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Diario de un fotógrafo nómada

Viajar y fotografiar: notas de interés para trotamundos

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JUL 2007

Viajando se ven sitios nuevos y gentes distintas, otras formas de vida. Se olvida la rutina, se disfruta del descanso y se aprende. Se vive con intensidad. Pero todo lo bueno se acaba, y los viajes, también. De ahí la importancia de los recuerdos en forma de fotos o vídeos que nos permitirán revivir esos felices momentos.

Decíamos en el último artículo que viajar y fotografiar son actividades que se parecen mucho, se complementan a las mil maravillas y, en ambos casos, se requiere de un aprendizaje mínimo para evitar sorpresas desagradables.

Unos días antes de salir de viaje es necesario entrenarse un poco con el equipo. Parece una simpleza, pero pasear y fotografiar nos ayuda a recordar accesos, botones y menús. Adquiriremos esa agilidad en el manejo que tan bien nos vendrá frente a las diversas situaciones con las que nos podemos encontrar durante el viaje.

Foto: Nómada
Cualquier edificio, jardín o calle nos servirá para practicar.

Practicar antes de la salida también nos refrescará algunas técnicas que pudiéramos tener olvidadas. Ejecutar correctamente los conceptos fotográficos básicos no nos garantizará una foto bonita, pero sí correcta, y eso ya es mucho.

La gente viajera es muy aficionada a la fotografía, y en mis últimos viajes he observado, además, que empieza a haber muchas réflex digitales entre los trotamundos, la mayoría de ellas en manos de fotógrafas, algo lógico si tenemos en cuenta que las mujeres viajan mucho más que los hombres.

Foto: Nómada
Viajeras fotógrafas revisan sus cámaras mientras descansan.

Si nuestro equipo es réflex, es muy interesante conocer los puntos fuertes y débiles de nuestro objetivo consultando las webs especializadas donde los analizan. Quien no tenga tiempo de hacerlo debe saber que los mejores rendimientos ópticos se obtienen siempre entre los diafragmas de f4.5 a f7.1.

Por otra parte, el uso cada vez más extendido de los estabilizadores de imagen, la mejora del rendimiento con sensibilidades altas y el empleo de objetivos luminosos está haciendo que el viajero descubra un nuevo mundo de posibilidades para fotografiar en lugares con poca luz sin que las fotos salgan "movidas".

Foto: Nómada
Imagen nocturna de un pequeño pueblo obtenida sin flash, con diafragma muy abierto y subiendo la sensibilidad.

Si el lugar tiene una iluminación muy escasa, todavía nos queda un último recurso: emplear el autodisparador -o retardador de disparo- y contener la respiración. ¡Eureka! ¡Por fin podemos salir de viaje y prescindir del engorroso trípode!

Podemos escoger nuestro equipo y conocerlo a fondo para obtener de él los mejores resultados, pero lo que no podemos controlar es la luz o las condiciones climatológicas del destino hacia el que nos dirigimos.

Foto: Nómada
La climatología influye de manera decisiva en nuestras fotos.

¿Hasta qué punto es importante la climatología? Normalmente, nos vamos de viaje en verano, pero el tiempo que haga en nuestro destino durante esas fechas será decisivo para nuestras fotos.

Todos sabemos que en un viaje otoñal a la selva de Irati el bosque nos regalará unos paisajes de ensueño.

En cambio, si vamos a hacer un safari fotográfico a Tanzania en plena época seca, no veremos ni un bicho, porque todos han emigrado a las sabanas de Kenya. En ese caso, para fotografiar un ñu habría que ir directamente al zoo.

Foto: Nómada
Lluvias torrenciales en el estado de Kerala.

En Europa tenemos cuatro estaciones, pero en otras latitudes sólo hay dos: la estación seca y la de las lluvias. Durante nuestro verano, en gran parte del planeta es la época de los monzones. Así pues, si vamos a México y Centroamérica, casi todas las tardes tendremos chaparrones tropicales durante dos o tres horas.

