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Entrevista
FERRAN QUEVEDO, FOTóGRAFO

"No hay fotografía que merezca una gota de sangre"

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JUL 2008

Ferran Quevedo abandonó su Barcelona natal para trasladarse como fotógrafo free-lance a la ciudad de Beirut durante la guerra de 2006. Tras seis años recorriendo Oriente Medio con su cámara -aunque su carrera fotográfica se remonta a 1996-, la cultura árabe lo tiene totalmente fascinado. Amante de William Klein y admirador de James Nachtwey y Paolo Pellegrin, Quevedo se diferencia por su sensibilidad a la hora de retratar los dramas, con una sorprendente confianza en las situaciones de riesgo y una inamovible ética profesional frente al dolor de los demás.

¿Con qué dificultades se encuentra un fotógrafo free-lance a la hora de trabajar en una ciudad como Beirut?

El inconveniente principal es que está prohibido fotografiar. El ejército libanés controla las calles de casi toda la ciudad y son muy celosos con las cámaras. En los barrios que controla Amal y Hezbolá aún es peor: es imposible sacar la cámara porque todo es secreto, según ellos; todo es objetivo de guerra.

Quevedo, que reside en Beirut, conversó con QUESABESDE.COM por vía telefónica.

¿A qué te enfrentas si fotografías lo que no "debes"?

En ese caso, directamente te detienen las milicias, te invitan a entrar en un coche, revisan todo tu material y proceden a identificarte. Normalmente todo esto se resume en que requisan tus cámaras, tu portátil y tu pasaporte.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

Es un conflicto de difícil documentación.

Sí. De hecho, durante los últimos combates entre chiíes y suníes, nadie consiguió tomar una imagen de Hezbolá combatiendo. La mayoría de los fotógrafos de agencias montaron las fotos con milicianos de barrio.

¿"Montaron"?

Las fotos son posados, están preparadas. Se nota perfectamente.

¿Cómo consigues fotografiar entre tanta censura?

Es muy complicado. Es un trabajo casi de francotirador. Tienes que permanecer escondido, con el riesgo que eso supone, y cada vez es más difícil.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Cómo convences a la gente para que te deje entrar en su casa?

Eso es más sencillo. Es cuestión de ganarte la confianza de la gente, de saber acercarte poco a poco durante días o incluso semanas. Es un proceso muy lento, pero más sencillo. Pura psicología.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Cuál es la situación en la que has tenido una mayor sensación de peligro?

Quizá en Palestina, durante un combate en que hubo muchos disparos... Realmente, no sientes el peligro por el hecho de estar detrás de la cámara, y eso sí es lo peligroso: la confianza.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿En algún momento viviste un enfrentamiento con los que fotografiaste?

La primera vez que pisé Naplusa, en septiembre de 2003. Tomé fotos en la ciudad vieja, y las facciones árabes me encerraron en una casa durante un par de horas.

Yo era nuevo allí y desconfiaron de mí, así que me retiraron el pasaporte para comprobar quién era. Borré la mayoría de las fotos, aquéllas en las que eran reconocibles las caras de los francotiradores, y al final todos tan amigos...

¿No te arrepentiste de haberlas borrado?

Si esas imágenes se llegan a publicar, podría haberle costado la vida a alguna persona, y no hay foto que valga una gota de sangre. Podría haberlas recuperado a posteriori, pero les di mi palabra, y en mi trabajo la ética es imprescindible y en el mundo árabe la palabra es sagrada.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Por qué elegiste Oriente Medio como zona de conflicto para desarrollar tu trabajo?

Viajé a Palestina y encontré algo que no veía en Europa: humanidad, valentía, nobleza. Me gustan esos valores en las personas.

¿No es algo extraño vivir la guerra de otros, con todos los peligros que eso entraña?

No es verdad que vivamos en guerra. Hay algunos días malos, pero, por lo general, vivir en Oriente Medio es maravilloso. Te puedo asegurar que vivo mucho más relajado aquí que en Barcelona.

No soporto el estrés de las ciudades europeas. Las prisas, el control absoluto de tu vida por tu trabajo, tu jefe... Aquí me voy a los suburbios a desayunar por la mañana y todo el mundo me saluda, saben quién soy, me muestro abiertamente y ellos me valoran y me respetan como uno más.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

Cuando fotografías entre tanto caos, ¿qué historias prefieres contar?

