Crónica

Fotogénico, pero no comestible

 
22
OCT 2010
Iker Morán   |  Barcelona

Cocina y fotografía. Una combinación que a algunos -como el que suscribe- les parecerá sencillamente insuperable y que a otros les hará venir a la cabeza uno de esos grandes misterios de la humanidad: ¿cómo es posible que esas terribles pizzas congeladas o esas hamburguesas que todos conocemos tengan un aspecto tan estupendo en las fotografías?

Dispuestos a desvelar éste y otros grandes misterios de una especialidad fotográfica bastante desconocida, QUESABESDE.COM acudió ayer al seminario Digital Food impartido por el fotógrafo Enrique Touriño y la estilista Asunción López Urbano. El restaurante Torre d'Alta Mar de Barcelona, con sus impresionantes vistas sobre la ciudad, fue el escenario elegido para este taller organizado por Canon y Casanova Foto.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)

¿Una estilista en una sesión de fotografía de alimentos como si esto fuera una pasarela de moda? Efectivamente. De hecho, Touriño no dudó en quitar mérito al papel del fotógrafo, que según explicó se limita a la parte más técnica del trabajo (iluminación, composición, etcétera), mientras que es la maquilladora la responsable de agraciar el producto y darle ese aspecto apetecible que estamos acostumbrados a ver.

El fotógrafo de comida se limita a la parte técnica, mientras que es la maquilladora la responsable de dar al producto ese aspecto tan apetecible

Muchas veces el envase de un producto cuesta más que su contenido, explicó el fotógrafo para recalcar la importancia que estos trabajos tienen dentro de la industria alimentaria. Los especialistas tampoco abundan, aunque claro, que la cámara acabe oliendo a pescado tras una sesión de fotos a unos lomos de merluza tampoco es tan glamuroso como Cibeles.

El "workshop", dirigido a fotógrafos profesionales y con una representación bastante variada del sector (incluso el cocinero se animó a fotografiar sus platos), contempló todos los pasos de una producción, desde el boceto original ("a veces un esquema en una servilleta") hasta las tomas definitivas.

En el apartado técnico, los objetivos macro y los descentrables fueron los protagonistas de la jornada. Por supuesto, todos de Canon, que para algo es el patrocinador de esta serie de talleres que desde hace meses recorren el país.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Aun así, entre los asistentes también se dejó ver alguna Leica y una Nikon D3s, a cuyo orgulloso propietario sorprendimos en una improvisada prueba de ruido frente a la EOS 7D. Tras la previsible victoria de la primera, incluso nos mostró orgulloso los resultados.

Defensor de las SLR frente a los respaldos digitales y de las ventajas que ha supuesto la llegada de la fotografía digital para esta especialidad, Touriño recordó cuando los largos tiempos de preparación que requerían las producciones complicaban mucho más el trabajo. Para las ensaladas, por ejemplo, había que montar una especie de huerta oculta, con los tallos sumergidos en agua o en algodones humedecidos para que soportaran mejor el calor de los focos.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Algo ha mejorado la cosa, pero los trucos siguen siendo la parte que más interés despierta entre los que se acercan por primera vez a este tipo de fotografía. Tiene que ser fotogénico pero no necesariamente comestible, comentó la estilista antes de desplegar su completo maletín de herramientas y aplicar su magia a unas brochetas.

Los trucos (usar crema de afeitar para la espuma de la cerveza, por ejemplo) son la parte que más interés despierta de esta disciplina

La pinta era inmejorable. Y más a media mañana. Pero el apetito se desvanecía al saber que los vegetales estaban hidratados con aloe vera o que las semillas de sésamo se pegan a la carne con un spray fijador. El plato de pescado estaba recién salido de los fogones de Óscar Pérez. Pero si quisiéramos que apareciera un poco de humo, bastaría con mezclar un par de líquidos que se venden para conseguir este efecto.

Claro que no todo es magia. A veces el truco es más sencillo (crema de afeitar para la espuma de la cerveza) o mecánico (intentar buscar dos mejillones iguales). ¿Solución? Acercarse a un cocedero de marisco y seleccionar a mano una veintena de moluscos entre más de un millar allí expuestos. Evidentemente, no espere encontrarse con tantos mejillones gemelos en una lata de conserva normal.

¿Y nadie se enfada al comprobar que los mejillones de verdad no son así o que la pizza una vez descongelada no tiene unos trozos de atún tan estupendos como en la foto? Se ve que no, porque las agencias siguen pidiendo este tipo de trabajos, aseguró el fotógrafo.

Foto: Iker Morán (Quesabesde)
Foto: Iker Morán (Quesabesde)

Tampoco el noble jamón se libra de los efectos especiales. Normalmente se le aplica un poco de aceite con un pincel para que brille más. En caso de desesperación, también se puede recurrir al aceite de coche, aunque en ese caso mejor asegurarse de que nadie ronde cerca del plato de jabugo y se deje llevar por la tentación de catarlo una vez acabada la cata.

Algunos sustos reconocen haber tenido, pero nada grave. Creo que todos pensábamos en esas anécdotas cuando, llegada la hora de la comida -la de verdad- todos los platos tenían un aspecto demasiado perfecto.

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