Si los monzones nos pillan en Asia, podemos pasar semanas bajo la persistente lluvia, y durante los ratos que cese de llover los cielos plomizos se encargarán de complicar la mayoría de nuestras fotos.

Foto: Nómada
Monzones en Jaipur, India.

Cuando vemos esas maravillosas imágenes que publica la National Geographic Society o la BBC suspiramos por conseguir fotos parecidas, pero nos olvidamos de que, además de los conocimientos de sus profesionales y la calidad de sus equipos, se ha invertido mucho tiempo y medios para conseguirlas.

Un fotógrafo de la NGS puede esperar tres semanas a que el glaciar del Perito Moreno se desmorone, porque ha ido allí exclusivamente a eso. Los demás nos tenemos que acomodar a un itinerario y un calendario que debemos cumplir (o todavía peor: no podemos despegarnos del grupo con el que viajamos).

Foto: Nómada
El buen tiempo es tan importante para fotografiar como para desarrollar actividades al aire libre.

Una de las mayores pesadillas del fotógrafo aventurero y la fotógrafa trotamundos es precisamente el tiempo. Imaginemos que estamos de vacaciones en el norte de Tailandia. Si tenemos previsto visitar a las mujeres jirafa y precisamente ese día llueve a mares en la jungla, será imposible sacar la cámara durante todo el trekking a riesgo de que se empape todo. ¡C'est la vie!

Foto: Nómada
Tribus del norte de Tailandia. Durante los monzones, la luz en la jungla no es buena.

Por todo ello, en la fotografía de viaje es muy necesaria la suerte. Todo influye a la hora de conseguir una buena foto... o a veces simplemente una foto, aunque sea mediocre.

Los cielos grises hacen que los colores salgan más pastel, menos saturados y con menor viveza. Pero no todo son inconvenientes: esos cielos nublados se traducen en imágenes menos contrastadas, lo cual favorece mucho las fotos en bosques o sitios con abundante vegetación y fuertes contrastes de sol y sombra.

Foto: Nómada
Fotografía con cielos nublados. Se producen tonos pastel.

El cielo absolutamente azul tampoco es muy estético. Un cielo correctamente retratado debe recoger alguna nube sobre el gran azul. Nuestras fotos de viaje siempre ganarán más con cielos que muestren alguna formación nubosa que les dé cierta estructura.

En todo caso, haga sol o no, es imprescindible el uso del parasol en todo momento, tanto en cámaras réflex como en compactas de tipo SLR. Con él, protegeremos el objetivo de rayos parásitos, huellas dactilares, golpes accidentales y alguna que otra gota de lluvia que caiga inesperadamente sobre la óptica.

Huelga decir que la tapa debe ir siempre puesta en el objetivo cuando no estemos encuadrando.

Foto: Nómada
El Gran Palacio, en Bangkok. Las formaciones de nubes favorecen la estructura del cielo.

Con las cámaras réflex es también de suma importancia el uso de un filtro UV, porque el aire y el viento llevan mucha suciedad en suspensión que desluce la superficie de las lentes. Como ejemplo, no hay más que ver la suavidad con la que puede colocarse el parasol cuando empezamos el viaje y cómo rechina su rosca cuando lo quitamos o ponemos los últimos días.

Por eso es tan necesario el filtro UV, para evitar que la arenilla, la contaminación, la grasa ambiental y el polvo en suspensión se depositen en un cristal tan valioso como el de nuestra óptica. Por muchos revestimientos que se le impriman, la mejor protección de nuestra -a veces carísima- inversión es un sencillo filtro.

Foto: Nómada
Los niños son los mejores modelos para retratar. Nunca pierden la naturalidad.

Hablando de problemas en las ópticas, un fenómeno frecuente que padecen nuestros cristales es el de la condensación. Este fenómeno se produce cuando pasamos con la cámara de un lugar frío a uno caliente y húmedo.

