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OpiniónContando píxeles

Marcas frías, marcas cálidas

 
18
JUN 2007

Leí hace unos días un interesante reportaje sobre Luca Cordero di Montezemolo, presidente de Ferrari, en el que se abordaba su nueva faceta como empresario dedicado a la producción de artículos de lujo. O como él mismo se apresuraba a corregir: "Gusto por la belleza, mejor que lujo."

Reflexionando precisamente sobre las raíces geográficas del diseño, Montezemolo no dudaba en barrer para casa y defender la idiosincrasia de sus Ferrari frente a otras marcas.

"En Alemania saben hacer automóviles perfectos, pero les falta emoción", dice el presidente de Ferrari

"En Alemania saben hacer automóviles perfectos, pero tienen la perfección que podría tener un frigorífico: les falta emoción. En el norte se producen artículos excelentes -continuaba- que resultan fríos. Conducir un Ferrari, en cambio, produce una emoción difícil de explicar."

No sé qué opinarán los amantes de los BMW, los que sueñan con la elegancia inglesa encarnada por un Bentley o quienes gustan del exceso sueco de los extraños Koenigsegg, pero el empresario italiano defendía su particular visión del norte y el sur al hablar de "tecnologías cálidas y tecnologías frías".

Poco después me acordé de esta teoría cuando un escritor que anda preparando una novela nos pedía consejo sobre el modelo de cámara que se le podría colgar, hace un par de décadas, a un reportero.

El responsable de Ferrari defiende su particular visión del norte y el sur al hablar de "tecnologías cálidas y frías"

Fue en ese instante cuando caí en la cuenta de que a la fotografía le corresponde uno de los puestos más cálidos del mercado de la tecnología de consumo.

Sería un tema discutible, claro está, pero si el lector ha llegado hasta aquí, es muy posible que considere que, comparada con un reproductor Blu-ray, un disco duro o una batidora con Bluetooth presentada en Taiwán, la fotografía y todo lo que la rodea -empezando por las propias cámaras- sigue siendo una de las materias que más pasiones despierta.

Da igual si detrás de tanto píxel se esconde un arte, una ciencia o un simple entretenimiento. Por suerte o por desgracia para aquellos que tienen que pelearse con los gráficos de ventas, parte los motores que mueven este mercado no responden a simples impulsos de oferta y demanda.

A la fotografía le corresponde uno de los puestos más cálidos del mercado de la tecnología de consumo

Al fin y al cabo, todos sabemos que la gran mayoría de cámaras ofrecen unos resultados suficientemente buenos para que en el 90% de los casos las diferencias sean apenas perceptibles.

Más allá de curvas MTF, de megapíxeles o de la densidad de los sensores, en muchos casos es un detalle, un impulso o la sensación que transmite tal o cual marca lo que inclina la balanza hacia un modelo concreto.

No hablo de nombres como Leica, Hasselbald o Zeiss, encumbrados al intocable olimpo de los mitos y que, por cierto, echan por tierra aquel argumento geográfico que vinculaba el norte con los productos fríos.

Más allá de curvas MTF y de megapíxeles, es un detalle o un impulso lo que inclina la balanza hacia una cámara

Precisamente, el norte de Europa ha sido la cuna de muchas cámaras que, a base de historia, calidad óptica y precisión mecánica han conseguido dar un toque pasional a su frialdad natural. ¿Qué estudiante de fotografía no se ha planteado alguna vez tirar la casa por la ventana y lanzarse a por una vieja Leica o una Contax?

También en el escaparate más terrenal, de vez en cuando ciertas marcas parecen tocadas por esta suerte de varita mágica que desata el lado más emocional del usuario.

El panorama está cambiando mucho en estos últimos años, y habrá que volver a estas líneas dentro de poco para comprobar el comportamiento de los nuevos actores y echar por tierra de una vez por todas la bipolaridad.

El norte de Europa ha sido la cuna de muchas cámaras que dan un toque pasional a su frialdad

No obstante, a día de hoy uno sigue teniendo la sensación -ya me dirán si equivocada- que a Canon le ha tocado representar ese lado más perfeccionista y frío, mientras que Nikon ha simbolizado la vertiente más visceral del mercado.

La superioridad de Canon en el segmento profesional, sus magníficos CMOS o sus omnipresentes teleobjetivos blancos parecen algo difícil de cuestionar con los números en la mano. Pese a ello, siempre he notado más pasión en los usuarios de Nikon a la hora de defender su cámara frente a la de la competencia.

Similar, por cierto, a lo que se percibe últimamente al hablar con el dueño de una réflex Cuatro Tercios o una Pentax.

A Canon le ha tocado ese lado más perfeccionista y frío, mientras que Nikon simboliza la vertiente más visceral

Puede que, ahora que pasarse el día trasteando con mil cámaras de diferente nombre se ha convertido en el mejor antídoto contra cualquier tipo de sectarismo, sienta cierta nostalgia de cuando uno podía decir soy de tal o cual marca, enseñando orgulloso la cámara como si fuera un miembro más de la familia.

Sí. Todos sabemos que la cámara es un mera herramienta y la misma foto que podemos sacar con una Leica se puede hacer con una de usar y tirar. O si me apuran, con una estenopeica a base de cajas de zapatos. Así que, por favor, ahorrémonos el discurso.

También un Lada tiene las cuatro mismas ruedas que un Bugatti. Pero estamos hablando de pasiones, maldita sea. Nadie dijo que tuviera que ser racional.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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