Dossier

Venir al mundo con una cámara bajo el brazo

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16
MAR 2015

Lleva más de un siglo viviendo entre nosotros, y aun después de tanto tiempo la fotografía sigue encontrando nuevas formas de sorprendernos. La tecnología digital no solo la consolidó entre el gran público sino que permitió que otro tipo de fotografía llegase a todos los rincones al abaratarse su coste. Es el caso de los retratos de recién nacidos, una suerte de book para bebés de unos pocos días de vida que –dicen- es el próximo gran boom fotográfico.

La comunión o la boda, y como mucho un book. Esa podría ser la relación contractual con la fotografía profesional de un ciudadano medio. Aunque la fotografía social nunca ha dejado de estar de moda, no es un negocio que haga ricos a sus propietarios, y como tantos otros funciona para seguir subsistiendo sin grandes lujos. Y es que por regla general, aunque nos gustamos, no solemos ser lo bastante exigentes como para fotografiarnos profesionalmente salvo en contadas ocasiones.

Si el año pasado veíamos que la fotografía de bodas se reinventaba –o reivindicaba- y no hace mucho poníamos el foco en una tendencia fotográfica en auge como es el boudoir, llega la hora de fijarse en un nicho de mercado que promete explotar en los próximos años.

Se trata de la fotografía de recién nacidos, esos reportajes que se hacen al niño cuando apenas tiene un par de días de vida y que sirven no solo de recuerdo, sino también de tarjeta de presentación para dar a conocer al nuevo miembro de la familia en redes sociales y grupos de WhatsApp.

Nuevo boom

Muestra del creciente interés por este tipo de retratos es la jornada especial que el encuentro internacional de fotógrafos sociales BodaF le dedicó recientemente. Andrés Parro, cabeza visible de esta cita, justifica la creación de BabyF asegurando que este va a ser el nuevo boom fotográfico a corto plazo.

Haciéndose eco de su previsión, BodaF reunió en una jornada a auténticos maestros (maestras en realidad) de la fotografía de recién nacidos para tratar de explicar los pequeños grandes secretos de una fotografía que, si los presagios de Parro son ciertos, necesitará de muchos ojos expertos en los próximos años.

Anne Geddes se ha convertido gracias a fotos como esta en todo un referente. | Foto: Anne Geddes

Las cosas han cambiado desde que Anne Geddes abrió los ojos al mundo con su icónica imagen de los bebés repollo

Aunque no se trata de un fenómeno reciente, sí es cierto que la fotografía de recién nacidos con una puesta en escena, una técnica y un enfoque determinados es algo relativamente novedoso. Y aunque no es tampoco estrictamente falso afirmar que la fotografía de bebés y la de recién nacidos beban de las mismas fuentes, sí lo es que sean lo mismo. Desde que Anne Geddes abrió los ojos al mundo con su icónica imagen de los bebés repollo, las cosas han cambiado.

Con precios variables -entre 200 y 400 euros sería lo más razonable- y todo sujeto a un contrato previo para evitar complicaciones no solo con los padres sino también con la Ley del Menor en España, los motivos para realizar una sesión de este tipo son más que evidentes.

La necesidad de los padres

Nuria Serrano, fotógrafa del grupo editorial Hearst Magazines y futura mamá, nos explica que retratar a su bebé será “la única manera de plasmar los recuerdos que tendremos de cuándo nazca y poder enseñarle cómo era cuándo crezca”.

En una sociedad donde ya se fotografía todo, un acontecimiento como el nacimiento de un niño no podía ser la excepción. Si a eso le sumamos la necesidad de los padres por hacer ver al mundo que eso de que los recién nacidos son feos puede aplicarse a todos menos a su hijo, el éxito de este tipo de fotografía está asegurado.

Con precios que van de 200 a 400 euros, todo está sujeto a un contrato para evitar complicaciones con los padres y la Ley del Menor

La fotografía de recién nacidos no es más que lo que su propio nombre indica: un niño de muy pocos días, más o menos adornado con ropas o atrezzo y colocado estratégicamente para ofrecer poses a medio camino entre lo enternecedor y lo cómico.

“Con los bebés es muy fácil sobrepasar la barrera de lo cursi, pero esto, como casi todo en fotografía, es muy subjetivo y depende de los gustos de cada uno”, explica Serrano. “Es un trabajo muy agradecido, ya que los padres están emocionados con su bebé y cualquier imagen que les des de ellos les encanta.”

Aunque ciertamente no hay una norma que especifique la pose o el tipo de luz, la mayoría de profesionales coinciden en que hay un pequeño puñado de elementos comunes en todos ellos. Para empezar, “es un trabajo para tomarse con calma, no apto para impacientes”, comenta Serrano. “El ritmo lo marca el bebé y el humor que tenga ese día. ¡No puedes mirar el reloj!”

