Opinión

Fotografía para impostores

 
17
MAR 2008

Hace unos días descubrí -me descubrieron- el divertido blog "Cocina para impostores", que está causando furor en la red. La idea es tan genial como cruel: cocina de altos vuelos -o al menos, con apariencia terriblemente compleja-, pero a base de latas, sobres y un par de trucos muy bien rematados. Sencillez extrema en la ejecución, pero resultados aparentes.

Superado el trauma que para todo vasco cocinillas -valga la estereotípica redundancia- supone descubrir que el camino hacia unos pimientos rellenos de bacalao con salsa de chipirón está al alcance de casi cualquier mortal, se me ocurrió que esa misma filosofía impostora podría ser perfectamente aplicable al terreno que nos ocupa.

Al igual que en ciertos círculos culinarios, la fotografía tiene mucho de pose y de fachada

Y es que, reconozcámoslo, la fotografía tiene mucho de pose y de fachada. Incluso uno que ni mucho menos debería ir de fotógrafo por la vida siente la imperiosa tentación de atajar la siempre compleja pregunta de "y a qué te dedicas" con un elocuente y falso "fotógrafo, más o menos". A ser posible, con una réflex apoyada en el hombro y adoptando esa mirada de tipo interesante.

Cierto que se ha perdido parte del encanto desde que los píxeles han acabado con aquellos cuartos totalmente oscuros en los que extraíamos la película del chasis. ¿O qué me dicen de la erótica de la bombilla roja, que hasta tiene su minuto de gloria en la genial Annie Hall?

Ser fotógrafo -o fotógrafa, claro- tiene su aquél. No estarían de más unas cuantas recetas para poder dar el pego, aunque no tengamos la más remota idea -ni ganas, tal vez- de saber qué es eso de los tercios, los virados o el "bokeh".

Cómprese una Lomo y vaya por ahí disparando fotos sin mirar por el visor: acaba de convertirse en fotógrafo

La herramienta es importante. Cierto que Falsarius Chef -maestro de la citada "Cocina para impostores"- se apaña con algunas latas, congelados y mucho arte, pero en este terreno disponer de cierto tipo de cámaras puede ser un buen comienzo.

¿Cuál es el atajo más rápido hacia el arte fotográfico? Comprarse una cámara Lomo, hacerse adepto de esta disciplina -una suerte de dogma fotográfico- e ir por ahí disparando fotos sin mirar por el visor y haciendo virtud de las esquinas oscurecidas.

Acaba de convertirse en un fotógrafo, o lo que es mejor, en un creador visual. Por cierto, si quiere quedar como un campeón, refiérase a esas zonas más oscuras con el término "viñeteo".

Pero si prefiere aprovechar la inversión en algo más útil, es básico que opte por una cámara negra y de diseño lo más cuadriculado posible. Cero adornos, cuantos menos botones mejor y ángulos rectos por todas partes.

¿Qué fotos nos permitirán mantener el tipo con la impostura? El blanco y negro es un buen remedio para disimular

Independientemente del aparato adquirido, la relación que a partir de ahora mantendrá con su cámara es un tema delicado. Hay dos líneas de investigación, que diría aquél, y tiene que estar preparado para cambiar de actitud dependiendo de los círculos en los que se mueva.

Así, puede ser que en algún momento tenga que despreciar y odiar la herramienta -las fotos las hace el fotógrafo, repita malhumorado-, como tener que asegurar con vehemencia que comprar esa cámara o apostar por esa marca ha sido una de las mejores decisiones de su vida. Y sin piedad con el que ose decir lo contrario, que para eso están los foros.

Todo fotógrafo falsario tiene que poder recurrir a dos ingredientes: ópticas angulares y encuadres alternativos

Pero, ¿qué fotos podemos poner sobre la mesa para mantener el tipo con la impostura? Si como nos pasa a muchos resulta que no le sale una decente, el blanco y negro puede ser un buen remedio para disimular.

Reserve el sepia para casos extremos, y no tenga miedo de quemar mucho las imágenes -nótese el nexo con el mundo de la cocina- o que aquello quede un poco movido. Si no hay más remedio, improvise un título petulante para cada imagen. A veces cuela.

Si todo lo anterior le ha funcionado y siente la necesidad de llevar un paso más allá su impostura, todo fotógrafo falsario tiene que poder recurrir a dos ingredientes esenciales: ópticas angulares y encuadres alternativos.

Aunque la mejor forma de convertir una fotografía corrientucha en arte es hacer una copia en papel de dos metros

La clave es salirse de las fotos habituales que la inmensa mayoría de la gente -ésa a la que queremos engañar- está acostumbrada a ver. Consiga un 28 milímetros y acérquese a su víctima. O haga un retrato muy cerrado con un tele, encuadrando sólo una parte de la cara.

Acabe con la perpendicularidad y con los aburridos horizontes perfectamente rectos. Encuadres torcidos -pero que parezca que ha sido queriendo-, planos picados y contrapicados extremos. O coloque la cámara en el suelo para hacer una panorámica desde allí. Si queda mal, ya sabe: blanco y negro.

No obstante, si sigue optando por el camino rápido y lo de las Lomo le parece un exceso, siempre puede seguir el gran consejo que alguna que otra vez le he oído dar a nuestro compañero Eduardo Parra: la mejor forma de convertir una fotografía corrientucha en arte -qué mejor impostura que ésa- es hacer una copia en papel de dos metros. Infalible.

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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