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Agenda fotográfica
Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

Ferran Freixa y el momento infinito

 
11
FEB 2014
Ivan Sánchez   |  L'Hospitalet de Llobregat

Sus fotografías son una oda a la ausencia del tiempo. El trabajo de Ferran Freixa se entiende bajo el concepto de la contemplación de espacios cotidianos y su interpretación atemporal y despojada de todo artificio, más allá de los aportados por la composición y el uso de una iluminación casi siempre natural. Las imágenes eternas de este fotógrafo catalán pueden verse ahora en la gran muestra retrospectiva que cuelga de las paredes del Centre d’Art Tecla Sala, en la localidad barcelonesa de L’Hospitalet de Llobregat.

Hay quien ha definido a Ferran Freixa como fotógrafo de arquitectura e interiorismo, pero ésta es una visión demasiado cerrada y simplista: el cuerpo de su obra traspasa con creces los límites de ambas disciplinas. Si bien es cierto que en su dilatada carrera el autor se ha servido mayoritariamente de los mismos sujetos que sus colegas, el tratamiento que ha hecho de ellos es totalmente distinto.

Sabedor de que un espacio es algo más que aquello que contiene y lo delimita, Freixa parece buscarle el alma a todo lo que fotografía: desde el mantel que cuelga de una mesa hasta los restos calcinados del Liceu de Barcelona, pasando por la personificación de una ola en una playa del Cantábrico.

Mar Cantábrico (1977). | Foto: Ferran Freixa

Sabedor de que un espacio es algo más que aquello que contiene y lo delimita, Freixa parece buscarle el alma a todo lo que fotografía

La exposición “Ferran Freixa. Fotografía 1973-2013” que puede verse en L’Hospitalet de Llobregat es generosa en ejemplos, con espacios interiores y exteriores fotografiados por el autor de forma contemplativa y paciente para capturar la esencia del lugar. Freixa se desenvuelve igual de bien en el interior de una habitación iluminada por la suave luz que filtra una cortina que frente a un detalle arquitectónico con fuertes contrastes y marcada textura.

Foto: Ferran Freixa
Arriba: Menàrguens, Lleida (1977). En la imagen inferior: Hotel María Cristina, San Sebastián (1985). | Foto: Ferran Freixa

También abundan las escenas cotidianas de objetos inmortalizados desde una distancia prudente, la justa para contextualizarlos y a la vez sentirlos al alcance de la mano. Sin embargo, en esta muestra retrospectiva abundan los espacios abiertos, y Freixa parece querer representarlos: desde el detalle cercano de la columna de una iglesia hasta la inmensidad del mar y el cielo que rodean un faro solitario; desde la dura textura de una estatua romana en Tarragona hasta las frías y suaves nubes que amenazan una lejana costa del Mediterráneo.

Foto: Ferran Freixa
Arriba: Roma (2003). En la imagen inferior: Isla de Creta, Grecia (2002). | Foto: Ferran Freixa

Escenas llenas del volumen que les confiere una iluminación natural exquisita, fruto de saber esperar ese momento que ayudará a detener el tiempo para siempre en una instantánea. He aquí la clave en la obra del autor: la atemporalidad.

Porque la fotografía de Freixa está plagada de escenas sin referente cronológico. Los interiores con muebles y mantelerías que en una época estuvieron de moda son perfectamente vigentes hoy día. Los muros encalados de una lejana primavera en Menorca son coetáneos de la solitaria fachada de una villa semiderruida en Sicilia, fotografiada tres décadas después.

Foto: Ferran Freixa
Arriba: Menorca (1976). En la imagen inferior: Sicilia (2004). | Foto: Ferran Freixa

Todos esos espacios tienen en común la capacidad de evocar en el espectador sensaciones y emociones tales como la soledad y la nostalgia. Son fotografías en las que la ausencia del tiempo se convierte en el elemento principal, que comparten protagonismo con la iluminación y la composición.

Una constante en la obra del autor catalán son las escasas referencias a la figura humana, lo que ayuda a potenciar estas sensaciones. No es que en las fotografías de Freixa no aparezcan personas, sino que las pocas veces que éstas lo hacen, su dimensión es testimonial (pero para nada banal).

Lo que quedó del viejo Liceu

De entre las más de 135 imágenes que se exponen en blanco y negro, la mayoría de ellas en formatos pequeño y mediano, destaca la serie sobre el Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Impresas en gran formato, son las únicas fotos en color.

Gran Teatre del Liceu, Barcelona (1994). | Foto: Ferran Freixa

Freixa fotografió los restos del emblemático edificio de La Rambla después de su incendio en 1994, haciéndose eco de la desolación y la soledad que inspiraba un lugar sin vida que poco antes albergó tantas emociones. Una constante en su obra.

Foto: Ivan Sánchez (Quesabesde)

La muestra, que puede verse de forma gratuita hasta el próximo 25 de mayo en el Centre d’Art Tecla Sala, cuenta además con un vídeo en el que el autor habla de su trabajo y con una extensa vitrina repleta de publicaciones ilustradas con sus fotografías.

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