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OpiniónEnfoque diferencial

Problemas

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ABR 2015

Los avances tecnológicos en el terreno fotográfico no han estado exentos de problemas durante los últimos años. Errores de fabricación, defectos de diseño y fallos en general han llevado al sonrojo a más de una marca en plena era digital. También ha habido problemas que más bien parecían las sombras de la caverna de Platón, cosillas que aceptábamos porque no conocíamos otra realidad. Probablemente el periodo de mayor avance fotográfico de la historia, las dos últimas décadas han servido para solucionar muchos problemas que la fotografía arrastraba desde su nacimiento, pero también para crear nuevos.

El polvo en el sensor, por ejemplo. ¿Quién se acuerda del polvo en el sensor? Rebuscando un poco en foros y hemerotecas, parecería que esta es una enfermedad erradicada, que apenas nadie habla ya de esas motas de polvo que tanto nos afeaban los cielos allá por 2005. Y lo cierto es que siguen estando ahí, pero ahora las sufrimos en silencio.

Es cierto que los sistemas automáticos de limpieza han mejorado y que los sensores se ensucian menos, pero no es menos cierto que de un tiempo a esta parte hemos aprendido a cambiar con cuidado de objetivo y a manejar el tampón de clonar. Si antes hacíamos un drama de todo ello (llegando incluso a pedir devoluciones de dinero), eliminar motas de polvo en las fotos es ahora un procedimiento tan resignadamente asumido y rutinario como ajustar niveles. Tal vez no fuera un problema tan grave o tal vez fue solo una excusa para vendernos limpiezas del SAT a 50 euros. Malpensados somos.

Cien años contentos con una cuerda y dos nudos, y cuando decidimos que eso ya no nos sirve descubrimos que no hay forma de mejorarlo

Algo similar les ocurrió a los píxeles muertos. ¿Alguien se acuerda también de ellos? De vez en cuando vuelve a aparecer alguna pregunta al respecto en algún foro. También en estos casos pedíamos compensaciones económicas, y también en estos casos nos volvíamos a casa con los bolsillos vacíos y la misma cámara.

Los tiempos cambian; los servicios de atención al cliente, no. Si la excusa del “es uno entre un millón” era válida antes, ahora se lleva el “es uno entre cincuenta millones”.

Otro de esos grandes pequeños problemas tiene que ver con las gomas de sellado. Pagamos miles de euros por una cámara, y a los tres meses las gomas que la recubren se despegan. No es ya la infinita rabia que da ver cómo nuestro flamante cristal parece un utilitario destartalado, es que además pringa -no hay palabra mejor para expresarlo- cantidad. Evidentemente las marcas gastan tanto dinero en hacer cada vez mejores productos que no quieren gastar de más para poner un maldito pegamento de verdad.

¿Y qué me dicen de las soluciones milagrosas para el transporte? De la clásica bolsa de hombro y la mochila alguien decidió que podía sacar una buena tajada y de paso aliviar un poco nuestros maltrechos huesos de la espalda (pero sobre todo lo primero) y apostó por las riñoneras fotográficas, esas que parecen que vas embarazado de gemelos (de elefante). Con ellas quitamos el dolor de la espalda, sí, pero lo trasladamos a los riñones.

Como eso no acabó de asentarse, alguien descubrió el chaleco comúnmente conocido como “chaleco bomba” por motivos estéticos evidentes. Eso sí fue un éxito: dejamos de tener dolor en un hombro para tenerlos en los dos. Además, junto al chaleco, de regalo, te abrían ficha en el CNI. Ahora, por suerte, están muy de moda las bandoleras. Así vamos cambiando el dolor de un hombro a otro, ¡y todos ganamos!

Tengamos también presentes las correas y sus complicados mecanismos. Durante años la única innovación que hubo en este campo consistió en poner goma en la parte que roza con el cuello. No hacía falta más. Ahora tenemos correas de goma elástica, correas a modo de arnés para llevar dos cámaras, otras con enganche a la rosca de la base (que parece que se le van a caer a uno) e incluso unas nuevas que son cinturones (también los hay para el pecho) que sujetan la cámara con un pequeño pomo, a modo de revolver del Oeste, un sistema que dicen que es muy seguro (aunque, francamente, da miedo dejar colgados de ahí 6.000 euros en material fotográfico).

Cien años contentos con una cuerda y dos nudos, y cuando decidimos que eso ya no nos sirve descubrimos que no hay forma de mejorarlo. Pero gracias al marketing seguro que hay una forma de vendérnoslo.

La columna de opinión "Enfoque diferencial" aparece publicada normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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