El ejemplo más ilustrativo es cuando en invierno entramos en un bar y se nos empañan hasta las gafas. Durante el verano suele ser al revés: pasamos de estar en un sitio (la habitación del hotel, un restaurante, el coche, etc.) donde el aire acondicionado ruge a toda máquina y salimos al exterior, caluroso y húmedo, experiencia frecuente en países tropicales y en no pocos del Mediterráneo.

Foto: Nómada
Cualquier pequeño detalle puede ser un buen motivo para fotografiar. Una perrita pekinesa guarda "fieramente" una tienda del viejo Pekín.

Así las cosas, los cristales de nuestros objetivos se empañan internamente y no existe ningún remedio para quitar el vaho. La única solución es esperar alrededor de una hora para que el equipo "se aclimate" y el hálito de vapor se difumine. Durante ese tiempo no podremos fotografiar.

Cuando visitemos mercados, estaciones y lugares concurridos es conveniente que, por motivos de seguridad, llevemos la mochila fotográfica al pecho, no a la espalda. En cualquier caso, irá siempre cerrada, y nunca debemos perderla de vista cuando la dejemos suelta a nuestros pies, especialmente en las terrazas de las cafeterías o restaurantes de calle.

Foto: Nómada
En los mercados hay tanto para fotografiar, que fácilmente nos distraemos, convirtiéndonos en presa fácil de los cacos.

Durante los desplazamientos largos y en los hoteles, es prudente que en nuestra mochila no haya ninguna pegatina o etiqueta de marcas fotográficas. Cuanto más discretas, mejor, y si además la "adornamos" con buenos candados, evitaremos sobresaltos.

Por el mismo motivo, la fotocopia de la factura de nuestro equipo deberá ir siempre aparte, junto al dinero, pasajes de vuelta y documentación personal.

Foto: Nómada
En la fotografía de viajes es imprescindible retratar personas. Un minero de Andra Pradesh.

¿Y qué hay de fotografiar personas? El factor humano es clave en la fotografía de viaje, pero hay que pensárselo bien antes de hacer cualquier movimiento con la cámara. Existen dos formas de retratar personas: haciendo que tengan un papel anónimo y secundario o dándoles todo el protagonismo de la toma.

El primer caso se da cuando hacemos fotos de ruinas, paisajes... Si sólo captamos imágenes de piedras o árboles, las fotos resultan aburridas, frías e impersonales. No me imagino la foto de una calle del precioso barrio sevillano de Santa Cruz sin alguien paseando por ella.

Casi siempre conviene que aparezca en la foto alguna persona, alguien que "pasaba por allí", para dar vida a la toma y para que nos ayude a calcular, con su tamaño, las proporciones de ese edificio o fondo que realmente nos interesa.

Foto: Nómada
La presencia de una persona nos da información sobre las proporciones del objeto principal de la imagen.

En el segundo caso, cuando las personas son las protagonistas de la foto que vamos a hacer, la cosa se pone delicada y hay que andar con pies de plomo.

Las imágenes de gente vestida con trajes tradicionales o realizando sus tareas cotidianas en un mercado o una callejuela son muy atractivas y fotogénicas, pero podemos molestarles y tener algún problema.

Hay países, como la India, donde a las personas les encanta ser fotografiadas (incluso pueden sentirse despreciadas, si no lo hacemos). Por el contrario, en culturas como el Islam y en algunas zonas del África negra, fotografiar puede ser fuente de graves problemas, sobre todo si el motivo es una mujer.

Foto: Nómada
Salvo excepciones "turísticas", como los cambios de guardia de Tiananmen o Buckingham, está prohibido fotografiar a las fuerzas de seguridad.

Hay otros sitios donde la única forma de fotografiar es pagando. Es el caso de muchas tribus del este de África, como los Massai, los Kikuyu, los Hamer...

El hecho de pagarles por dejarse fotografiar (piden cantidades muy modestas) no es tan malo como podría parecer: es el único modo de que les llegue algo de dinero, pues estos pueblos están totalmente ignorados y olvidados por sus propios gobiernos nacionales.

