Opinión

La cámara ya no hace clic

 
28
NOV 2005

La fotografía, tal como la conocemos, se marchita, morirá en poco tiempo y desaparecerá en un futuro cercano. Lo que no consiguió el autofoco, la diapositiva y el negativo en color, el flash a alta velocidad o las ráfagas monstruosas lo va a conseguir el píxel. Esta semana tuve una revelación. Nunca mejor dicho.

Viendo "La guerra de las galaxias", en plena ensalada de tiros, se me acercó la hermana pequeña -unos seis años- de un amigo y miró la pantalla del televisor algo confusa. Luego me miro a mí: ¿Por qué se hacen tantas fotos esos señores?, me preguntó.

Al igual que estas pequeñajas se han olvidado de que un chicle valía cinco pesetas, tampoco recuerdan que una cámara hacía clic

Teniendo en cuenta que la escena en cuestión reflejaba un batallón imperial machacándose a tiros con los rebeldes, la pregunta me pareció absurda, incluso para una niña pequeña. Luego descubriría que la mente de los niños es maravillosa.

Yo le dije a esa niña que no se hacían fotos, que estaban disparándose unos a otros, los buenos contra los malos. Su respuesta me dejó más perplejo aún: "Suena como si hicieran fotos". En aquel momento, vino a mi cabeza el orgásmico chasquido metálico de mi réflex al disparar ocho fotos por segundo y concluí en una centésima de segundo que, ni por asomo, un disparo de la película sonaba como una foto. Y así se lo hice saber.

La fotografía nunca fue un "hobby" de masas: unos pocos la disfrutaban cuando era cara y otros muchos cuando era barata

Ella -recordemos que los niños no mienten, o eso dicen- salió corriendo a su cuarto y me trajo su pequeña compacta digital, la encendió y me hizo una foto. Y sí, en efecto, el sonido totalmente artificial del disparo se parecía más al de una pistola láser que al de una cámara "de verdad".

Fue una revelación. Desde el día -ya remoto- en que mi prima me preguntó si en la vieja réflex de su padre no se veía la pantalla porque se le había roto, no había tenido otra conversación tan absurdamente realista.

Las cosas, como son. Al igual que estas pequeñajas se han olvidado ya de que un chicle valía cinco pesetas, tampoco recuerdan que una cámara hacía clic, y no pimpampum. Y al paso que vamos, pronto olvidarán -¿no lo han hecho ya?- lo que es la película fotográfica y que antes, para ver una foto en papel, tenías que esperar un par de días y pagar unas cuantas monedas.

La nueva generación que llega, compacta pixeliana en mano, no ha hecho fotos nunca; no ha olvidado nada porque no tiene nada que olvidar

La fotografía, antaño, nunca fue un "hobby" de masas. Unos pocos la disfrutaban cuando era cara y otros muchos cuando era barata, pero nunca (permítanme remarcarlo) fue una afición-trabajo-arte de masas. Por eso sobrevivió al tiempo, porque aunque evolucionaba no había un monstruo consumista que obligase a olvidar lo anterior cada vez que se ponía a la venta alguna novedad.

La gente aceptó el autofoco porque facilitaba el trabajo, pero no se olvidó del enfoque manual: lo habían vivido y recordaban las satisfacciones que esas lentes les habían dado. La gente aceptó la diapositiva porque daba calidad, pero no olvidó el negativo en blanco y negro.

Pero la nueva generación que llega, compacta pixeliana en mano, no ha hecho fotos nunca o casi nunca; no ha olvidado nada, porque no tiene nada que olvidar. La fotografía química, para ellos, no existe, y si acaso existió lo hizo como un sacacuartos con el que no podían mandar nada con el móvil y que tampoco servía para poner imágenes como papel tapiz en el ordenador. Era algo puntual, esporádico, reservado a momentos especiales.

Ya no se trata de que los fotógrafos "de siempre" pasemos del carrete y nos dejemos seducir por el píxel; se trata de lo que de veras da dinero

Es algo inevitable. La gente que no añora algo no se va a esforzar para que ese algo no se extinga. Les da igual. Y los que añoran la película son cada vez menos y tienen cada vez más riesgo de desaparecer.

Ahora lo veo todo más claro. Ya no se trata de que los fotógrafos "de siempre" pasemos del carrete y nos dejemos seducir por el píxel. Se trata de lo que de veras da dinero. Nosotros podemos tener equipos caros muy profesionales y reivindicar el haluro de plata, pero realmente no somos nada, ya que por cada equipo profesional o semiprofesional se venden mil compactas.

No hace falta ser sobresaliente en matemáticas para darse cuenta de dónde esta el dinero. Para las marcas, las SLR digitales dan prestigio; las compactas, dinero.

Olvidemos de una vez por todas las estériles discusiones que dicen que si lo digital es peor o mejor, o que si la auténtica fotografía se revela a oscuras y no en un ordenador. Lo bueno o lo malo no importa; sólo importa que se venda mucho y rápidamente, que tenga una vida limitada y un montón de accesorios.

Y estarán de acuerdo conmigo en que eso las digitales lo tienen bien aprendido.

La columna de opinión Enfoque diferencial se publica normalmente el segundo y cuarto lunes de cada mes.

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