea de lo que podremos ver -si el tiempo lo permite- al día siguiente. Algo es algo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)
"Sólo por ver explicar a Naves con una pasión contagiosa el movimiento de los cuerpos celestes con un salero y una aceitera merece la pena el viaje."

El plan de viernes noche se anima con una improvisada charla de Ramon Naves sobre Plutón (que no es un planeta, sino un asteroide) y la Luna (que posiblemente no es un satélite, sino un planeta que forma un sistema doble con la Tierra). Sólo por verle explicar con una pasión contagiosa estas cuestiones y el movimiento de los cuerpos celestes con un salero y una aceitera merece la pena el viaje.

Teoría y práctica

Además de un cielo despejado y lo más libre posible de contaminación lumínica hay mucho que aprender antes de colocar el trípode y esperar a que anochezca.

Naves aporta su vertiente científica. Él no es fotógrafo ni artista, apunta antes de asegurar que el color es muy subjetivo y que en su cámara astronómica todo es en blanco y negro. "Cuando se trabajaba con película los cometas eran azules; ahora, con los sistemas digitales, son verdes", recuerda.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

La foto que en 1929 se hizo de la galaxia de Andrómeda con el mejor equipo de la época ahora la podría hacer cualquier aficionado desde su casa

Y es que también en este campo ha habido muchos cambios y avances. La foto que en 1929 se hizo de la galaxia de Andrómeda con el mejor equipo de la época ahora la podría hacer cualquier aficionado desde su casa, aseguran los ponentes.

Por ahora nos conformamos con ver la luz zodiacal. Manel Soria nos asesora combinando cuestiones fotográficas con asuntos de estrellas, constelaciones, y galaxias. Un aluvión de datos por asimilar. Nos quedamos con una cifra como punto de partida: 3.200 ISO, f2.8 y unos 30 segundos de exposición. Aprender a encuadrar y enfocar en la oscuridad ya es otro tema.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Lo descubrimos horas más tarde, tras una visita diurna a la ermita de la Pertusa. Una excelente localización entre Lleida y Huesca para tener marcada en el mapa. Los más valientes volverán por la noche para intentar retratarla bajo un manto de estrellas, si se nos permite el gastado tópico.

Son las seis de la tarde, el cielo se despeja y hay que salir corriendo rumbo a lo alto del Montsec. Una hora después el sol se pone. Dos horas más tarde ya es totalmente de noche y puede empezar la sesión práctica.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Primera lección: en astrofotografía, además de sueño, se pasa frío. Dos horas de espera a la intemperie y con tres grados -podría ser peor- son nuestro particular bautismo. Para entrar en calor nada mejor que intentar buscar una localización antes de que la oscuridad complique las cosas, retratar los preparativos del resto o acercar el ojo al telescopio para ver Júpiter.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Los guantes, el viento, la falta de luz, las luces del resto de fotógrafos... todo ello unido a intentar adivinar qué saldrá en el encuadre y enfocar al infinito. De las decenas de fotos tiradas sólo una se salva. Y siendo optimistas. Las imágenes de Soria cobran ahora un mayor mérito si cabe.

Sobre el horizonte, donde debería estar la luz zodiacal, unas nubes se interponen. Nos volvemos sin conseguir capturarla, pero otros han tenido más suerte aprovechando otra localización y un instante en el que el cielo estaba despejado. Nos enseñan el resultado en la pantalla de la cámara. Ahí está esa curiosa luz.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
"Nos volvemos sin conseguir capturar la luz zodiacal, pero otros han tenido más suerte y nos enseñan el resultado en la pantalla de la cámara."

Ahora sólo queda volver, y a la mañana siguiente aprender de edición con Maria Rosa Vila. Las fotos buenas son las que emocionan, asegura. Así de sencillo y así de complejo. Casi tanto como conseguir que en papel las copias se parezcan a lo que se aprecia en pantalla. De ello se encarga Nati Martínez, que apura las últimas horas del curso a base de Lightroom y Photoshop.

Nos vamos con las manos vacías de luz zodiacal, aunque con un poco de imaginación incluso nos parece intuir algo en la única foto decente que hemos hecho mientras la procesamos el sábado por la noche. Al mirarla, Navas identifica Sirio -la estrella más brillante- y nos anima señalando más detalles que no hemos visto. Una nebulosa. Quizás incluso un cometa.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
"Al mirar la única foto decente que hemos hecho, Navas identifica Sirio -la estrella más brillante- y nos anima señalando más detalles que no hemos visto."

Dos horas después seguimos charlando. Preguntándole, mejor dicho, e intentando comprender qué es eso de la Teoría de Cuerdas y los universos paralelos. "El universo es una calle llena de cines. Los cines son infinitos pero las películas son finitas, con lo cual en alguno se repite la película", nos dice.

Tal vez en esa otra vida de este otro universo paralelo sí hayamos conseguido fotografiar la luz zodiacal. La astrofísica, como consuelo, tampoco es un mal recuso.

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