Opinión

La dichosa foto

 
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ENE 2006

Ni el helicóptero de Rajoy, ni la nueva ley del tabaco, ni siquiera el estatuto de Cataluña han conseguido suscitar tantos comentarios y cachondeo como esta foto. Por lo menos en los círculos fotográficos del país, que -como bien sabemos- son siempre una raza peculiar. Sí, lo han adivinado: estamos hablando de esa magnífica instantánea por fascículos que la Casa Real ha utilizado como felicitación navideña.

Los medios han dado buena cuenta de la felicitación, realizada con tan poco esmero que salta a la vista a demasiada distancia

Ya se sabe que el ambiente navideño es propicio para noticias ligeras, amenas y aptas para toda la familia. Así que los medios de comunicación han dado buena cuenta de la susodicha imagen, escandalizados no tanto porque sea un montaje informático, sino porque ha sido realizado con tan poco esmero que salta a la vista a demasiada distancia.

Incluso los muchachos de El Mundo se han hecho eco de una nota oficial de la Casa Real en la que se reconoce que, efectivamente, se han visto obligados a confeccionar una fotografía a partir de varias imágenes, dada la imposibilidad de reunirlos a todos.

Un auténtico alivio, porque no sólo nos han sacado de dudas, sino que su sinceridad puede que les haya librado de la cámara oculta que Melchor Miralles y compañía seguramente estaban preparando para desvelar la auténtica y descarnada historia que se esconde tras ese inocente collage.

No obstante, suponiendo que aún quede alguien que no la haya visto, en la página oficial de los inquilinos de la Zarzuela ondea majestuosa. O por lo menos allí ha estado unos días porque tras varios intentos, ahora mismo no hay manera de acceder a ella. Tal vez alguien ha tenido un ataque de sentido común y ha preferido esconder el desaguisado. Como avisan en portada, también puede ser que todo se deba a un "proceso de migración".

Ahora mismo no hay manera de acceder a ella; tal vez en un ataque de sentido común han preferido esconder el desaguisado

Por si acaso, les refresco la memoria: sofá rojo con frondosos ventanales al fondo, flores navideñas por doquier y la pareja real sentada y acompañada por los siete retoños de sangre azul.

Faltan brazos, faltan piernas, los niños que están en brazos están recortados y pegados con tanta naturalidad como un tiesto... En fin, la chapuza es tan lamentable, tan de aquí, que es inevitable ver el lado graciosos de la jugada y pensar en una descripción a la altura de las circunstancias. Algo así como "ese pedacho de Borbón ahí pegado, y ese fistro de fondo mas falso que"... etcétera.

Faltan brazos, faltan piernas, los niños que están en brazos están pegados con tanta naturalidad como un tiesto

Y es que, más allá de todos los comentarios técnicos sobre el uso de capas y las selecciones hechas a tijeretazos, o la afrenta que todo esto supone para la pureza fotográfica, o las más sesudas reflexiones filosóficas y humanas que se puedan hacer, el asunto tiene su guasa geográfica.

Porque hay cosas que, para bien o para mal, sólo pueden pasar entre estas fronteras donde nos ha tocado vivir. ¿Alguien se imagina a la real familia noruega, británica, de Luxemburgo o de cualquier otro país vecino bendecido con una monarquía retratada con este peculiar estilo que parece copiado de los dibujantes de South Park?

Hay cosas que sólo pueden pasar entre estas fronteras donde nos ha tocado vivir

Pero "Spain is different", que decía el otro. Aquí, los pofesionales -así, sin r- son una especie que campa a sus anchas. Y si el intrusismo profesional siempre ha tenido en la fotografía un campo abonado, la llegada de los píxeles ha abierto la veda.

Un antiguo compañero que lleva muchos años en esto de la fotografía, acostumbra a decir que aquí el que tiene una cámara ya es fotógrafo y un ordenador nos convierte en retocadores consumados, con grado Adobe Expert. Y el que tiene a mano un teclado ya es periodista, podría añadirse.

Si el intrusismo profesional siempre ha tenido en la fotografía un campo abonado, la llegada de los píxeles ha abierto la veda

Así que después de la cara de sorpresa y el ataque de risa al ver la dichosa foto, me vinieron sus palabras a la cabeza. Para qué vamos a contratar a alguien que se dedique profesionalmente a hacer este tipo de malabarismos con Photoshop -o con lo que se haga-, si fulanito conoce a alguien o tiene un sobrino que -mira tú por donde- se pasa el día delante de la pantalla de un ordenador y además tiene una copia del programa ese tan bueno.

Después de todo, si para sacar una foto sólo hay que estar allí y darle al botón, aplicando esa misma regla de tres, el único requisito para hacer un apaño con tres o cuatro imágenes es tener un poco de destreza con el ratón.

El siguiente paso podría ser aparcar la Hasselblad y toda la parafernalia y hacer un apaño con la cámara del móvil

Y claro, luego pasa lo que pasa. Que tenemos una galería con retratos firmados por Alberto Schommer o por Pedro Madueño, pero metemos la pata en el último minuto. Que si las prisas, que si la imposibilidad de reunirse, que si mi primo es un manitas...

Así que el siguiente paso podría ser aparcar la corbata, la Hasselblad y toda la parafernalia y hacer un apaño con la cámara del teléfono móvil y el programa de retoque que te regalan en la tienda de la esquina cuando revelas las fotos digitales. Que para hacer selecciones no va demasiado bien, pero los ojos rojos los deja bordados.

Eso que nos ahorramos. Y además, ¿quién se va a dar cuenta?

La columna de opinión "Contando píxeles" se publica, normalmente, el primer y tercer lunes de cada mes.

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