Cuando nos encontramos ante individuos fotogénicos, si les pedimos permiso para retratarles no podremos evitar que posen: casi siempre dejan lo que están haciendo para mirar a la cámara. Al solicitar su autorización, matamos la espontaneidad de la escena.

Foto: Nómada
Hay personas a las que les encanta posar y lo hacen de manera espontánea.

Entonces, ¿qué es mejor, un "posado" o un "robado"? Desde el punto de vista fotográfico, no hay duda: la mejor técnica es la del "robado", pero hay formas muy respetuosas de hacerlo, sin que el protagonista se sienta vulnerado.

Lo primero de todo es ser discreto, observar, pero evitar ser un mirón. No está bien llegar, sacar la cámara, disparar e irse. No. Hay que sentarse un rato, pasear, dejar que te vean, que se acostumbren a ti. Cuando eso pasa, dejan de prestarte atención y puedes fotografiarles sin generar situaciones violentas.

Foto: Nómada
Retratar a la gente cuando no nos presta atención reporta escenas muy naturales.

Muchas veces observaremos disimuladamente lo que nos interesa, prepararemos la cámara mirando a otro sitio y luego, distraídamente, fotografiaremos a nuestra "víctima". Cada situación tiene su técnica, y cuando te vuelves "perro viejo" la experiencia te dice cómo hacerlo.

Algo que provoca gran regocijo es enseñarle al retratado a través de la pantalla de la cámara la foto que acabamos de hacer. Es una manera de corresponderle por su amabilidad, y lo agradecen mucho, sobre todo los niños y ancianos de países en vías de desarrollo.

Esto sólo tiene una pega: hay que ir armado de papel y bolígrafo para apuntar las direcciones, porque todo el mundo querrá que le enviemos una copia. Para algunos de ellos, es la primera vez que alguien les hace una foto.

Foto: Nómada
Las retratadas se miran en la pantalla de la cámara. A todo el mundo le fascina verse.

Existe un tipo de foto que no es muy llamativa y sin embargo es imprescindible a la hora de montar un pase de diapositivas en CD o DVD. Hablamos de las tomas en aeropuertos y hoteles, fotos de letreros de calles, de indicadores de sitios, de mapas, etc.

Estas imágenes ayudan a insertar transiciones en nuestros diaporamas, sitúan al espectador y dan coherencia y estructura al desarrollo del reportaje de nuestro viaje.

Foto: Nómada
Las fotos de localizaciones y letreros indicativos ayudan mucho en los diaporamas.

Pero también hay fotos que deberemos evitar, como esa típica de vacaciones en la que aparecemos todos los amiguetes posando en el mismo plano y mirando a la cámara. O esa otra en la que no se le ven los ojos a nadie, porque salen con gorra o con gafas oscuras o con los ojos entornados con cara de oriental cabreado porque les da el sol de frente.

Foto: Nómada
Hay muchas formas de fotografiar a los compañeros de viaje sin que estén posando.

Como dice un viejo proverbio de los Tuareg, los hombres azules del desierto: "Si no repitiéramos las cosas conocidas, caerían en el olvido".

Por muy básico que sea, conviene recordar que debemos hacer bien el encuadre; horizontalmente para que los horizontes no salgan inclinados, verticalmente para no sacar excesivo suelo o cielo, y sin hacer el apache cortando las cabelleras o los pies de nuestras víctimas fotográficas.

Foto: Nómada
En los viajes encontramos infinidad de imágenes curiosas, como este techo de un hotel en Dunhuang, China.

Nos dejamos muchas más cosas en el tintero, pero no hay espacio para todo. Quizás la mejor despedida sea desear a todos los lectores de QUESABESDE.COM unas felices vacaciones y que estas líneas hayan servido para resolver algunas de las situaciones desconocidas a las que quizás nos enfrentemos en el próximo viaje.

Detrás del seudónimo Nómada se esconde un aficionado a la fotografía e inefable trotamundos.

Los artículos de la serie "Diario de un fotógrafo Nómada" se publican normalmente el primer miércoles de cada mes.

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07 / JUN 2007
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