Se suele utilizar luz natural difusa en lugar de flash. A las evidentes ventajas de usar iluminación natural para lidiar con las sombras y el degradado en los tonos, la luz directa o de flash suele estar contraindicada cuando se fotografía a niños que pueden tener tan solo tres o cuatro días de vida. Otros aspectos comunes en casi todas las fotos es retratarles dormidos y en escenarios similares a nidos o camas.

Sueño profundo

Todos estos detalles no son casuales. El hecho de fotografiarles mientras duermen profundamente es necesario para que no se muevan y mantegan la pose. Y aunque hay quien acepta que la fotografía de recién nacidos puede hacerse en casa o en estudio, la mayoría de fotógrafos apuestan por desplazarse al domicilio del cliente.

Desde Espínola & Moya nos explican que ir a casa de los padres es lo más cómodo para ellos: “Están en su entorno. Si el recién nacido se hace caca o pis, tienen todo a mano; si hay que darle de comer, es mucho más fácil para ellos y para el fotógrafo.”

Se usa luz natural difusa en lugar de flash por las evidentes ventajas de la primera y porque la segunda está contraindicada con niños tan pequeños

Y aparte de tener conocimientos fotográficos, de saber manejarse con un recién nacido y de tener una cierta mano a la hora de colocarles en la pose adecuada, fotografiarles es sobre todo un ejercicio de paciencia. Paciencia para el fotógrafo, sí, pero también para los padres. “Los recién nacidos comen a demanda. Si piden de comer o hay que cambiarles el pañal, lleva un tiempo”, afirman desde Espínola & Moya.

Ana Cruz, ponente de esta temática en BabyF, afirma que “muchos padres acaban dormidos durante la sesión, otros piden ayuda porque son primerizos y no pueden calmar al niño, otros se asustan cuando el niño se hace pis… Yo puedo haber estado con mil recién nacidos, pero para la mayoría de padres ese bebé es el primero”.

Serrano añade que estas sesiones “no pueden compararse con ninguna otra sesión de fotos a las que estamos más acostumbrados, con prisas, gente entrando y saliendo, opinando, a veces sin ganas y en cualquier lado… Estas fotos requieren de todo lo contrario: música relajante, ambiente calmado, temperatura adecuada y mucho amor y delicadeza por parte del fotógrafo. Cuando el niño no ha estado a gusto, ha tenido hambre o ha necesitado a su madre, inmediatamente se ha parado la sesión. Su bienestar es lo principal, ya que sin eso es imposible fotografiarlos.”

Sexto sentido

Aunque lamentablemente vivimos en una sociedad de corte machista, las mujeres aún tienen en algunos tipos de fotografía cierta ventaja. Tal como vimos en la fotografía boudoir, en este ecosistema de fotografía con recién nacidos que sea una mujer quien empuña la cámara es, hoy por hoy, mucho más común que la empuñe un hombre.

“Las mujeres tienen un sexto sentido con los bebés”, reconocen en Espínola & Moya, un equipo formado por dos fotógrafos. “Nosotros poco a poco lo vamos desarrollando. En nuestro caso el papá soy yo”, explica Iván Espínola. “Mi hija me sirvió de conejillo de Indias para lo que hacemos ahora. También a las madres les tranquiliza ver que es una mujer la que les va a hacer las fotos, pero a nosotros hasta ahora no nos han puesto ningún problema.”

Ana Cruz: "Yo puedo haber estado con mil recién nacidos, pero para la mayoría de padres ese bebé es el primero"

Pero problemas pueden haber en una de estas sesiones, y muchos. El más inmediato es el que afecta a la imagen de un bebé. “Yo no tengo estudio”, explica la fotógrafa Ana Cruz, “y por eso es muy importante para mí que los padres me dejen poner las fotos de su hijo en mi página web, porque mi web es mi escaparate”.

¿Y qué pasa si se niegan? Cruz explica que en su caso particular hay una clausula en el contrato que se firma antes de la sesión y que implica no solo un sobrecoste, sino la obligación por parte del fotógrafo de destruir todas las imágenes que no sean entregadas a los padres. “Así, si aparece una foto del niño en Internet, sabemos que no ha partido de mi.”

Pero a pesar de que sea este un trabajo que puede prolongarse muchas más horas de las previstas sin que el precio aumente, a pesar de que en más de una ocasión habrá que pelearse con los padres para convencerles de que el niño está tranquilo y que esa pose es la mejor, y a pesar de que es cierto que hay bebés menos guapos que deben salir enternecedoramente favorecidos, este tipo de fotografía tiene todas las papeletas para ser una tendencia a vigilar en los próximos años.

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