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OpiniónContando píxeles

Cuando fotografiar es fácil con los ojos cerrados

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JUL 2015

Seguro que todos lo hemos pensado alguna vez al llegar a uno de esos lugares que te dejan sin respiración durante un par de segundos: aquí hasta yo puedo sacar buenas fotos. Puede que incluso esa misma idea se la hayamos aplicado a otro –que siempre es más divertido- al ver las postales que se ha traído de algún viaje exótico: retratos llenos de fuerza, colores espectaculares… Así cualquiera, y tal.

Eso mismo pensé hace unos días en las Salinas de Cabo de Gata, uno de esos parajes en los que apetece echar el ancla una temporada, mandar el móvil a paseo y quedarse por allí con unos cuantos libros, la cámara y poco más.

La carretera paralela a la playa; al otro lado, las salinas y una iglesia de un amarillo recién pintado; al frente, las primeras ondulaciones del parque natural del Cabo, y en la arena, barcas de madera a las que el viento, la sal y los años han descascarillado la pintura con esa perfección que ningún filtro puede imitar.

Allí, en aquellas pequeñas casas encaladas y con las puertas de color azul, se había rodado “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, la última película de David Trueba. Una bonita historia –basada en hecho reales- de un profesor que se escapa unos días a Almería para intentar hablar con John Lennon, que estaba rodando por allí. Aquella España de los años 60, dos chavales trazando su propia huida al sur, viajes que duraban días. Una de esas maravillas sin pretensiones para reconciliarse con la vida.

Viajar, aunque sea al mercado del barrio, es la mejor inversión que podemos hacer para obtener fotos un poco mejores

Aquí fotografiar es fácil hasta con los ojos cerrados, pensé en voz baja para que mis compañeros de viaje no pensaran que el sol me estaba afectando a la cabeza o que era un cursi.

Era mediodía, la luz era terrible pero hacia cualquier lugar donde miraras veías una foto. Y no una cualquiera, sino una con muchas posibilidades de estar por encima de le media personal, que es la mejor manera en la que uno puede catalogar sus instantáneas.

Como si el tiempo se hubiera detenido en algún punto, una señora con un pañuelo oscuro a la cabeza salió de una de las casas y se sentó en un pequeño muro, mientras el viento –que no recuerdo si era de levante o poniente- le movía el pañuelo y la blusa blanca. No llegué a tiempo para la foto, pero la hice en mi cabeza. Clic. Con los ojos cerrados. Aquí hay que volver con más tiempo, pensé antes de irme.

Tal vez sí que fuera cosa del sol. O un simple consuelo para convencernos al ver los Flickr, Instagram y compañía de los demás, que si nosotros no hacemos fotos tan buenas o que gusten tanto es porque nos faltan kilómetros, paisajes delante de nuestra cámara que nos pongan las cosas fáciles.

La verdad es que por aquí somos viajeros de gama media. Ni turistas de Las Ramblas y crucero todo incluido –aunque alguna vez hemos hecho el guiri, como todos- ni de esos con síndrome de Coronel Tapioca y chaleco de bolsillos en el alma. Pero si algo hemos aprendido entre escapada y escapada a lo largo de estos años es que los kilómetros no solo son el remedio para mucha tontería sino también la mejor inversión que podemos hacer para conseguir mejores fotos.

¿Una cámara mejor? Pues claro que ayuda, y el que diga lo contrario, miente. Hablamos, claro, de nosotros, los fotógrafos mediocres que, con un par de instantáneas majas al año, ya vamos servidos. Los buenos de verdad no necesitan toda esta literatura porque son capaces de bajar a comprar el pan y volver con esa foto que nosotros ni habríamos olido.

Pero para nosotros, los fotógrafos del montón que no estamos dispuestos a disfrazar nuestros churros de arte para hacerlos más comestibles, viajar es posiblemente la mejor inversión que podemos hacer para obtener fotos un poco mejores. Viajar aunque sea al mercado del barrio o a esas calles de tu ciudad por las que hace siglos que no paseas con calma, los ojos atentos y la cámara lista.

Así que menos consejos veraniegos sobre cómo disparar, qué cámara llevarse o si es mejor procesar nuestra foto con más o menos máscara de enfoque, y más viajar. Posiblemente es echar piedras contra el propio tejado y un sector ya bastante apedreado, pero entre un objetivo nuevo y un billete de avión todos sabemos lo que te va a ayudar a tal vez no ser mejor fotógrafo, pero sí hacer mejores fotos. Y por ahí se empieza.

Así que buen verano, buen viaje y buenas fotos. Con los ojos abiertos.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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