© Ferran Freixa


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Ferran Freixa: "Aquel día estaba trabajando muy cerca del Liceo, concretamente en el edificio del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona [CCCB], a escasas manzanas del teatro. De pronto, el cielo adquirió una tonalidad anaranjada y lo inundó todo de una extraña luz. Fueron los guardas de seguridad del CCCB los que me informaron de que el Liceo estaba en llamas. Me impactó tanto que me quedé paralizado.
Diez años antes, el MOPU [Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo] me había encargado fotografiar diversos teatros de España que iban a ser remodelados. Fotografié el Liceo en verano, vacío y envuelto en grandes lienzos blancos. A este trabajo siguió otro encargo: un libro que hice con el fotógrafo Xavier Miserachs, y que me permitió recorrer y fotografiar otra vez el teatro.
Subí hasta la azotea del CCCB y desde allí pude ver la enorme columna de humo. ¿Qué podía hacer? Yo no soy fotoperiodista y mi equipo tampoco era el adecuado para abordar aquella situación.
Mi ayudante y yo salimos del edificio y corrimos hasta la iglesia de Santa Maria del Pi, desde donde disparé algunas imágenes. Después bajamos a Las Ramblas y tomé algunas fotografías a pie de calle de la gente y de algunas personalidades -como Montserrat Caballé- que se habían acercado hasta allí. Yo debía resultar un sujeto bastante pintoresco, en medio de aquel caos, sacando fotografías con mi cámara de placas y la tela negra.
A partir de aquel día mi obsesión fue entrar en el Liceo cuanto antes. Sabía exactamente las imágenes que quería conseguir, y cada día que pasaba se perdía una pequeña parte de aquello que a mí me interesaba.
Pero los responsables del teatro no estaban dispuestos a ponérmelo fácil. Me dejaron entrar una sola vez junto a un grupo de periodistas, y durante una media hora.
Traté de explicarles, a través de una carta, en qué consistía mi trabajo y lo que necesitaba: acceder diariamente al teatro para hacer un trabajo fotográfico meticuloso, casi de arqueología, en los restos del edificio calcinado. No lo conseguí.
Por suerte, y a raíz de mi trabajo en el teatro, mantenía muy buenas relaciones con el equipo de arquitectos que había dirigido el proyecto de ampliación. Ellos entendieron a la perfección lo que yo pretendía. Un día me llamaron y me dijeron: 'Ferran, ven cuando quieras, ponte un casco y no se lo cuentes a nadie.' Así fue cómo me infiltré en las ruinas del Liceo: de incógnito, con mi ayudante, mi cámara y un equipo de flashes.
Probablemente, era bastante peligroso deambular por el teatro en aquellas condiciones, pero creo que, sobre todo, lo que se quería evitar era que se hablara más del tema. Había ardido uno de los grandes símbolos de Barcelona. Lo que yo les proponía era, cuando menos, poner sal en la herida.
El fuego lo causaron las chispas de un soldador que se usó para reparar el telón de acero del viejo escenario de madera, y se extendió rápidamente a la sala a través de los palcos de proscenio, que daban al escenario y no disponían de puertas ignífugas.
Mi trabajo, una vez dentro, fue bastante complicado. Las condiciones de luz eran, en la mayor parte de los espacios, muy precarias, y tenía que hacer uso de mi equipo de iluminación.
Cada día que pasaba se perdían cosas que yo quería documentar. A veces, apenas tenía tiempo de tomar la fotografía antes de que los operarios limpiaran la zona. Me quedaba trabajando en el teatro durante horas porque sabía que aquella imagen que acababa de descubrir al día siguiente ya no existiría."
Declaraciones obtenidas por Núria Gras.
Los artículos de la serie "Con texto fotográfico" aparecen publicados normalmente los jueves.
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