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Cuando encuadrar y disparar es secundario

 
10
MAY 2010

Dicen que, en no pocas ocasiones, la fotografía es apuntar y disparar. Esto es en esencia cierto, aunque a veces tanto el apuntar como el disparar llevan su tiempo. Componer y elegir los parámetros de exposición idóneos son acciones que requieren de cierto sosiego si queremos obtener una buena fotografía. Sin embargo, hay algunas disciplinas fotográficas en las que, aparte de pensar en encuadres, velocidades y diafragmas, es imprescindible acordarse de otras muchas cosas. Por ejemplo, de abrir el paracaídas.

Quizás suene exagerado, pero hay ocasiones en las que encuadrar y disparar es lo de menos. Lo de más en estos casos es conservar la propia integridad física. Estos fotógrafos practican lo que podríamos denominar fotografía complicada, una rama de la imagen fija en la que saber exponer no es lo más importante.

Comentaba hace unos meses un columnista del diario Público que, si digno de admiración es el reportaje que hace alguien escalando una montaña utilizando sólo sus manos y el remiendo de un cinturón, más digno de admiración es el operador de cámara que lo acompaña, que hace lo mismo pero con una sola mano.

Tal vez la realidad no sea tan dramática, pero sí es cierto que hay algunas tareas fotográficas que hacen que apuntar y disparar sean un par de nimios detalles de una larga lista de problemas.

Juegos de guerra
Los juegos de guerra ganan adeptos cada día y a su alrededor surgen nuevas oportunidades de negocio. El airsoft y el paintball -sobre todo este último- se han convertido en populares pasatiempos, y no son pocos los jugadores que gustan de tener un recuerdo fotográfico de su participación en ellos.

Si la fotografía deportiva es ya de por sí complicada por los cambios de dirección, la velocidad de los jugadores y los avatares imprevisibles del juego, estar pendiente además de no recibir un impacto con un chorretón de pintura -y más importante aún, que no se manche demasiado la cámara, con el consabido riesgo de avería que ello supondría- hace de este tipo de fotografía algo más que arriesgada.

Foto: Fernando Álvarez

Fernando Álvarez es el administrador de la página web especializada Zona Paintball y lleva fotografiando este juego desde 2002. Como autoridad en estas lides, certifica que para ello hay que asumir que te vas a llevar algún impacto y que tu equipo fotográfico acabará -probablemente- manchado de pintura.

Los fotógrafos de airsoft o paintball están obligados a utilizar las protecciones oculares, lo que dificulta aún más su trabajo. Por todas estas razones, Álvarez explica que "para fotografiar paintball hay que ser jugador, porque has de adelantarte a las jugadas y conocer la mecánica de juego para intuir lo que puede pasar en los próximos cinco segundos".

No obstante, este fotógrafo trata de quitar hierro al asunto al afirmar que las bolas de pintura y la fotografía son absolutamente compatibles: "Hay que tomar precauciones, pero a mí no me gusta llegar a límites extremos. Si sabes de qué va la cosa, no te meterás en líneas de fuego ni te pondrás en posiciones comprometidas. La protección de la lente con un simple filtro neutro, del cual llevo un par de repuestos que jamás he tenido que llegar a utilizar por rotura pero sí por mancha, es obligatoria. El resto dependerá del cariño que cada cual le tenga a su equipo."

¿Y qué pasa si una bola impacta en la cámara? "Pues se limpia con mucho cuidado, ¡y ya está!" Es lo que tiene ponerse frente a proyectiles que viajan a velocidad de vértigo.

Velocidad vertical
Velocidad de vértigo, precisamente, es la que alcanza uno al tirarse de un avión con un paracaídas. Salir volando requiere de una habilidad particular si queremos ahorrarnos sustos, pero sin duda es ésta una experiencia que merece ser fotografiada.

Foto: Departamento de Defensa de Estados Unidos

Volar y hacer fotos no es apto para novatos. Lo sabe bien Daniel Paredes, experimentado cabeza de lista del centro de paracaidismo Skydive Lillo. Nos cuenta que para hacer fotos a paracaidistas "tienes que tener por lo menos unos 200 saltos" por cuestiones de seguridad. "Las fotos se hacen mientras realizas tu salto con una cámara adosada al casco y pulsando el disparador con la boca", explica.

"Las fotos se hacen mientras realizas tu salto con una cámara adosada al casco y pulsando el disparador con la boca", nos cuenta un especialista

Estos expertos fotografían encuadrando casi siempre a ojo -en el sentido más amplio de la palabra- cada gesto sin olvidar ni un instante que viajan a casi 200 kilómetros por hora. Paredes comenta que a veces utilizan visores, pero que lo más común "es ajustar la cámara antes de saltar para que enfoque allí donde miras".

Aunque cada maestrillo tiene su librillo, el recurso sencillo para este tipo de imágenes consiste en seleccionar la hiperfocal de la óptica utilizada y desactivar el autofoco. "Usamos objetivos angulares -explica Paredes- para disponer de mucho más ángulo de cobertura y no tener que preocuparnos en exceso por el encuadre."

Sobre ruedas
No tan arriesgada pero igualmente compleja es la fotografía de vehículos en movimiento realizada desde el propio vehículo. Se trata de tomas aparentemente sencillas que parecen estar hechas desde la ventanilla del conductor o desde otro coche que circula justo al lado.

Para su realización, sin embargo, se necesita de un particular sistema de anclajes y un excelente ojo fotográfico -además de una buena mano de Photoshop- para elegir, sin verlo, el momento exacto de la toma.

Foto: Rig Shots
El retoque digital también juega un papel importante en estas imágenes.

La empresa australiana Rig Shots está especializada en este tipo de estructuras y desde su página web ofrece múltiples combinaciones para lograr las fotografías más impactantes.

Más que compleja, es un tipo de fotografía muy delicada que exige una preparación al milímetro y un cuidado extremo a la hora de colocar la cámara. Hay que tener en cuenta que una vez instalado el equipo y comenzado el recorrido no es posible mover la estructura, por lo que se ha de planificar cada toma al detalle.

Foto: Rig Shots
Un sofisticado soporte y velocidades de obturación relativamente lentas permiten obtener tomas como ésta.

El mayor inconveniente de estas tomas radica en que no puede hacerse una fotografía a una velocidad muy rápida porque el movimiento de la rueda se congela, restándole ello valor estético a la imagen. Por tanto, hay que disparar con una velocidad relativamente lenta, y lenta en fotografía es muchas veces sinónimo de trepidación, y si a esa trepidación sumamos un vehículo en marcha...

El secreto, cuentan los expertos, es encontrar la relación optima entre velocidad de obturación y velocidad del vehículo para que, conduciendo despacio, se cree la ilusión de que se iba mucho más rápido.

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