Me gusta retratar la vida cotidiana. Prefiero mostrar la chica con el jiyab [velo que cubre la cabeza] celebrando un partido de fútbol o caminando con su enamorado por el paseo marítimo, que no los tópicos...

Y eso es un problema, porque el mundo árabe está distorsionado en Occidente. Allí nadie compra estas fotos: quieren a la mujer con el jiyab llorando o sometida, y muchas veces eso no es así. Cuando yo vivía en España no iba vestido de torero por la calle.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Qué has fotografiado que haya marcado en ti un antes y un después?

Posiblemente el reportaje que hice en [el barrio de Beirut] Dahia el día que acabó la guerra del Líbano de 2006. Esas imágenes de los funerales me gustan especialmente. Me alegro de haber vivido ese día allí junto a mi gran amigo y fotógrafo Guillem Valle.

Foto: Ferran Quevedo

¿Qué tienen de especial esas imágenes?

Me gusta especialmente la de una madre con los ojos vidriosos mientras su hijo pasa por delante... Son especiales; creo que conseguí reflejar la pena y el dolor de las madres enterrando a sus hijos.

Es muy difícil conseguir que los que no estaban allí sientan algo observándolas. Nosotros trabajamos con los cinco sentidos, y a veces incluso con alguno más. Y aun así, eso es imposible reflejarlo en una imagen.

Foto: Ferran Quevedo

¿Te es difícil trabajar con un lenguaje tan estético como el de la fotografía cuando pretendes reflejar situaciones tan dramáticas?

Afortunadamente, no he vivido tantas ocasiones de horror, pero a veces la situación es mucho más efectista, porque lo que retratas es muy real... El dolor está en las caras de la gente.

Foto: Ferran Quevedo

Hay quien tacha de inmoral buscar la estética en el horror.

Yo nunca fotografío muertos ni sangre, a excepción de la conmemoración de la Ashura [ritual religioso chií en el que los devotos se hacen heridas hasta quedar totalmente ensangrentados], que no deja de ser folclore.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

Entonces, ¿tú mismo te autocensuras moralmente?

Por supuesto. Yo no puedo sacar la cámara para retratar un cuerpo mutilado. No es mi estilo; le perdería el respeto a la vida. Imagina la pena de su familia si alguien fuera capaz de publicarlo.

Eso es morbo y sé que gusta, pero de momento no lo he hecho. Me enferma ver esas situaciones. Después se tienen muchas pesadillas y necesitas mucho tiempo para quitar esas imágenes de tu mente.

Debió ser impactante fotografiar el ritual de la Ashura.

Llegué a casa completamente manchado de sangre. Creo que debes tener el estómago fuerte y estar preparado, porque continuamente te está salpicando la sangre de todo el mundo. Es un ritual de penitencia. Eso sí vende en Europa y Estados Unidos.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Es esa incomprensión occidental de la cultura árabe la razón por la cual prefieres publicar en medios internacionales y más alternativos?

Sí, por supuesto. También me gustaría publicar más en mi país, pero la prensa está intratable. Hay mucha censura. Ahora sólo vende el "people", la gente bonita, el mundo de plástico y la mentira, y no compran lo que deberían. Sólo publican lo que ellos dicen que quiere ver la gente.

Foto: Ferran Quevedo
Foto: Ferran Quevedo

¿Te ha tocado de cerca alguna vez esa censura?

Claro. Incluso debes tener cuidado con los temas que haces. He tenido algún aviso cuando he trabajado de cerca con facciones radicales o movimientos de resistencia islámicos, porque según algunos países son terroristas, y el que trata con terroristas puede ir a la cárcel.

Así también se aseguran que barres para el "eje del bien". Además, la prensa se ha convertido en una gran bola de favores y acuerdos publicitarios.

Foto: Ferran Quevedo

¿Cómo ves el futuro de la fotografía en prensa?

Nada positivo. Hasta los medios más independientes se venden. Pero mientras pueda, voy a seguir leyendo a Ryszard Kapuscinski y a Tomás Alcoverro, y espero trabajar de una forma clásica. No estamos en esto por dinero.

¿Tu futuro continúa en Beirut?

Hasta que quede una sola mujer bonita en esta ciudad seguiré aquí [ríe]. Me tienen enamorado.

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