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OpiniónEnfoque diferencial

Papel

 
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DIC 2012

Un colega de profesión me regaló hace unos días el último ejemplar de la revista que edita. Por los 6 euros que cuesta contiene un maravilloso catálogo de grandísimos fotógrafos y mejores fotografías, puestas sobre papel con un cuidado que poco o nada dista del esmero con el que copiábamos nuestras propias capturas en un laboratorio. Me decía que cada vez es más difícil sacar la publicación adelante.

No soy muy dado a ojear catálogos ni revistas; soy más de ver fotos en la pared. Pero es innegable que pasarse una tarde a lo bohemio ojeando esa publicación mientras dejamos que se enfríe el té resulta una idea bastante atrayente.

Ya he comentado alguna vez el negro futuro que le auguro a la prensa en papel, sobre todo en lo que a publicaciones especializadas se refiere. Esperar al día uno para enterarse de novedades que llevan semanas siendo destripadas en Internet es algo que muy pocos lectores estamos dispuestos a hacer.

El placer de ver fotografías en papel es una de aquellas cosas que el progreso debería bordear en lugar de arrollar

Sin embargo el caso de mi amigo es diferente. La revista es bastante atemporal, cuidada y de ésas que no se utilizan para envolver el jarrón en una mudanza. Es de esas revistas que se dejan estratégicamente en la mesa del salón para que la aperciban las visitas, o que se guardan en lugar preferente de una estantería para ser rescatadas de vez en cuando. Si en vez de revista de tirada mensual fuese un almanaque, a buen seguro que la gente la miraría con mucho más respeto. Si lo llaman "revista", es que no es de guardar, pensarán algunos.

No soy nada tradicionalista. Abracé la fotografía digital en cuanto la vi nacer y no dudé en colgar un marco digital en mi casa para contemplar con aleatoria intermitencia mis fotos, pero reconozco que el placer de ver fotografías en papel, en cualquiera de sus formatos, es una de aquellas pequeñas cosas que el progreso debería bordear en lugar de arrollar.

Me decía un joven aspirante a fotógrafo que él prácticamente no ha visto nunca fotos en papel, que lo que suele ver son fotos en un tablet o el monitor de un ordenador, y que lo de verlo en papel, aunque tiene su encanto, también presenta limitaciones: no se puede ni comentar ni compartir (sin perder de vista lo que se entiende por comentar y compartir hoy día). Me recuerda al día que, habiendo probado sólo el caviar de vaya-usted-a-saber-dónde que daban a probar en los supermercados, alguien me dio caviar de verdad... y no me gustó.

Curiosamente releo lo escrito y me acuerdo de las veces que he criticado a los que se empeñaban en gastarse cientos de euros en vinilos habiendo ya CD o MP3. O quienes reniegan del cine en casa y prefieren las oscuras salas de cine. Supongo que, como en todo, cuando a uno le tocan lo suyo es cuando reacciona.

A nadie se le escapa que ciertas pequeñas tradiciones fotográficas, como las sesiones de diapositivas posvacacionales, el visionado de álbumes de fotos de antaño o incluso la revisión con los recién casados del álbum de boda han sido sustituidas ya no por e-mails, sino por mensajes de WhatsApp, álbumes de Facebook y notas en Twitter. No podremos cambiar ya esta tendencia, pero permitir que algunas publicaciones sigan editándose es un pequeño poder del que aún disponemos. Porque una revista se publica mientras haya gente que la compre.

Aunque quizás en eso último también ande equivocado. He visto revistas de altísima calidad técnica y nula calidad en los contenidos compuestas en un 60% por publicidad. O incluso más. Revistas que para empezar a leerlas uno tiene que avanzar hasta la página veinte, y cuyo principal mérito es contar con un comercial con mucha mano para que otros suelten la pasta. El espacio que deja el negocio para el arte es casi siempre muy pequeño.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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