Opinión

Código rojo: fotógrafo sospechoso

 
13
FEB 2006

Ser fotógrafo es algo muy particular. Ser periodista, también. Ser periodista fotógrafo es ya algo para echarse a temblar. Un servidor, que es fotógrafo y periodista, es de ese tipo de descerebrados que, con una cámara y un carné, van en nombre de la libertad de información allí donde esté la noticia.

Aparte de tirarme el moco en el párrafo anterior, puedo poner ejemplos en los que realmente he hecho locuras en busca de "la foto". Por ejemplo, el día en que me escondí bajo un coche cuando los suicidas de Leganés volaron un piso. Imagínense qué habría hecho un GEO si viera a un tío con una mochila enorme y un "tubo" en la mano bajo un coche a las dos de la madrugada tras un atentado...

En muy contadas ocasiones he tenido encontronazos con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, y normalmente no han pasado a mayores. No deja de ser curioso que mi última experiencia "freak" haya sido con un vigilante de seguridad de esos que mucha seguridad, precisamente, no inspiran, y que me confundió -supongo- con un terrorista.

Madrid, año 2006...

Estaba yo probando una cámara por la céntrica estación de Atocha, donde normalmente tomo fotos para muchos análisis debido a la gran cantidad de elementos de interés que hay en la zona. Con la intención de hacer una foto del "skyline" madrileño al atardecer, me dirigí al parking de la estación, en su extremo más alejado; un pequeño mirador elevado, sin coches. Iba con la cámara, una compacta, en la mano.

No avancé ni dos metros por el mirador cuando un vigilante de seguridad me informa de que no está permitido hacer fotos. No sabía a ciencia cierta si tenía razón o no, pero guardé la cámara en la funda. Era pronto y aún no oscurecía, y allí se estaba muy bien, así que decidí hacer lo que hago todos los días en mi ordenador durante mi jornada laboral, pero en mi PDA: jugar a un solitario.

Creo que sólo duré una partida, y encima perdí. Entonces, el vigilante se me acercó e hincamos un diálogo de besugos:

- ¿Sabes si te queda mucho?
- ¿Está prohibido estar aquí?
- Si quieres se lo preguntamos a la policía.
- Pues pregúntaselo.
- ¿Llamo?
- Llama.

Y llamó. Esperé otro rato y aproveché para, otra vez en mi PDA, tomar anotaciones de cara al posterior análisis. Pero la policía no llegaba y yo me aburría. Decidí salir a tomarme un café y esperar al atardecer; total, tenía que hacer la foto desde fuera del parking.

Ah, grave error. El señor vigilante se me acercó y me dijo que no me podía ir hasta que llegase la policía. Básicamente, no le hice mucho caso y seguí caminando.

Ser fotógrafo es algo muy particular, ser periodista también, y ser periodista fotógrafo es ya algo para echarse a temblar

Uno, que aparte de fotógrafo ha sido vigilante y escolta privado, tenía entendido que un vigilante no puede detener a nadie salvo durante la comisión de un delito o inmediatamente después, y en otro par de supuestos con prófugos de la justicia. De modo que no escuché y continué andando.

El vigilante continuó con su charla y hasta sacó la defensa (la porra de toda la vida). Empecé a grabar la conversación porque preveía reparto de galletas. Aparecieron tres vigilantes más.

A mordiscos igual con uno podría, pero con cuatro pensé que no, así que seguí andando. El que parecía ser el jefe me dijo que no me iría. Y, en efecto, me impidieron marcharme, bloqueando la escalera de salida primero y rodeándome después.

No había nada que hacer. Dejé la mochila en el suelo y me senté. Esperé. Esperé. Esperé. Por fin, apareció un policía:

- Buenas tardes.
- Buenas.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó dirigiéndose al vigilante.
- Este señor ha llegado con una cámara, le he dicho que no podía hacer fotos y se ha puesto a tomar notas con un lápiz electrónico en actitud sospechosa.

No hay que ser muy listo para pensar que, si soy terrorista y quiero tomar anotaciones, no lo voy a hacer delante de un vigilante, y mucho menos dentro de un recinto vigilado con cámaras...

Decidí intervenir.

- No estaba tomando notas. Estaba jugando al solitario.
- Eso yo no lo se.
- Y como no lo sabes, te imaginas lo que quieres. ¿Detienes a todas las personas que no sabes lo que hacen?

El policía me pidió la documentación y se fue a comprobarla. A los dos minutos, volvió.

- ¿Eres periodista?
- Sí. (Tomar cava con el presidente del gobierno en Navidad tenía que servir para algo.)
- ¿Has hecho fotos?
- No.
- ¿Has tomado notas?
- No.
- ¿Llevas cámara oculta?
- ¿Pero qué dice? ¿Me puedo ir?
- Sí, claro.

Al día siguiente, los policías que custodian el Congreso de los Diputados estuvieron media mañana riéndose de mí. No quiero ni pensar lo bien que se lo van a pasar los escoltas del presidente cuando se enteren.

PD: Me fui, salí del parking e hice la foto. Soy un peligro.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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